La elección de una carrera universitaria suele ser uno de los momentos más trascendentes en la vida de los jóvenes. Para el filósofo y educador Eduardo Cazenave, el problema comienza mucho antes de tomar esa decisión. En diálogo con Radio UP, planteó que el sistema educativo exige definiciones importantes sin haber enseñado previamente a los estudiantes a conocerse a sí mismos y a elegir con libertad.
“De repente, el último año te dicen que ahora tenés que elegir y elegir bien, no seas un fracasado. Entonces tenés un peso enorme encima y nadie te enseñó a elegir”, señaló al referirse a las presiones que enfrentan quienes terminan la secundaria.
Para Cazenave, la incertidumbre que sienten muchos adolescentes es comprensible porque se les exige definir un proyecto de vida cuando todavía están construyendo su identidad. “Es la primera vez que de repente te preguntan qué querés hacer y vos decís: no tengo idea ni quién soy todavía”, afirmó.
El educador explicó que en esa decisión intervienen numerosos factores. Las expectativas familiares, la influencia de docentes, la situación económica, la posibilidad de estudiar lejos de casa y hasta la tradición profesional de una familia pueden convertirse en elementos de peso al momento de elegir un camino.
“Es duro para los chicos. Muchas veces escuchan que pueden elegir lo que quieran, pero después aparece el mensaje de que tienen que elegir bien porque si no serán un fracaso”, sostuvo.

Uno de los principales conceptos desarrollados por Cazenave fue la diferencia entre vocación y carrera universitaria. Según explicó, ambos términos suelen confundirse, cuando en realidad responden a dimensiones distintas de la vida.
“Lo que estudio no me define quién soy”, aseguró. Para el filósofo, la vocación está relacionada con un llamado profundo que orienta la existencia y que no necesariamente coincide con un título académico o una profesión determinada.
En ese sentido, relató el caso de una persona que abandonó la carrera de Medicina para hacerse cargo de una empresa familiar tras la muerte de su padre. Aunque nunca llegó a ejercer como médico, descubrió años después que toda su vida había estado vinculada a la vocación de sanar, ya sea ayudando a las personas, reconstruyendo vínculos o acompañando a otros en situaciones difíciles.
“La vocación es mucho más profunda que aquello que estudiás. Tiene que ver con descubrir cuál es tu energía vital, qué es lo que te moviliza”, expresó.
Para explicar esta idea utilizó la imagen de un río que busca llegar al mar. Según señaló, cada persona posee una dirección interior que necesita descubrir y desarrollar a lo largo de la vida.
El éxito no garantiza la felicidad
Uno de los planteos más contundentes estuvo relacionado con la relación entre éxito profesional y felicidad. Cazenave advirtió que ambas cuestiones no siempre van de la mano.
“Está lleno de profesionales exitosos e infelices”, afirmó.
A su entender, muchas personas logran reconocimiento, estabilidad económica o prestigio social, pero viven alejadas de aquello que verdaderamente les apasiona. Esa distancia entre lo que se hace y lo que se siente puede transformarse en una fuente permanente de frustración.

“No encontrar a aquello para lo que estás llamado tiene un precio. Y ese precio es ser infeliz”, sostuvo.
Por ese motivo, insistió en la necesidad de que los jóvenes puedan descubrir aquello que realmente los moviliza antes de tomar decisiones condicionadas únicamente por la rentabilidad económica o las expectativas ajenas.
El miedo a equivocarse
Otro aspecto que cuestionó fue la idea de que cambiar de carrera o modificar un proyecto personal represente un fracaso.
“Fracasar es no seguir intentando, no es caerse”, afirmó.
Según explicó, existe una tendencia a entender la educación y el desarrollo profesional como una carrera de competencia donde equivocarse implica perder tiempo. Sin embargo, consideró que cada experiencia aporta herramientas para el crecimiento personal.
“Cambiarte de carrera no es fracasar. Los años se ganan o se pierden según qué hacés con ellos y qué aprendiste en el camino”, remarcó.
También señaló que la propia palabra “carrera” suele asociarse a una competencia cuando, en realidad, debería interpretarse como una trayectoria personal construida a lo largo del tiempo.
El rol de las familias
Cazenave reconoció que muchos padres intentan orientar a sus hijos desde el afecto, aunque a veces terminan transmitiendo temores o limitaciones que condicionan las decisiones.
“Nuestros padres nos quieren y muchas veces se equivocan porque nos quieren”, reflexionó.

Por eso consideró fundamental acompañar sin imponer, permitiendo que los jóvenes exploren distintas posibilidades antes de decidir.
“No te bajes vos antes de que la realidad te baje. Primero soñá, después vemos cómo hacerlo posible”, indicó al explicar la postura que adoptó con sus propios hijos al momento de elegir estudios superiores.
Encontrar aquello que hace brillar los ojos
El educador insistió en la importancia de identificar aquellas actividades que despiertan entusiasmo genuino. Para él, allí suele encontrarse una pista clave sobre la vocación.
“Hay que encontrar dónde te brillan los ojos”, afirmó.
También destacó el papel que pueden desempeñar docentes, entrenadores, familiares o referentes que ayuden a los jóvenes a descubrir capacidades que quizás ellos mismos todavía no reconocen.

“A veces aparece un profesor, un entrenador o alguien que te rescata y te ayuda a descubrir tu propio camino”, señaló.
Finalmente, dejó una reflexión dirigida tanto a adolescentes como a adultos que sienten que aún no encontraron su lugar.
“Por ahí no podés vivir de lo que te moviliza, pero no podés vivir sin lo que te moviliza. Nunca es tarde para encontrar tu camino”, concluyó.



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