El cirujano cardiovascular Osvaldo Amerio, líder de la startup de salud, CloverLife e integrante de Sanatorio IOT, confirmó que la empresa nacida en Misiones inició pruebas en animales en París y cerró un financiamiento de la Fundación Barceló. El dispositivo busca convertirse en la “válvula ideal” para reemplazos cardíacos, combinando lo mejor de las biológicas y las mecánicas.
En diálogo con Arriba la Radio por Radio Up, Amerio explicó que el proyecto nació hace más de una década y se potenció gracias a la convocatoria Incubando Salud, de la Fundación Barceló. “Nos presentamos a un concurso de Incubando Salud, una división de la Fundación Barceló que promueve emprendimientos en salud. Había más de 100 proyectos y fuimos seleccionados primeros. A partir de ahí Clover se hizo visible”, contó.
El cirujano destacó que el vínculo con el rector Axel Barceló permitió que la institución decida por primera vez invertir directamente en una startup: “Ellos siempre siguieron nuestro avance y ahora nos eligieron para hacer su primera inversión. Estamos muy contentos de estar nuevamente con ellos”.
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Una válvula disruptiva
CloverLife trabaja en el desarrollo de una válvula que busca resolver las limitaciones de las prótesis actuales. “Hoy existen dos grandes grupos de válvulas: biológicas y mecánicas. Las biológicas no requieren anticoagulantes, pero se deterioran a los 8 o 10 años. Las mecánicas duran más, pero obligan al paciente a medicarse de por vida”, explicó Amerio.
La innovación de CloverLife combina ambas ventajas: “Nuestra válvula abre como una biológica, tiene un flujo laminar central y está hecha con un material disruptivo que evita la formación de trombos. Sería la ‘válvula ideal’, que hoy no existe”.
El calendario de CloverLife apunta a dar un paso decisivo en poco tiempo. Según adelantó Osvaldo Amerio, si los resultados de las pruebas en animales se mantienen positivos, el primer implante en humanos podría concretarse en el segundo semestre de 2026. “Cada paso exige mucho dinero y rigurosidad. El estudio preclínico en animales ronda los 600.000 dólares, y a partir de esos resultados seguiremos el lineamiento de la FDA para avanzar hacia la fase clínica”, explicó el cirujano cardiovascular, destacando que el regulador estadounidense FDA ya sigue de cerca el proyecto.

Patentes y alianzas internacionales
Amerio detalló que el proyecto ya cuenta con patentes en Estados Unidos y en cinco países de la Unión Europea. Además, recibió financiamiento del grupo CITES (Sancor Seguros) y ahora de Fundación Barceló.
“Hoy Clover está financiado por ambas instituciones. Tenemos un holding en Estados Unidos, otro en Argentina y estamos evaluando abrir una sede en Europa”, precisó.
La consolidación de CloverLife como empresa también estuvo marcada por la incorporación de aliados estratégicos. Amerio recordó que conoció al médico Diego Cheja en el programa Incubando Salud, quien se convirtió en su socio y aportó la experiencia empresarial necesaria para dar el salto al ecosistema internacional.
“Hasta entonces éramos solo ciencia; con Diego comenzamos a pensar la empresa como un proyecto global”, señaló. A su vez, el proyecto se nutre del acompañamiento del doctor Carlos Schvezov, investigador del CONICET y referente en ciencia aplicada de Misiones, quien colabora en la validación y proyección tecnológica del dispositivo.

Ensayos en Francia y próximos pasos
El equipo inició la etapa preclínica en París, donde implantaron la válvula en ovejas, el modelo utilizado antes de pasar a humanos. “Hace tres semanas hicimos implantes en dos ovejas. El protocolo indica que deben vivir 90 días y ya pasamos los primeros 30 en buenas condiciones. Esperamos llegar a los 90 para avanzar hacia la fase clínica”, indicó.
El calendario es exigente: “Si todo sigue bien, el primer implante en humanos podría realizarse en el segundo semestre de 2026. Cada paso cuesta mucho dinero: solo el estudio preclínico en animales ronda los 600.000 dólares”.
La empresa ya mantiene conversaciones con la FDA de Estados Unidos, que sigue de cerca el avance del proyecto.

Ciencia, empresa y riesgo
Amerio también reflexionó sobre la transición del laboratorio al mundo emprendedor: “Hasta Incubando Salud era solo ciencia. Pero para avanzar hay que salir a buscar fondos, y eso requiere un ecosistema empresarial. Estos proyectos tienen un alto riesgo: de cada 100, solo uno llega a buen puerto”.
La búsqueda de inversores es constante: “Clover no factura, solo gasta. Necesitamos apoyo permanente para no frenar el proyecto y llegar lo más rápido posible al mercado”.
El potencial impacto es enorme: se estima que en el mundo se realizan 400.000 cirugías de reemplazo valvular por año. CloverLife aspira a que su dispositivo sea una opción elegida en esa demanda global. “La idea es que nuestra válvula supere la expectativa de vida del paciente y evite la necesidad de anticoagulantes. Eso significaría una mejora enorme en calidad de vida”, concluyó Amerio.



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