Patricia Rodriguez, la madre de Anselmo de Olivera, el joven de 21 años que falleció tras ser brutalmente golpeado y abandonado en la vía pública en San Pedro, relató a Radio UP los angustiantes detalles de la última noche que vio con vida a su hijo y la investigación posterior a su muerte. Con la voz entrecortada por el dolor, la mujer describió el presentimiento que tuvo cuando su hijo salió de casa la noche del 24 de diciembre, el cual terminaría confirmándose de la peor manera.
La madre recordó la conversación que mantuvo con Anselmo antes de que él se fuera. "Hijo, no salgas hoy, quédate en casa", le suplicó Patricia, pero el joven le respondió con la seguridad de quien siente que puede cuidarse. "Mamá, yo ya soy grande, sé cuidarme", fueron algunas de sus últimas palabras antes de despedirse, prometiendo que regresaría el día siguiente para compartir un asado, que nunca se logró disfrutar.
El contacto se perdió después de eso. Patricia contó que comenzó a enviarle mensajes que él nunca contestó, lo que aumentó su ansiedad. La terrible noticia llegó de manera indirecta, a través del celular de su hija menor, Maira, de 17 años, en la madrugada del 26 de diciembre. Un mensaje de una joven que decía ser la novia de Anselmo informaba que lo habían "alzado en el medio de la calle como muerto" y llevado al hospital.
Ante la noticia, Patricia y su hija emprendieron un desesperado viaje bajo una fuerte lluvia y por caminos embarrados desde su casa en la colonia hasta el pueblo de San Pedro. "Llegamos al hospital, salió la enfermera y me dijo a tu hijo le llevaron al Hospital de San Vicente muy mal", relató la madre, describiendo el momento en que supo que su hijo estaba en terapia intensiva, luchando entre la vida y la muerte.
Anselmo tenía 21 años, quería ser peluquero y "nunca buscó problema"
Patricia fue categórica al defender la memoria y el carácter de su hijo ante este medio. "Nunca peleó en su vida. Nunca probó una droga. Nunca fumó. Nunca tomó", afirmó con firmeza, desmintiendo cualquier posible estigma sobre el joven. "Acá en San Pedro todos le van a decir lo mismo. No fue un gurí de la pelea", insistió, pintando el retrato de un muchacho trabajador y apacible.
Su descripción mostró a un joven con proyectos claros. Anselmo había terminado el secundario y su madre le había pagado un curso de peluquería, del cual ya había obtenido su título. "Estaba trabajando para comprarse el equipo de peluquería", explicó Patricia, destacando cómo la muerte truncó sus planes de futuro.
La madre también abordó las hipótesis que maneja sobre lo ocurrido, basándose en lo que le contaron y en lo que ella misma pudo ver. "Nos contaron que le dieron cocaína, le pusieron adentro de la garganta, hicieron que tragara a la fuerza, le golpearon", detalló, sosteniendo que su hijo fue víctima de un ataque deliberado. "Y fueron cinco que le agarraron a mi hijo. Cinco le agarraron", remarcó.
Sostuvo que al acercarse a distintas comisarías de la zona, los efectivos no quisieron tomarle la denuncia. Además, reclamó que por el momento no hay ningún detenido por el asesinato de su hijo.
La amenaza que obliga a la familia a esconderse
El horror para la familia sanpedrina no terminó con la muerte de Anselmo. Su hija Maira, de 17 años, se convirtió en el nuevo blanco de los presuntos implicados. La adolescente explicó que, mientras cuidaba a sus hermanos menores en la colonia, uno de los acusados se escondió en una chacra cercana. Sostuvo que algunos medios locales publicaron que ella estaba investigando el caso, lo que desencadenó la amenaza.
"Un chico anda preguntando por mí para que yo me calle. Dice que me va a matar para que deje de buscarle", reveló Maira con temor. Esta intimidación ha tenido consecuencias devastadoras para la estabilidad familiar, obligándolos a abandonar su hogar por miedo a represalias. "Estoy escondida, no puedo ir a mi casa a buscar una ropa para mis hijos, estamos sin ropa", lamentó Patricia, describiendo la precaria situación en la que viven.
La familia ahora reside temporalmente en una casa ajena, sin poder regresar a su domicilio propio. "Mi esposo no se halla, mis hijos no se hallan porque cada persona necesita su espacio", expresó Patricia, dando cuenta del profundo trastorno que la amenaza causó en su vida cotidiana y su salud emocional. "Estamos viviendo en una casa ajena que no es mía", repitió, mostrando la vulnerabilidad extrema en la que se encuentran.
Frente a esta situación, el reclamo de Patricia a las autoridades es claro y urgente. "Necesitamos que detengan al asesino que mató a mi hijo, al que amenaza a mi familia, que se haga justicia", exigió. De esta manera, la mujer manifestó una profunda frustración por la falta de avances concretos. "Hasta ahora no tengo respuesta de nada", afirmó, pidiendo que la ley actúe con la celeridad y firmeza que el caso requiere para detener la espiral de violencia que ahora los envuelve a todos.



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