Sus reflexiones ponen en agenda el rol del Estado, la autonomía del paciente y la necesidad de debatir un derecho postergado en una sociedad que, según afirma, ‘’no habla de la muerte’’.
La eutanasia vuelve a la agenda tras un relato desgarrador
La discusión sobre la eutanasia reaparece con fuerza en la escena pública argentina, impulsada esta vez por un testimonio que atraviesa lo personal y lo político. Invitada al programa La Última Rosca, emitido por Radio Up, la psicóloga social y técnica en psicogerontología Elisa “Kuki” Lisnofsky compartió una experiencia que marcó un antes y un después en su vida: el proceso de enfermedad, sufrimiento y muerte de su hija Claudia, quien a los 47 años recibió un diagnóstico devastador de cáncer de ovario.

Lisnofsky comenzó la entrevista explicando que nunca había pensado en la eutanasia antes de atravesar este proceso: ‘’nunca había pensado en este derecho. Soy parte de esta sociedad occidental y cristiana, en donde no se habla de la muerte. He sido parte lo pongo en pasado de esta cultura’’. El dolor la llevó a repensarlo todo.
Claudia era, según describió su madre, ‘’la más sana de mis cuatro hijos, nunca se enfermaba’’. Sin embargo, su vida cambió abruptamente cuando le detectaron un cáncer de ovario “muy agresivo, con un pronóstico terrible, que daba como máximo dos años de sobrevida”. Aun así, añadió Lisnofsky, ‘’ella vivió 5 años’’, impulsada por un deseo profundo de continuar su vida, su maternidad y sus afectos.

La entrevistada relató que aquellos años fueron “como una montaña rusa en la que ella luchó muchísimo por su vida”, probando todos los tratamientos posibles, desde los convencionales hasta los complementarios. Claudia vivía en Montevideo, donde actualmente existe una ley de eutanasia, pero en aquel entonces aún no estaba vigente.
Para continuar su atención, viajaba con frecuencia a Buenos Aires para recibir acompañamiento en la institución Salud en Buenos Aires, un espacio que, según su madre, le dio “contención y acompañamiento emocional”.
El deterioro final y el pedido que no fue escuchado
El testimonio de ‘’Kuki’’ se vuelve más conmovedor al describir los últimos meses de vida de su hija, cuando ya no quedaban alternativas terapéuticas. La familia recibió una notificación médica clara: ‘’seis meses antes de su partida, la ciencia no tenía más nada que tratar’’. Sin embargo, la situación física y emocional de Claudia ya era extrema.
Mientras relataba ese período, la entrevistada se quebró por momentos: ‘’mi hija ya no era ella, era una desconocida. Su aspecto era piel y hueso, como una ancianita. Pero ella conservaba su lucidez prácticamente hasta el último momento’’.

Claudia atravesó complicaciones severas, como una obstrucción intestinal, que le generaban dolor constante, náuseas y pérdida total de calidad de vida. Aun así, durante años había pedido que se hiciera todo lo posible para seguir viviendo: ‘’ella decía: ‘Yo quiero vivir. Pónganme lo que sea, saquenme los órganos que se les ocurra, colóquenme las bolsas que quieran, pero necesito vivir’’’. Pero ese deseo cambió profundamente cuando ya no había retorno.
En un momento de claridad absoluta, Claudia se dirigió a su médica paliativista y expresó: ‘’a tu criterio, ¿cuándo es basta? Necesito que sea basta’’. Elisa remarcó con firmeza: ‘’su voluntad no fue respetada’’ y agregó que, en ese momento, desconocían los derechos del paciente tanto en Uruguay como en Argentina, especialmente en lo que respecta a la autonomía para rechazar tratamientos o solicitar sedación terminal.
Eutanasia vs. sedación paliativa: una diferencia crucial
Durante la entrevista, ‘’Kuki’’ se detuvo a explicar una distinción central en el debate: ‘’la eutanasia es un procedimiento médico en el que se aplica una sustancia, siempre a pedido del paciente, para terminar con su vida. Esto sucede en minutos’’.
La sedación paliativa, en cambio, consiste en administrar fármacos para eliminar la consciencia y aliviar el sufrimiento, permitiendo que la muerte ocurra por el avance natural de la enfermedad: ‘’en la sedación paliativa, el paciente muere por la enfermedad previa, no por la sedación’’.
Pero, subrayó, en el caso de su hija ni siquiera se respetó esta alternativa: ‘’era lo que ella pedía. Pero su voluntad no fue respetada’’.

La experiencia como motor de una militancia
Sobre la transformación que atravesó tras la muerte de su hija, Linowski explicó que encontró en la militancia un modo de resignificar el dolor: ‘’yo soy de la escuela de madres y abuelas de Plaza de Mayo. Esto de poder resignificar el dolor en lucha. Le dio sentido a mi vida. Lo que mi hija no pudo tener, lo pueden tener otros’’.
Esa convicción la llevó a crear y administrar un grupo en Facebook llamado ‘’Eutanasia, derechos y final de vida’’, que hoy cuenta con más de 4.000 integrantes. Desde allí, impulsa el debate social y político sobre el derecho a decidir cómo y cuándo morir en condiciones de sufrimiento irreversible.

La entrevistada indicó que existe una amplia diferencia entre la postura institucional de la Iglesia y la opinión real de la sociedad argentina: ‘’en una sociedad eminentemente católica, la cúpula eclesiástica es la oposición mayor. Sin embargo, las encuestas muestran otra cosa’’.
Y sumó un dato contundente: ‘’tres encuestas de consultoras muy importantes en el país han dado un 78% de adhesión. La institución Iglesia no responde al deseo de sus fieles’’.
En el cierre de la entrevista, Elisa sintetizó la dimensión jurídica del problema: ‘’la función del derecho es garantizar igualdad ante la ley, garantizando siempre la libertad de pensamiento, creencias y valores. El derecho no obliga a nadie, pero la ausencia de derechos sí obliga”.

También remarcó que hablar de muerte no debería ser un tabú: ‘’el único pacto que tenemos con la vida es que un día nos vamos a morir. Lo único que no sabemos es cuándo ni cómo’’.
Para ella, la eutanasia no es sinónimo de muerte, sino de libertad: ‘’la muerte voluntaria es una cuestión de libertad, de coherencia biográfica y de dignidad’’.



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