Este viernes 16 de enero de 2026 marca el 16° aniversario de la denominada tragedia del Paraná, el episodio más oscuro en la historia del deporte regional. Aquel sábado de 2010, una competencia de aguas abiertas que unía el Club Pacú Cuá de Encarnación con el Instituto del Seguro en Posadas terminó en desastre cuando un grupo de nadadores fue succionado por barcazas sojeras ancladas en el canal paraguayo.
El saldo fue devastador: ocho muertos. Entre las víctimas se encontraban Mauro Bacigalupi, Víctor Sessa, Fernando Solé Mases, el profesor Eugenio León Seró, Sebastián Ruzecki, Nicolás Levequi, Manuel Leiva y Luis “Lobo” Saide.
En diálogo con Radio Up, Marilín Vimer, viuda de León Seró, recordó con precisión los momentos previos al desastre. "Ese iba a ser su cruce número 46 ininterrumpido. León cruzaba desde los 14 años. Nada hacía pensar lo que sucedió", relató. Lo que debía ser una fiesta deportiva tenía un tinte especial: el Senado de la Nación iba a entregarle una plaqueta por su trayectoria.
"Nos levantamos a las 6 de la mañana. Fue un día normal, no se veía nada raro en el tiempo. Había sol con algunas nubecitas", recordó Marilín Vimer. Sin embargo, un cambio de planes de último momento alteró la composición familiar en el agua. León Seró, en un gesto de caballerosidad deportiva, cedió a su hijo mayor para que acompañara a una joven debutante, Dana Moniek, de Oberá. "Él le dijo al papá de la chica: 'Yo confío plenamente en mi hijo, que él la acompañe a tu hija y yo veo cómo me arreglo'", rememoró.

Caos y tragedia en aguas del río Paraná
Mientras la competencia avanzaba, una tormenta repentina y el fuerte oleaje empujaron a los deportistas hacia las barcazas. Vimer se encontraba en tierra organizando la sorpresa del reconocimiento cuando la noticia llegó como un estallido: "Un auto entró como una tromba al club gritando que había un accidente y que León estaba desaparecido. Lo escuchó su mamá, sus hermanos y sus hijos".
En medio de la desesperación, la mujer se dirigió al puerto. "Yo tenía a tres de mis hijos en el agua. En ese primer momento caótico no me preocupaba por León, para mí estaba fuera de discusión que a él le pasara algo por su experiencia. Gritaba por mis hijos. Cuando llegó uno de ellos, me dijo: 'Estamos todos bien, má... pero a papá lo tragó la barcaza'".
Sobre la presencia de los convoyes de soja, Marilín Vimer fue tajante: "Las barcazas estaban desde un principio mal ubicadas. La reglamentación dice que no pueden estar fondeadas aguas abajo de zonas urbanas. Siempre estuvieron ahí, mal, pero nadie las cuestionó antes".
A pesar del dolor, Vimer sostiene que la tragedia no fue producto de la imprudencia de los nadadores. "León era un cultor de la prevención. Se tomaba 10 minutos para atarse los cordones y no caerse de la bicicleta. Si él hubiera visualizado un riesgo real, no se lanzaba, y menos con tres de sus hijos ahí", afirmó, subrayando que la justicia determinó culpabilidades por las fallas organizativas y de control.
A 16 años del hecho, la familia ha canalizado el dolor en un proyecto de vida. Hoy, el Club Náutico León Seró es un referente de la actividad en Misiones. "El costo fue demasiado alto, pero hoy la seguridad acuática está absolutamente custodiada. Nosotros, a través de la resiliencia, ayudamos a que la gente vuelva al río sin darle la espalda, pero con prevención", concluyó Marilín Vimer.
La memoria de los ocho nadadores sigue viva en cada boya, en cada palada y en un río Paraná que, tras la tragedia, aprendió a respetar la vida por sobre cualquier competencia.
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