Los olvidos ocasionales, las dificultades para concentrarse o perder el hilo de una conversación suelen asociarse con el envejecimiento. Sin embargo, la evidencia científica indica que algunos cambios relacionados con la salud cerebral pueden ser modificados incluso durante la adultez.
La clave está en la neuroplasticidad, la capacidad del cerebro para adaptarse, generar nuevas conexiones y reorganizar sus funciones. Según especialistas de las universidades de Cambridge y Oxford, ciertos efectos vinculados con hábitos poco saludables pueden comenzar a mejorar en cuestión de semanas o meses, aunque el grado de recuperación depende de cada persona y del daño acumulado.

Alcohol: el cerebro puede comenzar a recuperarse
El consumo habitual de alcohol se relaciona con una reducción del volumen del hipocampo, una estructura fundamental para la memoria, además de modificaciones en la materia gris y blanca.
La recuperación puede comenzar pocos días o semanas después de abandonar el consumo y continuar durante varios meses. En personas con dependencia alcohólica, la interrupción debe realizarse con supervisión profesional debido a los riesgos de una abstinencia repentina.

El ejercicio favorece la memoria
La actividad física, especialmente el ejercicio aeróbico, puede beneficiar al hipocampo y favorecer el funcionamiento de la memoria. Un estudio realizado con adultos mayores sedentarios encontró un aumento del volumen de esta estructura después de un año de actividad aeróbica regular.
El entrenamiento de fuerza también se relaciona con mecanismos vinculados con la neuroplasticidad y con mejoras en diferentes funciones cognitivas.
Aprender mantiene activo al cerebro
Estudiar un idioma, aprender a tocar un instrumento o incorporar una habilidad nueva también puede generar cambios en el cerebro. Estas actividades estimulan distintas regiones y pueden favorecer modificaciones en el hipocampo y en la materia gris.
Los especialistas recomiendan incorporar actividades que representen un desafío y practicarlas de manera regular, incluso durante períodos breves.

Dejar de fumar puede ralentizar el deterioro cognitivo
El tabaquismo afecta la circulación sanguínea cerebral y está asociado con inflamación, estrés oxidativo y un menor volumen cerebral.
Abandonar el cigarrillo permite que algunos cambios neuroquímicos comiencen a acercarse a los niveles observados en personas que no fuman. Además, estudios recientes encontraron que quienes dejan de fumar pueden presentar un deterioro más lento de la memoria y la fluidez verbal.
La alimentación también influye
Los hábitos alimentarios forman parte del cuidado cerebral. La dieta MIND, basada en alimentos como verduras de hoja verde, frutos rojos, cereales integrales, legumbres, frutos secos y pescado, se relaciona con mejoras en algunas funciones cognitivas.
La evidencia disponible muestra que modificar los hábitos durante la mediana edad puede generar beneficios para la salud cerebral. Aunque no todos los daños son reversibles, abandonar conductas perjudiciales, hacer ejercicio, aprender cosas nuevas y mantener una alimentación saludable puede contribuir a preservar las funciones cognitivas a largo plazo.



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