La historia de los hermanos argentinos Ariel y David Cunio, secuestrados durante más de dos años por el grupo terrorista Hamas, tuvo un inesperado giro que conmovió al mundo cuando lograron comunicarse con su madre, Silvia, mientras aún estaban en cautiverio en Gaza, en una videollamada que ella, sin saberlo, rechazó al principio y que luego se transformó en uno de los momentos más emocionantes desde aquel trágico 7 de octubre de 2023.
Desde Tel Aviv, Silvia relató que la noche anterior a la noticia de la liberación fue interminable porque no pudo dormir esperando el reencuentro con sus hijos y que, aunque todavía no los tenía a su lado, el solo hecho de haberlos visto le devolvió la calma que había perdido hace más de dos años.
La llamada que comenzó con una confusión
La comunicación, organizada por Fuente Latina, comenzó de manera confusa, ya que cuando sonó el teléfono, el número desconocido la hizo dudar y decidió rechazar la llamada, aunque poco después volvió a sonar y al atender, la imagen de Ariel y David apareció en la pantalla. “Me llamaron por teléfono a mí, a la mamá. ¿Entendés? Me llamaron a mí”, dijo Silvia, conmovida, intentando asimilar lo que acababa de vivir.
Lo impactante del contacto fue que la llamada ocurrió cuando los hermanos todavía estaban en manos de Hamas, lo que generó sorpresa entre las familias de los rehenes y las autoridades israelíes, ya que los terroristas habían permitido la comunicación, algo que también sucedió con otros cautivos, aunque por motivos que todavía no se comprenden del todo. En la casa de Silvia, la reacción fue inmediata: los gritos, los abrazos y el llanto se mezclaron cuando la familia entera vio en la pantalla a Ariel y David, un instante que borró por unos segundos el dolor de tantos meses de incertidumbre.

“Yo los vi bien”: alivio en medio de la angustia
En ese breve intercambio, Silvia pudo notar que sus hijos estaban bien dentro de lo posible. “Yo los vi bien, pero no los vi físicamente todo, pero ellos dijeron que estaban bien”, relató con alivio, aunque admitió que la ansiedad no le permitió observar detalles. Cuando le preguntaron por la fortaleza de los mellizos, respondió casi sin pensar: “Sí, sí, sí, sí. No sé, porque no los vi caminando, pero están paraditos y hablando conmigo y hablando con todos”, repitió, con la voz quebrada entre nerviosismo y felicidad.
Otra integrante de la familia, Ruthy Cunio, tía de los jóvenes, contó que todos están muy emocionados, especialmente la abuela Esther, quien también estuvo a punto de ser secuestrada aquella madrugada, pero se salvó de milagro por un comentario sobre Lionel Messi que distrajo a los atacantes. Hoy, Esther espera con el corazón agitado el reencuentro con sus nietos, llena de emoción y gratitud por tener otra oportunidad de abrazarlos.
La liberación que marcó el final del cautiverio
La liberación de Ariel y David se concretó en la segunda tanda del lunes, cuando Hamas entregó a los últimos trece rehenes con vida que aún mantenía en Gaza, completando así la lista de personas liberadas y dejando atrás la etapa más oscura del cautiverio. Sin embargo, el grupo terrorista todavía retiene los cuerpos de al menos veintiocho personas fallecidas, cuyos familiares siguen esperando la restitución para poder cerrar una herida que lleva abierta dos años.
El ataque que cambió para siempre la vida de los Cunio
El secuestro de la familia Cunio ocurrió durante la madrugada del 7 de octubre de 2023 en el kibutz Nir Oz, en el sur de Israel, una de las comunidades más castigadas por el ataque. Esa noche, Silvia había reunido en su casa a veinte familiares, entre ellos sus hijos, nueras, nietos y otros parientes, sin imaginar que en pocas horas vivirían una de las tragedias más crueles del conflicto.
Todo comenzó cuando, a las seis y media de la mañana, las alarmas comenzaron a sonar y fue Ariel, el menor de los hermanos, quien advirtió al resto del grupo por WhatsApp que había terroristas dentro del kibutz. Los mensajes llegaban entrecortados y desesperados: “Están disparando contra la casa”, “están adentro”, “están rompiendo la puerta”.
Silvia y su esposo lograron refugiarse en una habitación sellada durante siete horas, mientras escuchaban los disparos y sentían los intentos de los atacantes por ingresar. Cuatro veces trataron de forzar la puerta del refugio, pero no lograron entrar. Afuera, otras viviendas ardían en llamas y el kibutz se convertía en un infierno. La casa de Silvia no fue incendiada, aunque sus hijos enfrentaron una decisión límite: quedarse y arriesgarse a morir asfixiados o salir y enfrentar el peligro de los terroristas.

El terror, el silencio y la incertidumbre
La comunicación entre los miembros de la familia se interrumpía constantemente, pero Silvia alcanzó a saber que varios de sus seres queridos estaban en peligro. Entre ellos estaban Eitan y David, los mellizos, que casi se desmayan por la falta de aire. En medio de la confusión, Silvia perdió el rastro de dos de sus cuatro hijos, dos nueras y dos nietas. Solo más tarde supo que habían sido secuestrados y trasladados a Gaza. Desde ese día, la familia Cunio quedó dividida entre la esperanza y el horror, esperando noticias, moviendo contactos y apelando a la diplomacia internacional.
De los veinte familiares que estaban en la casa aquella mañana, ocho fueron secuestrados. Con el tiempo, algunos fueron liberados en distintas tandas, pero Ariel y David permanecieron cautivos hasta ahora, lo que convirtió su regreso en un símbolo de resistencia y supervivencia.
La conversación con Silvia Cuneo, madre de David y Ariel, tras ver su primera foto
— SissiEmperatriz (@GabyLob) October 13, 2025
738 días después, el reencuentro y la esperanza
Después de setecientos treinta y ocho días de miedo, incertidumbre y espera, Ariel y David finalmente volvieron. Aunque todavía queda pendiente el proceso de recuperación física y emocional que inevitablemente dejará huellas, su regreso representa una luz entre tantas sombras y una muestra del poder que tienen la esperanza y el amor de una madre que nunca dejó de creer.
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