En la Argentina y en gran parte de América Latina, el aumento de la esperanza de vida y la postergación de la autonomía juvenil configuran un fenómeno cada vez más extendido: la llamada “generación sándwich”. Se trata de adultos que cuidan hacia arriba —padres mayores con distintos niveles de dependencia— y sostienen hacia abajo —hijos adultos que aún requieren apoyo económico o logístico—, mientras mantienen su actividad laboral.
Padres que viven más e hijos que se independizan tarde: el nuevo mapa del cuidado
Lo que antes era una etapa breve hoy se prolonga durante años. La mayor longevidad implica más tiempo de acompañamiento a personas mayores con enfermedades crónicas o fragilidad creciente. En paralelo, factores económicos y laborales retrasan la independencia de los jóvenes, que permanecen más tiempo en el hogar familiar.

Los datos oficiales muestran que el trabajo no remunerado sigue teniendo un fuerte sesgo de género. Según la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT 2021) del INDEC, las mujeres dedican en promedio 6 horas y 31 minutos diarios a tareas domésticas y de cuidado, mientras que los varones destinan 3 horas y 40 minutos. La brecha se amplía en hogares con personas demandantes de cuidado, donde las mujeres asumen una carga significativamente mayor.
Este esquema tiene consecuencias concretas. La superposición de responsabilidades impacta en la salud física y mental, con niveles elevados de estrés, insomnio y agotamiento sostenido. También incide en las trayectorias laborales: reducción de horas trabajadas, menor disponibilidad para ascensos o capacitaciones y, en algunos casos, retiros anticipados.
Desde el punto de vista económico, el cuidado no solo implica gastos directos en medicamentos, traslados o asistencia domiciliaria, sino también costos indirectos asociados al tiempo. En hogares de menores ingresos, donde no es posible contratar servicios privados, la familia absorbe casi la totalidad de la tarea.
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Además, la permanencia de jóvenes adultos en el hogar parental es una tendencia creciente. Informes recientes señalan que una proporción significativa de personas entre 25 y 35 años continúa viviendo con sus padres, lo que extiende la etapa de apoyo económico y convivencia.
Especialistas advierten que la organización social del cuidado sigue resolviéndose principalmente en el ámbito privado, sin infraestructura pública suficiente que acompañe el cambio demográfico. La falta de sistemas integrales de cuidado profundiza desigualdades preexistentes y limita el desarrollo profesional de quienes asumen la mayor parte de las responsabilidades.
La generación sándwich no es una excepción sino una realidad cada vez más común. En un contexto de envejecimiento poblacional y transformaciones en el mercado laboral, el desafío no solo pasa por vivir más años, sino por cómo se distribuyen y sostienen las tareas que permiten que esa vida cotidiana funcione.
Mientras tanto, en miles de hogares, la logística diaria del cuidado continúa organizándose entre agendas superpuestas, llamados urgentes y decisiones que postergan, casi siempre, el tiempo propio.



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