En un escenario político atravesado por la incertidumbre y el desgaste de la gestión, una reciente encuesta nacional de la consultora Zuban-Córdoba aporta datos contundentes sobre el humor social en la Argentina. El estudio, analizado por el politólogo Facundo Londero en una entrevista con Radio Up, no solo confirma la caída sostenida de la imagen del presidente Javier Milei, sino que también expone una crisis de expectativas, una fractura social creciente y una fuerte demanda de cambio político que atraviesa a distintos sectores de la población.
Lejos de tratarse de un fenómeno aislado o coyuntural, los números de mayo consolidan una tendencia que se viene profundizando en los últimos meses y que, según los analistas, ubica al gobierno en una zona de debilidad estructural a mitad de mandato.


Una imagen presidencial en retroceso: estabilidad en niveles críticos
Uno de los principales ejes del informe es la evolución de la imagen presidencial. Los datos muestran que la gestión de Milei alcanza un 34,3% de aprobación frente a un 64,5% de desaprobación, sin variaciones significativas respecto de mediciones anteriores. Sin embargo, lo relevante no es la falta de cambios bruscos, sino la consolidación de un piso bajo de respaldo.
En términos políticos, esta estabilidad en niveles negativos representa un problema mayor: no se trata de una caída circunstancial, sino de una meseta de desgaste sin señales claras de recuperación. Tal como explicó Londero, “no hay una recuperación perceptible por el momento”, lo que sugiere que el oficialismo enfrenta dificultades para revertir el deterioro de su imagen.
Este fenómeno se vincula con múltiples factores, entre ellos el impacto de las políticas económicas, la percepción de incumplimientos y una narrativa gubernamental que no logra recomponer expectativas en amplios sectores sociales.
El desgaste se expande: del liderazgo presidencial al conjunto del oficialismo
El deterioro no se limita a la figura del presidente, sino que se extiende al conjunto del armado político y comunicacional del gobierno. En este sentido, la encuesta refleja que varios referentes clave del oficialismo presentan niveles de rechazo aún más elevados.
El vocero presidencial Manuel Adorni y la secretaria general de la Presidencia Karina Milei superan el 65% de imagen negativa, consolidando un escenario de desgaste que ya no es exclusivamente presidencial.
Esta dinámica configura un problema estratégico para el gobierno: la pérdida de capital político no encuentra figuras internas capaces de amortiguar el impacto, lo que debilita la estructura del oficialismo en su conjunto.
La paradoja Bullrich: mejor posicionada dentro de un gobierno en caída
En medio de este contexto adverso, emerge una figura con un desempeño relativamente mejor: la ministra de Seguridad Patricia Bullrich. Según el relevamiento, Bullrich mantiene una imagen negativa del 55,5%, menor a la del presidente y a la de otros funcionarios clave.
Si bien estos números distan de ser positivos, dentro del universo oficialista representan una posición comparativamente más sólida, lo que genera una paradoja política: la dirigente con mejor desempeño no es quien encabeza el gobierno.
Este dato abre interrogantes sobre la configuración interna del poder y el rol que distintas figuras podrían asumir en el mediano plazo, especialmente en un contexto electoral en ciernes.
Brecha de género: el factor estructural que condiciona el futuro
Uno de los aspectos más significativos del estudio es la marcada brecha de género en la evaluación de la gestión. Los datos muestran que mientras cerca del 40% de los varones aprueba el gobierno, ese porcentaje desciende a apenas el 30% entre las mujeres.
El rechazo femenino alcanza casi el 70%, y cuando se analiza la demanda de cambio, el número es aún más contundente: alrededor del 80% de las mujeres considera que el país necesita un nuevo rumbo político.
Lejos de ser un dato coyuntural, esta diferencia se presenta como una señal estructural que podría condicionar cualquier estrategia electoral futura. Sin recuperar apoyo en este segmento, advierten los analistas, será difícil para el oficialismo ampliar su base o modificar su techo electoral de cara a 2027.
El dato clave: más del 70% de los argentinos quiere un cambio de gobierno
Si hay un indicador que sintetiza el clima social actual es el nivel de apoyo a un cambio de gobierno. La encuesta revela que el 71,2% de los argentinos considera necesario un cambio, un porcentaje que trasciende los márgenes habituales de insatisfacción.
En términos teóricos, este tipo de respuestas suele aparecer como una expresión difusa de malestar. Sin embargo, cuando supera el umbral del 70%, se convierte en un indicador concreto de crisis política.
Londero advierte que este dato debe ser interpretado como una señal de alerta para el oficialismo, ya que refleja una percepción extendida de agotamiento del ciclo político actual. No obstante, el escenario presenta una complejidad adicional: la demanda de cambio no se traduce automáticamente en una alternativa clara.
Desencanto electoral: el quiebre dentro del propio electorado de Milei
Uno de los hallazgos más sensibles del informe es el nivel de desencanto entre quienes votaron a Milei en 2023. Según los datos, aproximadamente el 40% de esos votantes se siente defraudado, lo que representa entre un 20% y un 25% del total del electorado.
Este fenómeno evidencia un quiebre dentro del núcleo de apoyo original, impulsado principalmente por la percepción de incumplimientos en la gestión y por el impacto de las políticas implementadas.
El dato es particularmente relevante porque sugiere que el desgaste no solo proviene de sectores opositores, sino también de quienes inicialmente respaldaron el proyecto político.


Un sistema político en tensión: oficialismo debilitado y oposición en construcción
El escenario que describe la encuesta es el de un sistema político en plena tensión. Por un lado, un gobierno que pierde iniciativa, acumula desgaste y enfrenta dificultades para reconstruir su legitimidad. Por otro, una oposición que aún no logra consolidar una propuesta capaz de capitalizar el descontento social.
Este “empate de debilidades” configura un contexto de alta incertidumbre, donde la demanda social de cambio convive con la falta de una oferta política creíble.
En este marco, el futuro político dependerá en gran medida de quién logre articular una alternativa que combine credibilidad, amplitud y capacidad de representación.
Una sociedad en búsqueda, entre el rechazo y la incertidumbre
La Argentina de mayo de 2026 se encuentra en un punto de inflexión. La caída sostenida de la imagen presidencial, la expansión del malestar social, la brecha de género y la demanda mayoritaria de cambio configuran un escenario complejo y dinámico.
Sin embargo, el rasgo más distintivo del momento actual es quizás otro: la sociedad parece tener cada vez más claro lo que no quiere, pero aún no encuentra con la misma claridad qué camino seguir.
En ese vacío, se juega el futuro del sistema político argentino.
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— Radio Up 95.5 (@radioup955) May 4, 2026



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