Los créditos de carbono suelen aparecer en el debate público asociados a la conservación de bosques, la reducción de emisiones o el cambio climático. Sin embargo, detrás de ese concepto existe un proceso técnico complejo que involucra mediciones, auditorías independientes y estándares internacionales.
Para comprender mejor el alcance de la certificación obtenida por Misiones, Ángelo Sartori, Senior Director de Government and Policy Engagement de Verra, dialogó con Radio Up y explicó que los llamados bonos o créditos de carbono representan una medida concreta y verificable.
“Más formalmente nosotros lo llamamos unidades de carbono verificadas y esto representa una tonelada de dióxido de carbono que fue evitada o removida de la atmósfera por alguna actividad antrópica”, señaló.
Estas unidades constituyen la base de los mercados de carbono, donde pueden ser comercializadas.
“Son la unidad que se comercializa en los mercados de carbono, que son instrumentos financieros que buscan generar movimiento financiero en términos de estos beneficios climáticos medibles”, explicó.

¿Cómo se generan los créditos de carbono?
Según detalló Sartori, existen distintos tipos de proyectos capaces de generar créditos de carbono.
“Pueden tratarse de actividades que protegen un bosque, porque los bosques tienen esa capacidad de ser sumideros de carbono; restaurar ecosistemas, ya sea el suelo o los propios bosques; y también otros proyectos enfocados en el desarrollo de energías renovables”, indicó.
El proceso de certificación
Uno de los aspectos centrales del sistema es la verificación independiente de los resultados.
Sartori explicó que Verra administra uno de los estándares internacionales utilizados para certificar este tipo de iniciativas, aunque aclaró que la validación no depende de la propia organización ni de quienes impulsan el proyecto.
“Hay que contar con un proyecto, hacer toda la documentación que implica la actividad que reduce o remueve gases de efecto invernadero y seguir ciertos requerimientos para que sean unidades reales y medibles”, señaló.
Posteriormente intervienen entidades auditoras independientes.
“Esto se audita a través de entidades que nosotros llamamos cuerpos de validación y verificación, que son independientes de tercera parte. No somos nosotros ni es el gobierno. Tienen que tener esa objetividad para revisar que las normas se están cumpliendo”, precisó.
Una vez concluido ese proceso, se determina la cantidad de créditos generados.
“Cuando se cumple todo el procedimiento y se hace la cuantificación basada en la mejor ciencia y tecnología disponible, se determina cuántas toneladas y cuántos créditos de carbono quedan en la cuenta del titular del proyecto”, explicó.
El caso de Misiones

Consultado sobre qué permitió que Misiones avanzara en este proceso, Sartori destacó principalmente el trabajo sostenido durante varios años y la continuidad de los equipos técnicos involucrados.
“La primera vez que escuché del programa fue por ahí por 2019. Si solo consideramos 2019 como inicio hasta 2026, son varios años. Por eso hablo de paciencia y de insistir hasta que las cosas resulten”, recordó.
En ese sentido, consideró que uno de los factores clave fue la persistencia de quienes participaron del proceso.
“Hay un tema de importancia en el rol técnico de los involucrados en la provincia para llevar adelante el programa. La palabra paciencia puede sonar bastante sutil, pero es importante por la cantidad de años de no rendirse en situaciones donde todo se veía lejano”, afirmó.
También señaló que las características ambientales de Misiones resultan relevantes para este tipo de iniciativas.
“Obviamente también contar con un ecosistema forestal como el que tiene la provincia hace que todos los factores se combinen para haber llegado a este punto”, indicó.
La relevancia del proceso radica en que la provincia logró completar una instancia que pocas jurisdicciones han alcanzado dentro de este tipo de programas internacionales: convertir resultados vinculados a la conservación y protección de los bosques en créditos de carbono certificados bajo estándares globales.
Esto implica que las reducciones de emisiones asociadas a esos ecosistemas fueron medidas, auditadas y verificadas mediante procedimientos independientes, permitiendo transformarlas en unidades reconocidas dentro de los mercados de carbono.
¿Existe demanda para estos créditos?

Respecto de la etapa comercial, Sartori aclaró que Verra no participa en la búsqueda de compradores ni en las negociaciones. No obstante, aseguró que existe interés en este tipo de activos ambientales.
“La demanda de los mercados de carbono existe. Hay muchos compradores en el mundo buscando créditos de programas jurisdiccionales liderados por gobiernos, créditos certificados por estándares como los que administramos nosotros y también créditos ubicados en el cono sur latinoamericano”, sostuvo.
Entre los potenciales compradores mencionó empresas vinculadas a la tecnología, la aviación internacional y el sector energético.
Transparencia y acceso público a la información
Uno de los puntos abordados durante la entrevista fue la posibilidad de que cualquier ciudadano pueda verificar la información que respalda la certificación.
Sartori aseguró que la transparencia constituye una exigencia central dentro del sistema: “Los mercados de carbono de calidad tienen que ser transparentes”, afirmó.
Por esa razón, toda la documentación vinculada al programa se encuentra disponible públicamente.
“Toda la documentación del programa jurisdiccional de Misiones y de cualquier otro proyecto que haya generado créditos de carbono con nosotros en el mundo está disponible para que cualquiera pueda acceder”, explicó.
Además, recordó que durante el proceso se realizaron consultas públicas y que también pueden consultarse los informes de auditoría y los cálculos utilizados para determinar las reducciones certificadas.
“Cualquier misionero, y de hecho cualquier persona en Japón si quiere, puede revisar la información porque está disponible y es parte de nuestras exigencias”, destacó.
Un instrumento con más de dos décadas de historia

Lejos de tratarse de una herramienta reciente, Sartori explicó que los mercados de carbono tienen una trayectoria de más de 25 años y surgieron en el marco de acuerdos internacionales vinculados al cambio climático.
“Algunos todavía dicen los nuevos mercados de carbono, pero los mercados de carbono cumplieron la mayoría de edad hace tiempo”, señaló.
Su evolución estuvo ligada tanto a mecanismos internacionales impulsados por Naciones Unidas como a iniciativas voluntarias desarrolladas por actores privados.
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El rol de los créditos de carbono
Sobre los cuestionamientos que suelen surgir en torno a estos mecanismos, Sartori sostuvo que el foco debe estar puesto en la evidencia verificable.
“Acá es demostrable lo que se logró. Hay datos detrás que se pueden revisar de manera objetiva”, afirmó.
Además, explicó que desde Verra promueven una secuencia de acción que prioriza la reducción de emisiones antes de cualquier compensación.
“Primero las entidades deben medir cuánto emiten, después reducir cuánto emiten con su propio esfuerzo y lo residual compensarlo con créditos de carbono”, indicó.
Finalmente, destacó que estos instrumentos han permitido financiar iniciativas ambientales en distintas partes del mundo.
“Hay que entender que los instrumentos de mercado de carbono han movilizado mucho financiamiento para realizar actividades ambientales que, sin este instrumento, posiblemente no se hubieran realizado”, concluyó.
Amplían el plazo de licitación para la concesión del puerto de Posadashttps://t.co/1pZfvs5r9r pic.twitter.com/bY4P8Lxafr
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