En el norte de Misiones, donde la selva aún resiste frente al avance histórico de la deforestación, un proyecto ambiental intenta revertir décadas de degradación. Se trata de una iniciativa impulsada por Nideport, que combina restauración de bosques nativos, tecnología de monitoreo y trabajo con comunidades locales e indígenas.
“Es un proyecto que busca a través de la restauración de bosques nativos, en este caso Mata Atlántica, ubicada en la provincia de Misiones”, explicó Juan Núñez, cofundador de la organización, en diálogo con “Realidad Mixta” de Radio Up.
El enfoque, señaló, integra biodiversidad y participación social: “Realizamos un trabajo de integración de biodiversidad, trabajamos con pueblos originarios y la comunidad de locales, usando mucha tecnología de trazabilidad”.
El objetivo final es ambicioso. “Terminar en la emisión de crédito de carbono de hiper alta calidad con BERRA, una de las certificadoras más importantes del mundo”, detalló Núñez, en referencia al sistema internacional que valida este tipo de iniciativas ambientales.
Un ecosistema al borde de la desaparición

La intervención se centra en la Mata Atlántica, uno de los ecosistemas más biodiversos del planeta, pero también uno de los más amenazados. “De la Mata Atlántica queda muy poco aproximadamente entre el 7 y el 10%”, advirtió.
Históricamente, esta selva se extendía desde Río de Janeiro hasta el norte de Uruguay, abarcando también parte de Paraguay. Hoy, su superficie está fragmentada y degradada. “Cada vez le cuesta más recuperarse obviamente”, sostuvo Núñez, al señalar el impacto de prácticas como la tala selectiva.
En ese contexto, la provincia argentina conserva una porción clave, aunque deteriorada. Y allí aparece el rol estratégico del proyecto: “Lo que hace este campo es ser el conector de toda esa biodiversidad tanto de Argentina como de Brasil”.
Restaurar para reconectar

El área de trabajo está ubicada en San Pedro, en la frontera con Brasil, sobre tierras privadas que anteriormente tuvieron uso forestal. Allí, la iniciativa busca reconstruir un corredor biológico que permita el flujo de especies entre ambos países.
“Al cortar la deforestación y comenzar los procesos de restauración, nos convertimos en un puente muy importante en ese proceso”, explicó Núñez.
La restauración, aclaró, no es simplemente plantar árboles. “Hay varios factores que constituyen lo que sería la restauración”, indicó. Entre ellos, mencionó la eliminación de actividades ilegales como la tala y la caza furtiva, el trabajo de guardaparques y la intervención directa en zonas degradadas.
“Comenzamos a abrir fajas donde vamos plantando madera dura y frutales nativos que van reconstituyendo la biota del suelo”, describió. A esto se suma el manejo de especies invasoras y el cuidado de árboles en crecimiento.
El horizonte temporal del proyecto revela la magnitud del desafío. “Este proyecto puede demandar aproximadamente entre 80 y 100 años”, afirmó Núñez.
Sin embargo, ese plazo es significativamente menor al de la regeneración natural. “Le lleva entre 500 y 1000 años al bosque volver a su estado original”, comparó.
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Comunidad, legalidad y territorio
El trabajo se desarrolla en tierras privadas, pero con fuerte articulación local. “Tenemos consulta pública con la comunidad local y un CPLI con la comunidad originaria de Alecrín”, explicó Núñez, en referencia a la consulta previa, libre e informada.
Además, destacó la coordinación con autoridades locales y provinciales: “La provincia ya tiene contemplada nuestra actividad y es algo que no necesita autorización”.
El diagnóstico regional es contundente. Mientras en Misiones persiste parte del bosque, en países vecinos la situación es crítica. “Brasil empezó a plantar soja donde había bosque nativo, donde ya no existe la Mata Atlántica”, señaló Núñez. Y agregó: “Paraguay también, se puede considerar extinta, salvo determinados lugares muy pequeños”.
En ese escenario, el proyecto no solo busca restaurar un ecosistema, sino también preservar uno de los últimos bastiones de la selva atlántica en la región.
“Los colonos tuvieron mucho respeto por el bosque más allá de aprovecharlo”, reflexionó Núñez, marcando una diferencia histórica que hoy resulta clave para sostener cualquier intento de recuperación.
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