El Gobierno nacional anunció que irá por un superávit primario del 1,6% del PBI, una meta más exigente que la pactada con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que establecía el 1,3%. Este objetivo económico se presenta como uno de los pilares de la gestión de Javier Milei en su primer año electoral, pero trae consigo una serie de ajustes y desafíos que impactan directamente en el gasto público y, por ende, en la vida cotidiana de millones de argentinos.
¿Qué es el superávit y por qué importa?
El superávit fiscal se da cuando el Estado recauda más de lo que gasta, en términos sencillos; (cuando se vende más de lo que se compra). Si los ingresos son mayores que los egresos, el resultado es superavitario. En este caso hablamos de superávit primario, que excluye el pago de intereses de deuda. El objetivo del Gobierno es ahorrar recursos, reducir la necesidad de financiamiento externo y dar señales de orden económico a los mercados.
El año pasado, el superávit primario fue de 1,8% del PBI, empujado por ingresos extraordinarios del impuesto PAIS y un recorte histórico del gasto del 26,4% real interanual. Pero en 2025, ese ingreso extra cae, y la famosa "licuadora" pierde efecto, por lo que la motosierra vuelve a escena.
¿Por dónde pasa el ajuste?
Según el análisis del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) y SBS, este año los ingresos tributarios caerían levemente (-0,1 puntos del PBI), y el gasto aumentaría 0,3 puntos, especialmente por mayores jubilaciones (por el cambio de fórmula). Para compensar, el recorte vendrá de:
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Subsidios a la energía: caen 41,8% real.
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Asistencia social: baja 4,4%.
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Subsidios al transporte: recorte del 2,2%.
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Gasto de capital: baja del 1,3%.
En contraste, las jubilaciones y pensiones subirán un 13,2% real, debido al cambio en la forma de actualización por inflación pasada.
¿Y los ingresos?
El gran problema es que se caen los ingresos del impuesto PAIS, que fue una fuente clave en 2024. También se proyectan menos ingresos por retenciones, debido a la baja de alícuotas y a la caída de precios internacionales. Aunque el Gobierno espera compensar con exportaciones energéticas, la volatilidad global genera incertidumbre.
Luis Caputo justificó la nueva meta del 1,6% como una medida de "prudencia", frente al shock externo por los aranceles de Estados Unidos, que golpean a los commodities. El FMI, si bien avala el camino, pone la lupa en la necesidad de reformas estructurales para sostener el rumbo.
En un año electoral, mantener el superávit sin generar un impacto social negativo será uno de los mayores retos. ¿Por qué? porque ya no alcanza con licuar salarios: el ajuste ahora avanza sobre subsidios clave, provincias y obras públicas.



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