Productores yerbateros de Misiones y Corrientes advirtieron que 2025 terminó como uno de los peores años para la actividad, por la falta de rentabilidad, la incertidumbre institucional y medidas oficiales que, según denuncian, no ofrecieron soluciones reales, situación que pone en riesgo la continuidad de la producción desde enero de 2026. La preocupación fue expresada tras reuniones sectoriales realizadas al cierre del año para evaluar el impacto económico y regulatorio que enfrentan.
Los referentes de la actividad coincidieron en que los ingresos no alcanzaron para cubrir los costos, aun cuando hubo señales positivas en exportaciones y consumo interno, dato que generó molestia porque los beneficios no llegaron al productor. “El mercado puede mostrar números verdes, pero al chacarero no le cambia nada”, reclamaron desde asociaciones locales.

Entre los puntos que más tensión generaron en 2025, destacaron:
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Aumento del estampillado aplicado por el INYM.
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Reducción de personal en el organismo de control.
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Falta de orientación técnica e institucional.
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Cambios en criterios de cosecha, como la habilitación de cosechar en octubre y noviembre, una práctica históricamente restringida y que ahora genera dudas sobre la calidad final del producto.
Las organizaciones rurales remarcaron que, pese a las cartas enviadas y las gestiones realizadas, no hubo respuestas suficientes del Estado ni del INYM para garantizar la sostenibilidad de los pequeños y medianos productores. Solicitaron nuevas audiencias formales antes de que inicie la temporada 2026 para definir precios, regulación y medidas de apoyo.
De no existir señales claras, el sector yerbatero advierte que crecerá el abandono de yerbales, lo que impactaría directamente en toda la cadena: secaderos, cooperativas, transporte y empleo regional. “Sin un marco regulatorio estable y un precio justo, no hay futuro posible”, sostuvieron.

2026 arranca con un escenario abierto para la yerba: productores exigen definiciones urgentes para evitar una crisis mayor, mientras reclaman que el crecimiento de los mercados, si se confirma, se traduzca finalmente en ingresos reales para quienes sostienen la actividad desde la chacra.



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