La noticia de la muerte de Darío Lopérfido sacudió el arco político y cultural de la Argentina este viernes. El exfuncionario falleció a los 61 años como consecuencia de una Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), una afección neurodegenerativa que deterioró su salud de manera acelerada en los últimos meses.
Allegados a la familia confirmaron el deceso, que ocurre poco tiempo después de que el propio Lopérfido decidiera romper el silencio sobre su diagnóstico. Lo hizo a través de un artículo descarnado y fiel a su estilo provocador, donde abordó la enfermedad sin ningún tipo de filtro ni eufemismo.
En aquel texto, publicado en el sitio Seúl, el exdirector del Teatro Colón fue contundente al afirmar que tener ELA “es una mierda”. Su visión sobre la muerte y la vejez reflejó la personalidad de un hombre que siempre prefirió la confrontación y la honestidad brutal por sobre los discursos políticamente correctos.

Darío Lopérfido y su recorrido
El hombre nacido en Buenos Aires en 1964, tenía una columna en Radio Rivadavia que era transmitida por Radio Up construyó una carrera polifacética que unió el periodismo, la gestión cultural y la política de alto nivel. Su salto a la fama masiva llegó de la mano de Fernando de la Rúa, durante cuya presidencia ocupó roles clave en el área de Cultura y Medios.
Durante esa etapa, fue uno de los rostros más visibles del Grupo Sushi. Este núcleo de jóvenes asesores, caracterizado por un perfil cosmopolita y moderno, contrastaba fuertemente con la estructura tradicional del radicalismo y quedó marcado por la estética de la Alianza antes de la crisis de 2001.
Su vida privada también estuvo bajo la lupa mediática, especialmente por su vínculo con la recordada música María Gabriela Epumer. Aquella relación entre el funcionario y la guitarrista de Charly García unió dos mundos aparentemente distantes, dejando un recuerdo de afecto que Lopérfido siempre reivindicó.
Años después, se integró a la gestión de Mauricio Macri en la Ciudad de Buenos Aires. Como Ministro de Cultura porteño, buscó profesionalizar las áreas artísticas, aunque su paso no estuvo exento de fuertes polémicas y cruces con sectores que cuestionaban su sesgo ideológico.
Uno de sus hitos de gestión fue la dirección del Teatro Colón, donde impulsó coproducciones internacionales. Sin embargo, su carrera política sufrió un quiebre cuando cuestionó públicamente la cifra de 30.000 desaparecidos, declaraciones que provocaron un repudio generalizado y su posterior renuncia en 2016.
En sus últimos años, alejado de los cargos públicos pero activo en redes y medios, mantuvo su perfil de intelectual provocador. Su matrimonio con Esmeralda Mitre y el posterior nacimiento de su hijo Theo con Vinnie Blache Spencer también formaron parte de su bitácora personal pública.
La ELA terminó por apagar su voz, pero no su capacidad de generar debate. Al final, prefirió despedirse con una reflexión sobre la falta de épica de su padecimiento, rechazando los relatos de superación y aceptando el destino con la frialdad de quien siempre se sintió un outsider del consenso.
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