Yamila Volpe, psicóloga especializada en clínica de niños, advirtió que el uso excesivo y sin control de pantallas en la infancia está teniendo consecuencias significativas en la salud emocional y vincular de los niños. El mundo hiper mediatizado por pantallas lleva a que, actualmente, sean más los niños y niñas con síntomas de estrés, aislamiento, baja tolerancia a la frustración y dificultades para vincularse socialmente.
En esa línea, afirmó en Argentina Divina Comedia por Radio Up que “el estrés es un impacto producido por el consumo de pantallas. Se observan niños tensionados, con bruxismo, dificultades en el sueño y con dificultades para vincularse”. También advirtió que hay una pérdida del juego espontáneo y lúdico: “No pueden conectar con el presente ni disfrutar de actividades que deberían ser placenteras”.
Aislamiento, dificultades para poder dormir, "mucha frustración y poca tolerancia a los cambios o a la espera", precisó, son algunas de las conductas a las que atender.
En ese escenario, también observó que es frecuente que menores de edad no soporten el aburrimiento. La reacción casi inmediata de madres, padres o tutores, es poner ante el infante una pantalla, lo que traba aún más el proceso de aprender de paciencia y tolerancia.

La especialista indicó que muchos niños llegan a consulta por sugerencia de docentes o a partir de la observación de los propios padres. “Cuando se habilita el espacio terapéutico, uno empieza a notar un bagaje emocional que viene desde hace tiempo y que los adultos no habían registrado. Es un impacto significativo en la vida del niño, que está en plena constitución psíquica”, explicó.
Desde una perspectiva neurobiológica, Volpe subrayó que el cerebro infantil necesita atravesar situaciones cotidianas de resolución de conflictos, experimentar aburrimiento y enfrentar desafíos que contribuyan al desarrollo de las funciones ejecutivas. Cuestión gravemente afectada si se habilita a un uso excesivo y sin control de los contenidos. “Si el niño está constantemente frente a una pantalla, se pierde la posibilidad de adquirir herramientas esenciales para su desarrollo”, advirtió.
Cero pantallas para bebés de hasta 2 años
También remarcó que no solo importa el tiempo de exposición, sino el tipo de contenido: “No todo lo que está dirigido a niños es beneficioso. Algunos programas o juegos tienen demasiados estímulos, ruidos fuertes o agresividad, lo que puede alterar aún más al niño”.
Por eso, recomendó un uso responsable y mediado por adultos, con límites de, máximo, una hora diaria de pantalla para niños y niñas de 6 años en adelante. Ello siempre “respetando la calidad del sueño, priorizando que no sean momentos en donde el niño tiene que compartir a nivel social: muchas veces en los almuerzos o cenas familiares, hay pantallas mediando de por medio, entonces eso dificulta el compartir”, enfatizó.

En el caso de chiquitos de dos años, recomendó que no se los debe exponer a ningún tipo de consumo digital, ya que se trata de una etapa “especialmente sensible a nivel evolutivo”. Añadió que hay múltiples aplicaciones psicoeducativas que pueden ser consultadas en terapia y que están pensadas para cada etapa de la niñez y formación neurobiológica.
¿Qué rol ocupan los adultos en la exposición a las pantallas?
La psicóloga reconoció que “muchas veces, por cansancio o rutina, se recurre a las pantallas como forma de distracción rápida. Pero es importante no tapar las emociones con tecnología, sino hablar de lo que está pasando con el niño. Y es parte de la responsabilidad adulta evaluar cómo, cuándo y qué se comparte con ellos”, concluyó.
Oberá lanzó el concurso “Mi barrio en un minuto” rumbo a sus 100 años. Vecinos podrán contar historias locales con videos hechos con celular. Hay premios y se verá en el Festival https://t.co/6KAQuGHF0k pic.twitter.com/uN9lsS720K
— Radio Up 95.5 (@radioup955) July 23, 2025



//



