La Argentina registró un aumento de 0,5 puntos en la tasa de mortalidad infantil, que pasó de 8 a 8,5 muertes cada 1.000 nacidos vivos entre 2023 y 2024, según datos oficiales del Ministerio de Salud a los que accedió el medio Chequeado. El incremento, que no se producía desde hace más de 20 años, dejó un saldo de 3.513 fallecimientos de bebés menores de 12 meses en todo el país durante el último año relevado.
El informe revela fuertes desigualdades regionales, con Corrientes como la provincia más afectada, al alcanzar una tasa de 14 muertes infantiles cada 1.000 nacidos vivos. Le siguen Chaco (11,8) y La Rioja (11,7), mientras que Formosa y Santiago del Estero registraron 10,7 decesos en el mismo indicador.
En el extremo opuesto, la Ciudad de Buenos Aires presentó la tasa más baja del país, con 4,9 fallecimientos infantiles, consolidándose como el distrito con mejores registros sanitarios. En términos absolutos, la provincia de Buenos Aires concentró la mayor cantidad de casos, con 1.236 muertes, seguida por Santa Fe (275) y Córdoba (231).
Aunque el aumento de 2024 resulta significativo, no es un hecho aislado en la serie histórica. Los registros oficiales muestran subas puntuales en los períodos 2001-2002, 2006-2007, 2021-2022 y 2023-2024. Sin embargo, la tendencia general venía siendo descendente desde el año 2000, cuando la tasa alcanzaba un preocupante 16,6.
Este retroceso reaviva el debate sobre el acceso desigual a la salud materno-infantil y las condiciones socioeconómicas en distintas regiones del país, en un contexto donde la mortalidad infantil es considerada un indicador clave del desarrollo y la calidad del sistema sanitario.
¿Qué mide la tasa de mortalidad infantil?
La tasa de mortalidad infantil expresa la cantidad de niños y niñas que fallecen antes de cumplir un año de vida por cada 1.000 nacimientos vivos, dentro de un período determinado y en un área geográfica específica. Su evolución permite evaluar el impacto de las políticas públicas en salud, nutrición y atención prenatal.



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