Este viernes se cumplieron 16 años de la Tragedia del Paraná, uno de los episodios más dolorosos de la historia deportiva de la región, ocurrido el 16 de enero de 2010, cuando ocho nadadores perdieron la vida durante el tradicional cruce del río desde Encarnación hacia Posadas.
El hecho ocurrió minutos antes de las 10 de la mañana, en pleno cauce del río Paraná, cuando casi un centenar de participantes intentaba unir el Club Pacú Cuá con el Instituto del Seguro. En medio de la prueba, una serie de fallas organizativas, sumadas a condiciones climáticas adversas, derivaron en una tragedia que enlutó a toda la región.
Un grupo de nadadores fue arrastrado por la corriente hacia barcazas sojeras amarradas del lado paraguayo, que generaron un efecto de succión letal. Allí perdieron la vida Mauro Bacigalupi, Víctor Sessa, Fernando Solé Mases, el profesor Eugenio Seró, Sebastián Ruzecki, Nicolás Levequi, Manuel Leiva y Luis “Lobo” Saide.
El dramatismo se extendió durante semanas: la búsqueda de los cuerpos demandó casi un mes, y varios de ellos fueron hallados a kilómetros río abajo, profundizando el impacto social y emocional del hecho.
Una tragedia evitable

A 16 años de aquel día, Franco Bacigalupi, director de Seguridad Acuática de Misiones sostuvo que lo ocurrido fue el resultado de múltiples errores acumulados.
“Fue una suma de errores, una suma de cosas que se hicieron mal, sumado a las condiciones del tiempo, pero fue un poco de todo”, explicó, al recordar un evento que ya presentaba dificultades desde su planificación. “Era un evento donde venía a los golpes para salir, venía como a los tumbos, que salía, que no salía”, describió.
Uno de los puntos críticos fue la falta de embarcaciones de apoyo y la escasa capacitación del personal que las operaba. “Después se consiguieron las embarcaciones, pero los que remaban no tenían el conocimiento o no eran expertos. Eso también agravó el momento en que quedan todos en la barcaza”, señaló.
A ello se sumó la desatención de las alertas meteorológicas. “Nadie tomó la advertencia de la alerta que había ese día. No pensaron que iba a ser tan fuerte el viento”, afirmó Bacigalupi.
La logística que terminó siendo mortal
Según explicó, las condiciones del río no afectaban de igual manera a todos los actores involucrados. “El oleaje que había ese día no era complicado para el nadador, era complicado para el que remaba. Y si no tenías experiencia, agravaba más la situación”, sostuvo.

Además, apuntó directamente a la ubicación de las barcazas: “Estaban en un lugar donde realmente no debían estar amarradas y complicaron la situación”. Para graficarlo, utilizó una imagen contundente: “Siempre doy el ejemplo de un embudo. Comenzó la logística para hacer el evento y terminó en esa L mortal que fue la barcaza”.
Qué cambió después del 16 de enero de 2010
Con el paso de los años, la tragedia marcó un antes y un después en la organización de competencias de aguas abiertas. “El argentino está mal acostumbrado a trabajar la prevención después del accidente. No lo hacemos antes, no lo vemos como una inversión, lo vemos como un gasto”, reflexionó Bacigalupi.
Sin embargo, reconoció que el aprendizaje fue inevitable. “Aprendimos de la forma más fea y hubo un cambio”, aseguró, al enumerar nuevas exigencias: responsabilidades claras, personal capacitado en rescate, ambulancias, planes de contingencia y listados cerrados de participantes.
Recordó, además, una irregularidad clave de aquella jornada: “Ese día la gente se inscribía en el momento. No se tenía un número exacto de participantes y muchos no estaban dentro del seguro”.
Leé también: La misionera Delfina Silvestri firmó con Boca: “Es un premio al esfuerzo”
La sombra que aún acompaña
Hoy, cada evento de aguas abiertas se organiza bajo el peso de aquel recuerdo. “La gente que organiza tiene esa sombra, esa preocupación permanente de que no pase nada”, explicó. Y compartió una frase que resume el sentimiento de quienes trabajan en el agua: “‘Quiero que termine para que lleguen todos y no pase nada’, me decía una vez una organizadora. Es la sombra que nos dejó la tragedia”.
Tras años de reclamos, en diciembre de 2014 la Justicia condenó a Jorge Lezcano, entonces responsable de la Prefectura Naval Argentina en Posadas, y a Hugo Alfonso, presidente de la Asociación Mercosur de Aguas Abiertas, organizadora del evento.
Ambos fueron hallados culpables del delito de “homicidio culposo agravado”. Lezcano recibió cuatro años de prisión efectiva, mientras que Alfonso fue condenado a tres años y medio, cerrando el capítulo judicial de una tragedia que aún sigue abierta en la memoria colectiva.
«Mosqui» y «Bagre» cayeron presos tras robar una vivienda en Posadashttps://t.co/0BxtMMz2Nk pic.twitter.com/tTROTeb2TY
— Radio Up 95.5 (@radioup955) January 16, 2026



//



