El ajuste de Nación se hace sentir y Misiones no es la excepción, en un rincón del barrio Manantial, en la Chacra 252 de Posadas, funciona el comedor “Manantial de vida”, un espacio que ya no solo alimenta, sino que contiene, organiza y resiste. Allí, Mirian Morales es el rostro visible de una red mucho más amplia: es la responsable del comedor y coordinadora de la Red de Cocineras Comunitarias de Posadas, una organización que articula con más de 30 comedores populares en la capital misionera.
En diálogo con el programa Argentina Divina Comedia, emitido por Radio Up, Morales compartió la realidad que viven día a día en los barrios populares. “Hoy tenemos gente que tiene trabajo, que hace changas, que corta pasto, que va a planchar casas... pero por la crisis económica se volcaron al comedor. Vienen, dejan su taper, se van a trabajar y a la vuelta retiran su comida. Así funcionamos”, relató.

Actualmente, el comedor asiste a más de 100 personas por día, entre almuerzos y meriendas. “Tenemos registradas 80 familias, pero si volvemos a hacer un relevamiento, seguro pasamos las 150 personas. La necesidad creció muchísimo desde octubre del año pasado”, afirmó Morales. Lo que antes era una ayuda esporádica, hoy es un sostén diario y esencial.

A pesar del esfuerzo del gobierno provincial y municipal, Morales advirtió que los recursos no son suficientes. “Agradecemos lo que llega, pero no alcanza. Por eso nos apoyamos entre nosotras, buscamos padrinos solidarios y trabajamos con el Mercado Central. Esa fue una salida hermosa y rápida ante la falta de alimentos”, aseguró.
Ajuste de Nación llega a las provincias y golpea a comedores populares
El recorte nacional en la asistencia alimentaria, que comenzó con el cambio de gobierno, profundizó la crisis. “Se dejó de entregar carne, pollo, pan, verduras y víveres secos. Nos llamaron desde el Ministerio de Desarrollo Social y nos dijeron que no podían continuar. Fue duro, pero entendimos que teníamos que buscar alternativas”, relató Morales.

Frente a este panorama, la red comunitaria se volvió una trinchera de solidaridad. “Entre compañeras nos ayudamos. Si una no puede más, si no tiene nada para cocinar, hacemos lo que llamamos ‘ollas de amor’. Una pone los porotos, otra la sal, otra la cebolla… y así se arma la comida. No dejamos caer a ninguna”, explicó.

La Red de Cocineras Comunitarias de Posadas ya articula con más de 30 comedores. Además de sostener la alimentación diaria, impulsa reclamos concretos para que su trabajo, vital y sostenido, sea reconocido por el Estado. En ese sentido, presentaron un proyecto que incluye el reconocimiento salarial, obra social y servicio de sepelio para las cocineras barriales. “Es un trabajo no remunerado, no reconocido y con muchos riesgos de salud. Apelamos a la voluntad política para que se sancione primero una ordenanza, y luego una ley”, reclamó Morales.

Más allá de los datos y las gestiones, lo que se palpa en la historia que cuenta Mirian Morales es un tejido humano resistente, que se apoya en los vínculos, en los gestos y en el compromiso cotidiano. “La Red Alimentar debería llamarse Red Corazón. Nos sostienen cuando queremos soltar la toalla”, dijo con emoción. En tiempos de ajuste, donde las políticas públicas retroceden, estas cocineras avanzan con sus ollas, su tiempo y su amor por la comunidad.
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