La Comisión de Abordaje Integral del Suicidio en Misiones acumula más de 2.000 registros de conducta suicida desde su creación. Natalia Falcone, coordinadora del organismo, explicó en Radio UP que el suicidio constituye un problema grave que debe mantenerse en agenda. “No es algo que podamos decir ‘estamos bien, relajémonos, no trabajemos en este tema", advirtió.
Falcone destacó que el primer eslabón de la red de contención lo conforman los vínculos cercanos. “El poder detectar a una persona que puede estar sufriendo y pensando en quitarse la vida y poder acompañarla hacia la ayuda es fundamental”, señaló. Subrayó que el suicidio no es solo un problema de salud mental, sino también un problema social, donde influyen factores económicos, las relaciones entre las personas y el acceso a una vida digna.
Los datos en Misiones: 80% de hombres y un grupo de riesgo post-escolar
La comisión trabaja desde su creación en unificar los registros de salud, policía y otros organismos para obtener cifras precisas. Los datos obtenidos permitieron identificar factores asociados más sociales que individuales, como la violencia, los problemas económicos y las dificultades laborales.
En cuanto a los grupos etarios, Falcone señaló que los adolescentes son un grupo de riesgo, pero advirtió que el momento de mayor vulnerabilidad se presenta cuando abandonan el colegio secundario. “Mientras están en la escuela están más protegidos. La escuela está más presente, atenta, y la mayoría de las detecciones de ideación suicida se dan allí. El problema es cuando salen de esa protección y se enfrentan al desafío de la vida adulta: conseguir trabajo, un lugar donde vivir, armar un proyecto de vida”, explicó.
Otro dato relevante es que en Misiones, el 80 por ciento de las personas que se quitan la vida son hombres. Por eso, la comisión trabaja en metas para salir a buscar especialmente a jóvenes varones en esa etapa de transición.
Señales de alerta: qué observar y cómo preguntar
Falcone detalló las señales que pueden indicar que una persona está atravesando un sufrimiento profundo. “La gente habla de querer morirse, de desaparecer. Lo escriben en las redes, los jóvenes ponen ‘quisiera desaparecer’. Las personas mayores dicen ‘quisiera dormirme y no despertarme’”, enumeró. Advirtió que estas expresiones suelen minimizarse, pero constituyen un pedido de ayuda.
Otros indicadores son los cambios de conducta, el aislamiento, la irritabilidad y la explosividad. “La única manera de saber si una persona está pensando en quitarse la vida es preguntárselo”, afirmó. Para ello, recomendó entablar una conversación de cercanía, escuchar primero y luego preguntar directamente: “Con todo esto que te está pasando, ¿alguna vez pensaste en quitarte la vida?”.
Falcone aclaró que preguntar no implanta la idea, como sostiene un mito extendido. “Si la persona no lo está pensando nos va a decir que no. Algunas veces nos vamos a encontrar que nos dicen sí, lo pienso todos los días”, advirtió.
El caso de la EPET y el protocolo postvención
Sobre el reciente caso de un intento de suicidio en la Escuela EPET N°1 de Posadas, Falcone explicó que el Ministerio de Educación estableció un protocolo para escuelas públicas y privadas. El protocolo regula los pasos a seguir tanto en la detección como en la postvención, es decir, después de que ocurre un hecho.
En el caso de la EPET, la comisión realiza charlas con todos los padres de los distintos cursos. “Se va detectando quiénes podrían estar especialmente afectados”, explicó. Advirtió que cuando ocurre una muerte por suicidio, se genera un efecto de identificación que puede llevar a otras personas en situación de vulnerabilidad a imitar la conducta.
Además, mencionó el duelo particular que genera este tipo de muerte, atravesado por la culpa y la pregunta recurrente sobre cómo no se pudo evitar.
El rol de las redes sociales y los vínculos como factor protector
Falcone señaló que las redes sociales pueden ser una herramienta de prevención, pero también un factor de riesgo. “Hay una cultura de la cancelación, del escrache, conductas sociales que a través de las redes pueden ser muy dañinas”, advirtió. También mencionó los desafíos virales que se transmiten entre adolescentes y que pueden llevar a conductas extremas.

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La coordinadora destacó la importancia de que los adultos se involucren en la vida digital de sus hijos. “Los límites son amor, son cuidado. Está bien que los adolescentes quieran espacios, pero también necesitan que estemos”, afirmó. Y concluyó con el lema de la comisión: “El silencio no protege, los vínculos sí”.



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