El padre Fabián Szyszkowski, sacerdote de la diócesis de Oberá y vicepresidente del cuartel de Bomberos Voluntarios de Campo Viera, fue uno de los primeros en llegar al puente del arroyo Yasá, escenario del trágico accidente del domingo que dejó nueve personas fallecidas y varios heridos.
El religioso contó que acudió al lugar apenas se enteró de lo ocurrido. “Apenas me enteré, celebré la misa a la mañana pidiendo por todo esto y me fui a colaborar. Llevé agua, llevé varias cosas y me quedé hasta la tarde ayudando en primera línea”, recordó.
El sacerdote describió la escena como “terrible”. “El dolor, el sufrimiento de todo el personal que tenía que trabajar ahí era una situación muy difícil”, relató. Estuvo acompañando desde temprano las tareas de rescate, ayudando a trasladar heridos y a los fallecidos. “Era difícil estar abajo del puente, llevar a los cuerpos en camilla, subirlos, destaparlos, acompañar a las familias que venían a hacer el reconocimiento. También fue muy difícil estar en el hospital, donde fui al día siguiente. Todo fue muy duro”, confesó.

Szyszkowski explicó que el puente del arroyo Yasá es una zona de paso peligroso, marcada por la oscuridad y la neblina permanente. “Este lugar reúne condiciones climatológicas complicadas. Es un paso angosto, oscuro, sin iluminación y sin señalización de curva peligrosa. Estamos pidiendo que se ilumine y señalice lo más urgente posible para visibilizar el peligro en este lugar”, subrayó.
A su vez, también hizo un fuerte reconocimiento a los bomberos y fuerzas de seguridad, a quienes vio trabajar en condiciones extremas. “También se jugaron la vida. Un bombero cayó dentro del colectivo y se accidentó. Tuvieron que atarse con una piola para poder seguir prestando el servicio desde dentro del agua. Se expusieron muchísimo. Se jugaron la vida, y a veces eso no se ve”, señaló.
De igual manera, el sacerdote lamentó la falta de empatía hacia quienes arriesgan su vida en emergencias. “Estuve esa noche también ahí acompañándolos, y ellos estaban en el puente bajo la lluvia, con viento, sin abrigo. Nadie les acercó una galletita, nadie les preguntó si tenían agua caliente. También son humanos, y tenemos que visibilizar eso”, reclamó.

Pese al caos y la desesperación, Szyszkowski destacó la coordinación y el profesionalismo de quienes trabajaron en el rescate. “Había control y armonía. El jefe del cuartel de bomberos de Campo Viera, Clemente, coordinaba desde arriba del colectivo, y las dotaciones trabajaban en conjunto. Entre el caos y la urgencia había profesionalismo, eso ayudó a que todo se hiciera en el menor tiempo posible”, señaló.
También reconoció el enorme esfuerzo del personal médico y de las autoridades sanitarias. “El hospital de Campo Viera colapsó, como también el de Oberá. Trabajaron todo el día sin descanso. Quiero hacer una mención al ministro de Salud, que estuvo al pie del cañón acompañando al personal. No es una cuestión política, sino un verdadero reconocimiento a quienes estuvieron ahí y trabajaron de verdad”, afirmó.
Finalmente, el sacerdote pidió que el accidente sirva para tomar conciencia y prevenir nuevas tragedias. “No tiene tinte político, tiene tinte de querer ayudar. Queremos evitar que se pierdan vidas de hijos, de padres, de hermanos en ese lugar tan complicado”, expresó.
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Con profunda emoción, recordó que el dolor vivido fue inmenso. “Nos pega fuertísimo, por más preparación que tengamos, el dolor fue demasiado grande”, dijo tras haber acompañado a las familias en la misa en memoria de las víctimas.
“Ojalá no tengamos que lamentar más muertes para recién reaccionar”, concluyó el padre Fabián Szyszkowski, con la voz quebrada, pero firme en su mensaje de fe, humanidad y compromiso.
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