China dio un paso que podría redefinir el futuro del tratamiento del VIH. Un equipo de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Wuhan (WUST) desarrolló una terapia experimental capaz de ingresar a las células humanas, localizar el material genético del virus y fragmentarlo con precisión, abriendo la posibilidad de una cura funcional según informó China Science Daily.
A diferencia de los tratamientos actuales —desde las terapias combinadas hasta los avances en inmunoterapia y edición genética— que solo logran suprimir la replicación viral, esta nueva estrategia apunta directamente al núcleo del problema: la persistencia del VIH latente, el estado en el que el virus permanece oculto e inaccesible para los métodos tradicionales.
El gran salto tecnológico provino del sistema EMT-Cas12a, una plataforma creada por el equipo liderado por Gu Chaojiang y publicada en la revista Molecular Therapy. El método utiliza exosomas modificados —pequeñas vesículas que actúan como mensajeras entre células— para transportar la herramienta de edición genética CRISPR-Cas12a, también conocida como “tijeras genéticas”.

Esta combinación permite que la terapia llegue con precisión a las células infectadas, incluido el reservorio latente, y corte el genoma del VIH en múltiples puntos. El sistema mostró una alta capacidad de direccionamiento, mayor seguridad y la posibilidad de ejecutar varios cortes simultáneos, una mejora sustancial respecto de vectores anteriores como los virus adenoasociados, que suelen presentar problemas de toxicidad y baja especificidad.
Los resultados iniciales fueron alentadores. En pruebas con ratones infectados y muestras de sangre de pacientes con VIH, la nueva terapia demostró una notable eliminación del virus y signos de reconstitución del sistema inmunológico. En uno de los grupos experimentales, el virus fue completamente erradicado en dos de los tres ratones, un resultado inédito para este tipo de enfoques.
Según los investigadores, la técnica ya superó las evaluaciones éticas correspondientes y avanzó hacia la etapa de investigación clínica, un paso clave para evaluar su seguridad y eficacia en humanos que padecen el VIH.



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