En un contexto atravesado por la incertidumbre económica, la volatilidad social y una creciente crisis de representación, la Argentina ingresa en una etapa decisiva de su ciclo político. La entrevista realizada en Radio Up al politólogo Facundo Londero permite poner en perspectiva los últimos datos de la consultora Zuban Córdoba, que describen un escenario complejo: desgaste del oficialismo, oposición fragmentada y un electorado indeciso que se convierte en el verdadero árbitro del futuro político.
Lejos de una polarización clásica, el país se encamina hacia una lógica de equilibrio inestable, donde ningún espacio logra consolidar hegemonía y donde las variables económicas y emocionales del electorado serán determinantes.
Desaprobación en alza y límites estructurales del oficialismo
Los datos del informe de mayo configuran una señal de alerta para el gobierno de Javier Milei. Con un 64,5% de desaprobación y apenas un 34,3% de aprobación, la gestión se estabiliza en niveles que, en perspectiva histórica, reflejan problemas políticos profundos a mitad de mandato.
Pero el dato más significativo no es solo el número global, sino su composición: casi el 70% de las mujeres desaprueba la gestión, marcando una brecha de género estructural que condiciona cualquier estrategia electoral futura. Este segmento, clave en términos demográficos y políticos, aparece hoy como uno de los principales obstáculos para una eventual reelección.
El desgaste no se limita al Presidente. La estructura política del oficialismo también evidencia un deterioro sostenido. Mientras Patricia Bullrich logra sostener una imagen relativamente menos negativa dentro del espacio, otras figuras centrales como Karina Milei y Manuel Adorni acumulan niveles de rechazo superiores al 65%, consolidando la percepción de un desgaste integral del proyecto libertario.
A esto se suma un dato que sintetiza el clima social: el 71,2% de los argentinos considera que el país necesita un cambio de gobierno. Sin embargo, este rechazo no encuentra aún una traducción clara en términos de liderazgo opositor.


Tres tercios y un actor decisivo: el votante indeciso
Uno de los ejes centrales del análisis de Londero es la consolidación de un esquema de tres tercios electorales. Por un lado, un 30% del electorado se inclina hacia el peronismo o fuerzas opositoras; por otro, entre un 24% y 25% respalda al oficialismo. Pero el dato que redefine cualquier proyección es la existencia de un 30% de indecisos.
Este universo no es homogéneo. Incluye tanto ex votantes del oficialismo decepcionados como sectores tradicionales del peronismo que aún no encuentran una representación convincente. Se trata, en definitiva, de un segmento atravesado por la desconfianza, el desencanto y la incertidumbre, que podría inclinar la balanza en cualquier dirección.
La consecuencia directa es una volatilidad electoral extrema, donde las preferencias pueden modificarse rápidamente en función de la situación económica, los errores políticos o la emergencia de nuevos liderazgos.
Oposición en reconstrucción: liderazgos, tensiones y oportunidades
Dentro del espacio opositor, el escenario está lejos de resolverse. Axel Kicillof aparece como el dirigente con mayor potencial, alcanzando un 44% de intención de voto, lo que lo posiciona como una de las figuras más competitivas del peronismo.
En paralelo, Sergio Massa mantiene un núcleo de apoyo del 30% al 34%, con una leve recuperación en su imagen. Este repunte se explica, en parte, por una reinterpretación social de su gestión pasada, en contraste con las dificultades actuales del oficialismo.
Sin embargo, la oposición enfrenta un problema estructural: la falta de síntesis política. Las tensiones internas —entre sectores kirchneristas, gobernadores y dirigentes tradicionales— dificultan la construcción de una alternativa unificada.


Gobernadores: capital político regional, desafío nacional
En este contexto, los gobernadores emergen como actores con potencial latente. Dirigentes como Maximiliano Pullaro, Ignacio Torres o Sergio Uñac cuentan con niveles de aprobación sólidos en sus provincias, lo que les otorga una base política relevante.
No obstante, su principal limitación es el bajo nivel de conocimiento a nivel nacional, especialmente en el Área Metropolitana de Buenos Aires, donde se concentra una parte sustancial del electorado. La posibilidad de que alguno de estos perfiles logre proyectarse dependerá de su capacidad para trascender lo local y construir una narrativa nacional.
Reforma electoral: un cambio que puede alterar las reglas del juego
La eventual modificación del sistema electoral, particularmente en relación con las PASO, introduce un factor de alta incertidumbre. Según el análisis de Londero, una reforma de este tipo podría generar una fragmentación aún mayor del sistema político, habilitando múltiples candidaturas y debilitando los mecanismos de ordenamiento interno de los partidos.
Este escenario podría impactar tanto en el peronismo —con riesgo de dispersión entre distintos liderazgos— como en el espacio antiperonista, que históricamente ha dependido de la unidad estratégica para competir con eficacia.


Nuevos climas ideológicos: crecimiento de la izquierda
Un fenómeno emergente es la mejora en la percepción de dirigentes de izquierda como Myriam Bregman, quien alcanza niveles de imagen positiva cercanos al 30%.
Este crecimiento responde a un corrimiento discursivo de ciertos sectores sociales que, frente al incumplimiento de expectativas del oficialismo, comienzan a explorar alternativas ideológicas distintas. Sin embargo, este fenómeno enfrenta un límite estructural: el voto estratégico, que suele concentrarse en las fuerzas con mayores posibilidades de triunfo.
Mauricio Macri y el factor decisivo del PRO
En paralelo, la figura de Mauricio Macri mantiene una centralidad estratégica. Con un 30% de imagen positiva y un 25% de potencial electoral, su eventual candidatura podría redefinir el equilibrio político.
Más allá de sus números, Macri conserva una capacidad clave: incidir en el resultado electoral, ya sea fragmentando el voto opositor o condicionando al oficialismo. Su rol dentro del PRO y su vínculo con los gobernadores del espacio serán determinantes en la configuración de alianzas.


Una sociedad sin síntesis: el núcleo del problema político
El dato más profundo que arroja el informe no es cuantitativo, sino cualitativo: la Argentina atraviesa una etapa donde la demanda de cambio supera ampliamente la oferta política disponible.
La sociedad expresa con claridad su rechazo, pero no encuentra una alternativa que combine credibilidad, liderazgo y capacidad de gestión. Este desfasaje genera un escenario de empate de debilidades, donde ningún actor logra capitalizar plenamente el descontento.
De cara a 2027, el escenario es tan incierto como dinámico. El gobierno enfrenta un desgaste estructural, la oposición atraviesa un proceso de reconfiguración interna, y un tercio del electorado permanece en estado de espera.
En este contexto, la clave no estará solo en los números, sino en la capacidad de construir una narrativa política convincente, que logre interpretar las demandas sociales y ofrecer una salida a la crisis de representación.
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