“No se le cayó una lágrima, ni se inmutó”. Así describieron los investigadores la actitud de Celeste Magalí González Guerrero, la mujer de 28 años que decidió hablar ante el fiscal Carlos Adrián Arribas sobre el triple femicidio de Florencio Varela. Su testimonio coincidió con las sospechas previas y aportó detalles estremecedores sobre cómo fueron asesinadas Brenda del Castillo, Morena Verdi y Lara Gutiérrez.
González relató cómo las tres jóvenes llegaron sonrientes a su casa, engañadas con la promesa de una fiesta. Según contó, “Pequeño J” la había llamado dos días antes para pedirle el lugar, con la excusa de que su departamento estaba en remodelación. Dijo que lo conocía porque él la proveía, junto a su pareja Miguel Ángel Villanueva Silva, de drogas para vender en la zona.

La mujer recordó que el 19 de septiembre vio a varios hombres cavando en el patio de su vivienda. “Vi la tierra y a Matías en cuero con una pala en la mano, y a Paco y Nero frente a él”, declaró. Afirmó que esa misma noche “Pequeño J” llegó en una Chevrolet Tracker blanca acompañado por las tres víctimas. “Bajaron sonrientes, se las veía como engañadas que venían a una fiesta”, aseguró ante el fiscal.
En la camioneta también iban Víctor Sotacuro Lázaro, alias “Duro”, tío de “Pequeño J”, y un hombre de tez blanca con una pistola Glock. González dijo que este último no ingresó a la casa, pero sí participó de los movimientos posteriores. Según su testimonio, Villanueva y los otros hombres compraron lavandina, guantes, agua oxigenada y nafta, lo que después confirmaría la planificación del crimen.

La mujer señaló que acompañó a parte del grupo hasta un campo cercano, al que ella misma les había indicado, y luego regresó a su casa con el hombre armado. Aseguró que encargó hamburguesas desde su celular y que, al volver, el lugar ya estaba limpio. “No vi sangre, nada. Ya lo habían limpiado con los productos que compramos”, contó. Dijo que en ese momento solo estaban Matías y Miguel, y que Matías “pidió un remis y se fue con las hamburguesas”.
De acuerdo con lo que su pareja le narró, el orden de los asesinatos fue primero Brenda, luego Morena y finalmente Lara. Mientras las mataban, realizaron una videollamada con dos hombres apodados “Papa” y “Lima”. Este último, identificado como Abel, peruano de unos 34 años, habría presenciado uno de los homicidios en vivo.
La arrepentida explicó las posibles razones del triple crimen en Florencio Varela
González vinculó los crímenes con el robo de 30 kilos de cocaína pertenecientes a Sotacuro. Dijo que Brenda estaría involucrada en ese hecho y que “Pequeño J” habría recibido un millón de dólares como pago por ejecutar los asesinatos. Su declaración permitió confirmar parte de las hipótesis que los investigadores ya manejaban.

La causa, a cargo de la fiscalía de Homicidios de La Matanza, continúa su curso con múltiples pruebas en análisis. La frialdad del relato de González, que narró cada detalle sin mostrar emoción, se convirtió en un reflejo del nivel de violencia y planificación que rodeó al triple crimen de Florencio Varela.
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