La situación de los trabajadores de la Dirección Nacional de Migraciones en Misiones atraviesa uno de sus momentos más delicados, marcado por salarios bajos, falta estructural de personal, sobrecarga laboral en los pasos fronterizos y un sistema que funciona con una infraestructura obsoleta frente a un flujo de tránsito que no para de crecer. Así lo expresó Mirna Chamorro, recientemente electa como la primera mujer en conducir la Junta Interna de ATE en Misiones, en un hecho histórico para el sindicalismo estatal dentro de un organismo clave para la seguridad y la soberanía.
Chamorro explicó, en diálogo con Radio Up, que su llegada a la conducción gremial no es un hecho aislado, sino el resultado de “un largo camino de lucha de muchas mujeres y también de muchos varones que comprendieron los procesos de transformación”. En ese marco, destacó que hoy las mujeres ocupan espacios de poder porque la legitimidad fue construida con trayectoria, militancia y compromiso dentro del Estado.

Un organismo estratégico con apenas 4.000 trabajadores
Migraciones es un área extremadamente sensible del Estado argentino. Sus trabajadores son responsables de custodiar las fronteras, controlar el ingreso y egreso de personas y garantizar la seguridad en cada paso internacional. Sin embargo, Chamorro advirtió que el organismo apenas cuenta con unos 4.000 trabajadores en todo el país, una cifra irrisoria para una Argentina extensa, rodeada de fronteras y con pasos de alto tránsito como Posadas, Iguazú y Ezeiza.
En Misiones, una de las provincias con mayor extensión de frontera internacional, la falta de personal se siente de manera dramática. Según explicó, el paso internacional Posadas–Encarnación requiere refuerzos permanentes, guardias extendidas y la llegada de trabajadores de otros puntos del país en temporada alta, lo que genera desgaste físico, jornadas extenuantes y dificultades operativas cada vez más profundas.
“La estructura de Migraciones no creció al ritmo del país. Seguimos trabajando con la misma base de hace casi 20 años, mientras el tránsito se multiplicó”, sostuvo Chamorro. En fines de semana largos o temporadas altas, el flujo diario puede alcanzar entre 15.000 y 20.000 cruces, una cifra imposible de sostener sin un refuerzo real de la planta.
El control integrado profundizó la sobrecarga
Uno de los puntos más sensibles del reclamo es la implementación del control integrado con Paraguay, que trasladó una parte sustancial de la operatoria al lado argentino. Hoy, el personal de Migraciones Argentina no solo recibe al pasajero, sino que realiza el trámite completo, detecta alertas, articula con fuerzas de seguridad y, en caso de ser necesario, deriva a las autoridades paraguayas.
Esto implicó una complejización total del trabajo, especialmente para inspectores, supervisores y jefaturas. Chamorro reconoció que la responsabilidad simbólica también se incrementó, porque ahora es el Estado argentino el que asume la ejecución total del procedimiento migratorio.
“El trabajador que antes hacía solo una parte del trámite hoy tiene la responsabilidad completa de garantizar que cada persona salga o ingrese al país de manera segura”, explicó. A esto se suman los enlaces con los sistemas informáticos de Paraguay, lo que duplicó los controles y los tiempos operativos.

Salarios, contratos y asamblea permanente
En el plano salarial, la dirigente gremial fue contundente: los aumentos paritarios son insuficientes y actualmente el acuerdo se encuentra prácticamente frenado. La mitad de la planta de Migraciones en el país trabaja bajo contratos, con pocos pases a planta permanente en los últimos años.
ATE Migraciones se encuentra en asamblea permanente, aunque hasta ahora no se avanzó con medidas de fuerza de gran escala debido a que no se registraron despidos injustificados durante la actual gestión. No obstante, Chamorro advirtió que el gremio tiene herramientas de presión muy claras si la situación se agrava.
“La frontera es el corazón del sistema. Cuando se activa un trabajo de reglamento coordinado entre Posadas, Iguazú y Ezeiza, el impacto es nacional”, explicó, al tiempo que aseguró que no permitirán despidos en un organismo que, lejos de tener excedente, necesita urgentemente más trabajadores.
Infraestructura obsoleta y tecnología limitada
Otro de los reclamos centrales es la infraestructura. El puente Posadas–Encarnación fue diseñado para un volumen de tránsito de hace más de dos décadas. Las casillas, los espacios de trabajo y los sistemas informáticos ya no responden a la demanda actual.
Chamorro reconoció que gran parte del equipamiento es obsoleto y que los sistemas funcionan con lentitud. Esa combinación se traduce directamente en filas, demoras y malestar social, aunque subrayó que el trámite migratorio no es un peaje, sino un control complejo que incluye verificación de identidades, documentación de menores, alertas judiciales, casos de trata de personas, tráfico y situaciones de violencia.
“Cada trámite es delicado. No se trata solo de rapidez, sino de garantizar que cada persona esté protegida”, afirmó.
Inteligencia artificial, pero con control humano irremplazable
En cuanto al futuro del sistema, Chamorro confirmó que Migraciones evalúa la incorporación de herramientas de inteligencia artificial para agilizar los procesos. Sin embargo, dejó en claro que el control humano es irremplazable.
Las entrevistas cara a cara permiten detectar víctimas de trata, situaciones de violencia, menores en riesgo o documentación apócrifa, tareas que ninguna máquina puede reemplazar por completo. “El factor humano es la base de la seguridad migratoria”, sostuvo.

Misiones, una frontera saturada y sin margen de error
En diciembre, con las fiestas de fin de año, el tránsito se multiplica. Chamorro advirtió que hoy no existe margen operativo para absorber un crecimiento mayor sin inversión, infraestructura ni personal.
Además, muchos trabajadores no pueden acceder a pases para reunirse con sus familias en el interior porque no hay quién cubra los puestos. Otros deben trasladarse desde provincias lejanas con viáticos que no alcanzan para sostener su estadía.
“Hablar de despidos es absurdo. Migraciones necesita más gente, no menos”, concluyó.
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