Con apenas 13 años, Paulina Ojeda dejó de ser solamente una promesa del básquet misionero para convertirse en uno de los nombres que más expectativas genera dentro del deporte argentino. Después de sorprender al país con el histórico partido en el que convirtió 93 puntos con la camiseta de El Coatí de Eldorado, la joven decidió, junto a su familia, dar un paso tan importante como desafiante: mudarse a Florianópolis, Brasil, para potenciar su desarrollo deportivo.
Detrás de esa decisión hubo meses de análisis, sacrificios familiares y un objetivo claro: competir más para crecer más. En diálogo con Radio Up, su padre, Silvio Ojeda, exjugador y entrenador de básquet, explicó cómo vive este proceso, qué cambió desde la llegada a Brasil y por qué considera que la competencia permanente marca una enorme diferencia respecto a la realidad del básquet formativo argentino.

"No esperábamos que todo se diera tan rápido"
La adaptación superó todas las expectativas. En pocos meses, Paulina comenzó a disputar competencias en distintas categorías y a sumar títulos con el Instituto MF de Florianópolis, además de ser invitada a jugar torneos con otros clubes brasileños.
Según contó Silvio, el crecimiento deportivo fue inmediato. "Estamos muy contentos. Sabíamos que veníamos a un lugar donde hay mucha competencia y donde Paulina puede jugar todo el año. Yo también estoy trabajando como entrenador y, por suerte, los resultados se están dando mucho más rápido de lo que esperábamos."
Actualmente, la joven misionera disputa simultáneamente las categorías Sub-13, Sub-15 y Sub-17, además de competencias regionales y nacionales que elevan considerablemente su nivel de exigencia.

Más de 100 partidos por temporada: la gran diferencia con Misiones
Uno de los aspectos que más sorprendió a la familia fue la enorme cantidad de competencia que existe en Brasil. Mientras en Misiones una jugadora puede disputar apenas algunos encuentros oficiales durante el año, el calendario brasileño prácticamente no tiene pausas.
Además de la Liga Metropolitana, Paulina participa del Campeonato Estadual, del tradicional Sul Brasileiro, de torneos escolares y próximamente afrontará el prestigioso CBI, considerado uno de los campeonatos nacionales juveniles más importantes de Brasil.
Para Silvio, esa continuidad competitiva resulta determinante en la formación de cualquier deportista. "Paulina va a superar los 100 partidos este año. En Misiones, lamentablemente, se juegan entre seis y diez partidos en toda una temporada. Con esa cantidad de partidos es muy difícil que los chicos puedan crecer."
El entrenador explicó que una de las principales diferencias radica en el fuerte respaldo económico que reciben las competencias brasileñas.
La federación cubre gastos de arbitrajes y organización, permitiendo que los clubes puedan competir durante todo el año sin trasladar tantos costos a las familias. "En Misiones muchas veces los clubes tienen que pedir dinero constantemente para viajes, arbitrajes o mesas de control. Llega un momento en que los padres se cansan. Acá eso está mucho más organizado y favorece el desarrollo de los jugadores."

El desafío de empezar de cero en otro país
Mudarse a otro país nunca fue una decisión sencilla. No solamente implicó abandonar la comodidad de la vida en Eldorado, sino también dejar familiares, amigos y comenzar una nueva etapa con otro idioma, otra cultura y otra forma de vivir el deporte.
Silvio reveló que la decisión llevó varios meses de conversaciones familiares. "Nos llevó cuatro o cinco meses tomar la decisión. Había que pensar en Paulina, en Martina, en el desarraigo, en dejar sus amigos y empezar de cero. No fue fácil, pero hoy estamos muy bien y sentimos que valió la pena."
El cambio también significó una transformación para toda la familia, ya que el propio Silvio fue convocado para trabajar como entrenador en Brasil.

Los 93 puntos que cambiaron todo
Aunque hoy su presente está en Brasil, el nombre de Paulina Ojeda quedó grabado para siempre en el básquet argentino gracias a aquella inolvidable actuación con El Coatí, cuando anotó 93 puntos en un solo partido de la Liga Provincial U13.
Para muchos fue una cifra imposible. Para su padre, simplemente fue una de esas tardes en las que todo sale perfecto. "Ella entró con un solo objetivo: ganar el partido. Nunca pensamos en cuántos puntos estaba haciendo. Ni nosotros ni ella. Cuando terminó festejamos el triunfo y recién mucho después nos dijeron que había convertido 93 puntos."
El encuentro tuvo un contexto todavía más increíble. Oberá Tenis Club dominaba el marcador con una ventaja superior a los 30 puntos, pero el ingreso de Paulina cambió completamente el desarrollo del partido.
Antes de entrar a la cancha, recordó Silvio, su hija solamente repetía una pregunta. "Me decía: 'Papá, ¿qué hago?'. Y yo le respondía: 'Entrá, divertite y jugá. El resultado es lo de menos'. Después se dio una tarde increíble. Todo lo que tiraba entraba."
A pesar de tener apenas 13 años, Paulina ya trabaja con la disciplina de una deportista profesional. Entrena en cancha, realiza trabajos físicos en el gimnasio y organiza su rutina diaria pensando exclusivamente en seguir creciendo. Su gran sueño es llegar a competir en el máximo nivel internacional. "Yo trato de que esa responsabilidad no sea pesada para ella. Siempre le digo que disfrute todo lo que está viviendo. Pero es muy competitiva, eso no se lo podés sacar. Tiene el objetivo de ser jugadora profesional, de llegar a Europa o quizás a un high school en Estados Unidos. Está muy enfocada en entrenar todos los días."
Esa determinación es, para su padre, el principal motor de un crecimiento que parece no tener techo.

Un talento que también se construye con trabajo
Luego de aquel histórico partido de los 93 puntos, muchos imaginaron que Paulina era una jugadora que absorbía todas las ofensivas.
Sin embargo, Silvio desmintió esa idea y explicó que una de las principales virtudes de su hija es justamente su lectura del juego. "Hubo muchas críticas diciendo que hacía todos los puntos porque jugaba sola. Y no es así. Paulina pasa muchísimo la pelota. Tiene una visión de juego que pocas chicas de 17 o 18 años tienen. Ese día sus compañeras se la devolvían porque estaba en una tarde increíble y todo le salía."
Para el entrenador, aquella actuación fue producto de una combinación de confianza, preparación y un contexto muy particular. "Como jugador lo viví muchas veces. Hay días en los que todo entra. Bueno, esa fue la tarde de Paulina. Defendía, recuperaba, corría y cada lanzamiento terminaba adentro."

El básquet argentino y una realidad que preocupa
La experiencia en Brasil también llevó a Silvio Ojeda a realizar una reflexión sobre el presente del básquet formativo en Misiones. Si bien destacó el compromiso de clubes y entrenadores, considera que la escasa competencia termina condicionando el crecimiento de los jóvenes talentos.
Según explicó, el principal problema pasa por los costos que deben afrontar permanentemente las instituciones. "Yo siempre digo que la plata mejor invertida es en nuestros hijos y en el deporte. Pero llega un momento en que los clubes tienen que pedir dinero para cada viaje, para arbitrajes, para la mesa de control. Los padres hacen un esfuerzo enorme y eso termina limitando la competencia."
A su entender, el modelo brasileño demuestra que cuando existe una estructura que acompaña, el desarrollo deportivo se acelera de manera natural.

El orgullo de un padre que sueña en grande
Cada vez que escucha mencionar a Paulina Ojeda como una de las grandes promesas del básquet argentino, Silvio admite que la emoción es inevitable.
Sin embargo, intenta mantener la calma y enfocarse en el trabajo cotidiano. Porque sabe que el talento, por sí solo, no alcanza. "Es un orgullo muy grande. Sé que ella va a seguir creciendo porque tiene muy claro ese objetivo de superarse todos los días. Está convencida de que quiere llegar y trabaja para eso."
Hoy, mientras continúa sumando títulos en Brasil, la joven nacida en Posadas y criada en Eldorado sigue escribiendo una historia que apenas comienza.



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