La histórica consagración de Milagros Otazú con Racing Club en el torneo de Primera División del fútbol femenino tuvo una fuerte repercusión en Misiones. Uno de los que vivió el título con mayor emoción fue Arturo "Teddy" Duarte, el entrenador que le abrió las puertas del fútbol cuando todavía las niñas no tenían espacio en las competencias locales.
En diálogo con Cabina Deportiva, Duarte confesó que el logro de la defensora lo conmovió profundamente.
"Lo viví como si fuera el triunfo de una hija, porque así la considero", expresó al recordar a la pequeña que llegó a su escuela de fútbol por insistencia de un primo que aseguraba que "jugaba muy bien".
El entrenador reconoció que, en un principio, aceptó verla solamente para cumplir con ese pedido. Sin embargo, apenas unos minutos bastaron para descubrir que estaba frente a una jugadora diferente.
"Pasaron diez minutos para darme cuenta de que era una nena especial", recordó.
Los primeros pasos en una época sin lugar para las mujeres
Duarte relató que Otazú comenzó a entrenar en la cancha auxiliar de Racing de Posadas y que debutó oficialmente apenas unos días después. Más tarde llegó uno de los desafíos más importantes: lograr que pudiera competir en la Liga Posadeña junto a los varones.
En ese momento, la participación femenina no era habitual y hubo resistencia para autorizarla. Sin embargo, tras revisar el reglamento, se comprobó que no existía ninguna prohibición para que una niña menor de 14 años jugara en esas categorías.
"Ninguna parte del reglamento decía que hasta los 14 años una nena no podía jugar con los varones. Ahí comenzaron sus primeros pasos en la Liga Posadeña", recordó.
Durante esos años, Otazú comenzó jugando como lateral, aunque luego fue ubicada como zaguera central, posición en la que terminó consolidándose antes de continuar su carrera en Huracán de Posadas y posteriormente dar el salto al fútbol de AFA.
Un camino que abrió puertas
El formador sostuvo que la realidad del fútbol femenino cambió considerablemente respecto de aquellos años, aunque considera que ese crecimiento debió llegar mucho antes.
"Hoy dejó de ser una sorpresa ver mujeres jugando al fútbol. En aquel entonces prácticamente no existían y no tenían cabida", señaló.
Para Duarte, el recorrido de Otazú representa el fruto del talento, el esfuerzo y la perseverancia, pero también sirve como ejemplo para las nuevas generaciones de futbolistas misioneras.
Un mensaje que emocionó al entrenador
La propia Milagros le dedicó unas palabras a su formado. La futbolista le agradeció por haberle dado la oportunidad de cumplir su sueño, por defenderla en sus comienzos y por ser parte fundamental de su formación deportiva.

La respuesta de Duarte no ocultó la emoción.
"Cuesta contener las lágrimas. Para mí sigue siendo la Mili que llegó al club siendo una niña. Recibir esas palabras te cargan las pilas para seguir trabajando", expresó.
También recordó el acompañamiento permanente de su esposa, Patricia, quien era la encargada de ayudar a Milagros en el vestuario cuando era la única niña del plantel.
Finalmente, destacó el respeto con el que siempre fue tratada por compañeros y rivales, y aseguró que desde pequeña ya demostraba condiciones extraordinarias.
"Era un monstruo jugando al fútbol y sigue siendo un monstruo. Por eso llegó y por eso está donde está", concluyó.
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