La reciente publicación de un informe de UNICEF Argentina volvió a encender las alarmas sobre la situación social del país. Según el organismo internacional, cuatro de cada diez niñas y niños viven en hogares pobres, mientras que el 9,4% se encuentra en situación de indigencia, una realidad que afecta a más de 5,1 millones de menores de edad en todo el territorio nacional.
Si bien el reporte, elaborado sobre la base de datos oficiales correspondientes al segundo semestre de 2025, muestra una reducción respecto de los niveles registrados durante 2024, también advierte que la tendencia podría revertirse durante este año y que la pobreza infantil podría volver a ubicarse cerca del 44%.
En diálogo con Radio Up, el vicepresidente de Cáritas Posadas, Alberto Barros, analizó la situación desde la experiencia cotidiana de acompañamiento en los barrios más vulnerables de la capital misionera y planteó fuertes cuestionamientos a los indicadores oficiales.
“Los números no reflejan lo que vive la gente”
Para Barros, la realidad social que observan diariamente las organizaciones comunitarias y parroquias dista considerablemente de los datos difundidos por los organismos estatales.
“El mejor índice es la voz de nuestro pueblo, de nuestra gente, lo que ocurre en el supermercado y en cada familia”, sostuvo.
Según explicó, los mecanismos utilizados actualmente para medir la pobreza presentan limitaciones importantes porque dejan fuera variables fundamentales vinculadas a la calidad de vida, como el acceso a servicios básicos, infraestructura, saneamiento, vivienda digna y condiciones ambientales.
En ese sentido, recordó que diversos estudios académicos han advertido sobre la necesidad de actualizar las metodologías de medición para reflejar con mayor precisión la situación real de los hogares argentinos.

La caída del consumo de alimentos como señal de alarma
Uno de los indicadores que más preocupa a Cáritas es la disminución del consumo de alimentos esenciales, especialmente entre los sectores más vulnerables.
Barros señaló que el consumo de leche registra una fuerte caída y consideró que ese dato resulta incompatible con la idea de una mejora sostenida en las condiciones de vida de la infancia.
“¿Cómo podemos decir que hay menos niños pobres cuando cada vez toman menos leche?”, planteó.
Desde las distintas parroquias de Posadas, explicó, crecen permanentemente los pedidos de asistencia alimentaria, especialmente de productos básicos destinados a niños y niñas.
A ello se suman otros factores estructurales que agravan la situación social, como las viviendas precarias, las dificultades de acceso al agua potable, la falta de cloacas y los problemas vinculados a la atención sanitaria.
El trabajo informal y el endeudamiento profundizan la crisis
Durante la entrevista, Barros también vinculó el aumento de la vulnerabilidad social con la desaceleración económica que atraviesan sectores como la construcción y la industria.
Según indicó, la caída de la actividad económica impacta de manera directa sobre miles de trabajadores informales que dependen de changas o empleos temporarios para sostener a sus familias.
“La construcción emplea a muchísimas familias pobres y hoy tienen cada vez menos trabajo”, remarcó.
A este escenario se suma otro fenómeno que, según Cáritas, se volvió cada vez más visible durante los últimos meses: el crecimiento del endeudamiento familiar.
Barros advirtió que numerosas familias recurren al crédito para afrontar gastos cotidianos y terminan resignando consumos esenciales para poder cumplir con sus obligaciones financieras.
“Una familia pobre endeudada deja de comprar alimentos o reduce la calidad de lo que consume”, afirmó.

¿Alcanza la Asignación Universal por Hijo?
Consultado sobre la efectividad de las políticas sociales, Barros reconoció que programas como la Asignación Universal por Hijo (AUH) continúan siendo herramientas importantes para miles de hogares.
Sin embargo, consideró que las transferencias monetarias por sí solas resultan insuficientes frente a un contexto caracterizado por la pérdida de empleo, la caída del poder adquisitivo y el aumento del costo de vida.
“Las ayudas sociales sirven, pero no alcanzan cuando existe un empobrecimiento general de la sociedad”, señaló.
Desde su perspectiva, la problemática de la pobreza infantil no puede analizarse únicamente desde los ingresos económicos, sino que debe contemplar múltiples dimensiones vinculadas a la inclusión social, educativa y sanitaria.
El rostro de la pobreza infantil en Posadas
Al referirse a la realidad que observa diariamente en los barrios de Posadas, Barros describió un escenario marcado por el sufrimiento y la exclusión.
“El rostro de la pobreza infantil genera dolor e indignación porque estamos hablando del presente y del futuro de nuestro país”, expresó.
Entre las situaciones más preocupantes mencionó la existencia de niños que permanecen fuera del sistema educativo por dificultades económicas, la falta de recursos para adquirir útiles o indumentaria escolar y los problemas familiares derivados de la precariedad laboral.
Asimismo, sostuvo que muchas veces las estadísticas no alcanzan a reflejar fenómenos más complejos relacionados con la marginación social, la falta de oportunidades y la pérdida de expectativas de futuro.
La falta de esperanza y el avance de los consumos problemáticos
Uno de los aspectos más sensibles abordados durante la entrevista fue el impacto psicológico y emocional que la pobreza genera en niños y adolescentes.
Barros advirtió que crecer en contextos donde la carencia se vuelve cotidiana afecta profundamente las posibilidades de proyectar un futuro diferente.
“La normalidad pasa a ser la falta de trabajo, la dificultad para alimentarse y el hacinamiento”, describió.
Según explicó, esta ausencia de perspectivas favorece la aparición de múltiples problemáticas sociales, entre ellas el consumo problemático de drogas, fenómeno que se observa cada vez con mayor frecuencia en sectores juveniles.
Aunque aclaró que las adicciones atraviesan a todos los estratos sociales, señaló que en los barrios más vulnerables suelen convertirse en una respuesta desesperada frente a la falta de oportunidades.

La batalla cultural y los valores comunitarios
Hacia el final de la entrevista, el vicepresidente de Cáritas Posadas planteó que la discusión sobre la pobreza también involucra una dimensión cultural y ética.
Consideró que Argentina enfrenta el desafío de fortalecer valores como la solidaridad, la empatía, el compromiso comunitario y la preocupación por quienes más sufren.
“Tenemos que recuperar aquellos valores que nos permiten transformar la realidad desde la fraternidad y el encuentro”, sostuvo.
Para Barros, la respuesta a la pobreza infantil no puede limitarse únicamente a políticas económicas o asistenciales, sino que requiere una reconstrucción de los lazos sociales y comunitarios capaces de generar oportunidades reales para las nuevas generaciones.
Mientras los datos de UNICEF vuelven a poner en evidencia la magnitud de la problemática, organizaciones sociales, religiosas y comunitarias continúan alertando sobre una realidad que, detrás de las estadísticas, se expresa diariamente en millones de niños y niñas que enfrentan dificultades para acceder a una alimentación adecuada, educación de calidad, atención sanitaria y perspectivas concretas de desarrollo.
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