El primer trimestre de 2025 trajo señales de una recuperación tenue en el consumo argentino, luego de un 2024 atravesado por una política de ajuste profundo que contrajo con fuerza el poder adquisitivo. A pesar de algunos brotes verdes, el escenario aún se define más por el reacomodamiento que por el rebote.
Según el informe “Bases de consumo para pensar la reconstrucción”, elaborado por la consultora NielsenIQ, el consumo muestra una incipiente reactivación empujada por una mejora parcial del ingreso disponible, sobre todo en los sectores socioeconómicos más altos. Sin embargo, la mayoría de los indicadores todavía se ubican por debajo de los niveles de 2023.
“El consumidor argentino está saliendo de una crisis larga, con un perfil mucho más racional y selectivo. Aunque aparecen señales de recuperación, todavía predomina una lógica de cuidado extremo del gasto”, explicó Javier González, director comercial de NielsenIQ Argentina
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En este contexto, es importante mencionar que la teoría del consumo, en el marco de este informe sobre el consumo argentino, nos ayuda a entender por qué, pese a una mejora en el ingreso disponible, el gasto no crece de manera explosiva ni uniforme. Según esta teoría, los consumidores no solo responden al ingreso actual, sino que también ajustan sus decisiones de gasto basándose en expectativas de estabilidad económica y riesgos futuros.
En este sentido, tras una larga crisis y pérdida de poder adquisitivo, los argentinos muestran un comportamiento más racional y cauteloso, priorizando la compra de productos básicos y aprovechando promociones, antes que aumentar el consumo de bienes durables o servicios. Así, la teoría del consumo explica la dinámica de un gasto más selectivo y prudente, con una recuperación parcial y desigual entre distintos sectores sociales.
Radiografía del consumo: desigual, selectivo y con lupa en las promociones
- El ingreso disponible empieza a mejorar, aunque de forma desigual: los sectores altos (NSE altos) encabezan el repunte, volcándose a bienes durables, turismo e inmuebles. En cambio, los sectores bajos siguen altamente condicionados por el gasto en alimentos y bebidas, que representan el 32% de sus compras, contra el 14% en los sectores más acomodados.
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La canasta de consumo masivo cayó -1,6% en volumen respecto a 2024, aunque con una recuperación significativa en rubros como cuidado personal (+62%) y limpieza (+61%), dos categorías sensibles a las rutinas cotidianas del hogar.
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El auge de las promociones es inédito: 91% de las categorías crecieron bajo promoción, y el volumen vendido con descuento subió un 110% frente al año anterior. La lógica del consumidor pasó del stockeo a la caza de ofertas puntuales.
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Los supermercados toman impulso: 57% de las categorías mostraron crecimiento en volumen y las primeras marcas aumentaron su participación del 25,8% al 28,1%. En cambio, los autoservicios pierden participación, con el cierre acumulado de 1.700 locales desde 2019, especialmente en el GBA.
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Los canales tradicionales como almacenes y perfumerías comienzan a ganar espacio con un surtido más pequeño, precios bajos y formatos accesibles.

La Ley de Engel en el marco argentino
La Ley de Engel es una teoría económica formulada en el siglo XIX por el estadístico alemán Ernst Engel. Esta ley observa cómo las personas distribuyen su ingreso entre diferentes necesidades, y sostiene que a medida que el ingreso de una familia aumenta, el porcentaje que destina a alimentos disminuye, aunque el gasto absoluto en comida pueda subir. Es decir, una familia rica gasta más dinero en comida que una pobre, pero esa porción representa una parte menor de su ingreso total.
Esto se debe a que los alimentos son una necesidad básica: todos necesitamos comer, pero hay un límite práctico en cuánto podemos consumir. En cambio, cuando una persona tiene un ingreso más alto, puede cubrir fácilmente esa necesidad y tiene margen para gastar en otras cosas que antes no podía: educación, salud privada, vacaciones, electrodomésticos, mejoras en la vivienda, entretenimiento o ahorro. Así, el patrón de consumo se diversifica.
En el caso de Argentina hoy, lo vemos reflejado claramente en el informe de NielsenIQ: los sectores socioeconómicos bajos destinan hasta el 32% de su gasto total a alimentos y bebidas, mientras que los sectores altos sólo un 14%, y destinan el resto a rubros como turismo, inmuebles o bienes durables. Esto muestra cómo la Ley de Engel no es sólo una teoría histórica, sino una herramienta actual para entender la desigualdad y los hábitos de consumo según el nivel de ingreso.



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