A más de seis décadas del operativo secreto que permitió la captura de Adolf Eichmann en Buenos Aires, nuevos documentos desclasificados en el Archivo General de la Nación arrojan una luz inquietante sobre un episodio poco conocido: un presunto intento de fuga de otros nazis refugiados en Argentina a bordo de una lancha que terminó varada en la costa uruguaya. Se trata del enigmático caso de la Felicitas, una embarcación de pesca registrada en Necochea, que habría sido utilizada para trasladar clandestinamente a individuos “de tendencia nacista”, según consta en un memorándum de la Policía Federal Argentina fechado en julio de 1960.
El documento, con el sello de “estrictamente secreto y confidencial”, fue elaborado por el entonces Director de Coordinación Federal, Capitán de Fragata Paul A.V. Angelini, y forma parte del conjunto de casi 2.000 informes que fueron desclasificados por orden del presidente Carlos Menem en 1992 y recientemente digitalizados.
Un escape planificado tras el secuestro del siglo
El 11 de mayo de 1960, agentes del Mossad secuestraron a Adolf Eichmann —el arquitecto logístico del Holocausto— en una calle de San Fernando, en las afueras de Buenos Aires. El episodio, digno de una película de espías, provocó un sismo entre los círculos nazis refugiados en Argentina. No pasó mucho tiempo hasta que algunos de ellos empezaron a moverse.
Uno de esos movimientos terminó, posiblemente, con la Felicitas encallada en las costas de Uruguay. Según el memorándum de Angelini, la lancha había partido desde el puerto de Quequén con víveres y combustible para 15 días, pero sin las redes ni los envases típicos de una operación de pesca. En cambio, llevaba lonas inusuales y un transmisor de radio en perfecto estado.

El patrón de la embarcación, Antonio Ricci, fue visto días antes en el Hotel San Martín de Necochea —un sitio de categoría poco frecuentado por pescadores— en compañía del tripulante Esteban Alarcón y un tercero no identificado, con quien habrían pactado el traslado de personas que “necesitaban abandonar urgentemente el país” tras el arresto de Eichmann. La suma que se habría pagado por la operación: 1.600.000 pesos de entonces, unos 20.000 dólares.
Camperas de cuero y un camión rumbo al puerto
La noche del 24 de mayo de 1960, cuatro hombres “al parecer extranjeros” y vestidos con camperas de cuero abordaron un camión frente a la casa de un dirigente nacionalista local, de apellido Micelli. Desde allí fueron trasladados al puerto, y esa misma noche zarpó la Felicitas.
Aunque no se especifica quiénes eran los pasajeros, otro documento clave —el “Parte 884” de la SIDE, fechado el 9 de junio de 1960— señala que la lancha fue hallada varada en Uruguay y que habría transportado, entre otros, a un ex secretario de la CGT de Necochea y a un funcionario de la policía bonaerense vinculados con el régimen depuesto en 1955. Este informe, generado apenas 29 días después del secuestro de Eichmann, refuerza la hipótesis de que existió una operación encubierta para evacuar personajes comprometidos con el nazismo o el autoritarismo.
Una huida con apoyo institucional
Otro elemento llamativo del memorándum policial es que la salida de la lancha fue autorizada por la subprefectura marítima local, presuntamente debido a la amistad entre su jefe y Ricci. “Personas avezadas en navegación aseguraron que, por las características de la embarcación y el combustible embarcado, podrían haber llegado a Sudáfrica o Brasil”, sostiene el informe. Si bien una avería pudo haber alterado la ruta, la hipótesis más verosímil es que tomaron rumbo sud-sudeste, lejos del Río de la Plata.
El comportamiento de los familiares de la tripulación también llamó la atención: mostraban una inusual tranquilidad frente a la desaparición de sus seres queridos. Según testigos de Necochea, en todo momento manifestaron la convicción de que “no les habría ocurrido nada grave”.

Antes de cerrar el trato con Ricci y Alarcón, los organizadores del viaje habrían intentado contratar a otro pescador, de apellido Paleo, domiciliado en la calle 59 de Necochea. Sin embargo, este se negó a participar del operativo.
Aunque no se pudo confirmar con certeza si entre los pasajeros hubo criminales nazis buscados internacionalmente, el contexto, la urgencia del viaje, el pago en efectivo y el posterior hallazgo de la lancha en Uruguay pintan un cuadro sumamente sospechoso.
El rompecabezas de la posguerra
El caso de la Felicitas se suma al entramado de rutas de escape, complicidades y silencios que permitieron que cientos de nazis encontraran refugio en la Argentina de la posguerra. Si bien gran parte de los documentos desclasificados no aporta revelaciones nuevas —en su mayoría recortes de prensa ya conocidos—, algunos informes como el del Capitán Angelini arrojan pistas valiosas sobre operaciones encubiertas poco exploradas.
La historia de la Felicitas no sólo revela un intento desesperado de huida tras la caída de un jerarca nazi: también expone una red que habría incluido favores de autoridades locales, movimientos logísticos precisos, y una connivencia social e institucional que todavía hoy cuesta enfrentar.
¿Quiénes eran los hombres de las camperas de cuero? ¿Lograron escapar definitivamente? ¿Qué papel jugó la Prefectura en autorizar el viaje? Mientras esas preguntas siguen abiertas, la lancha Felicitas —convertida en símbolo del escape y el encubrimiento— continúa encallada en la historia secreta del nazismo en Argentina.



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