Proteccionistas de distintos puntos de la provincia de Buenos Aires cuestionaron el proyecto de ley impulsado por la diputada libertaria Karen Reichardt para regular refugios, hogares de tránsito y criaderos de animales, al considerar que la iniciativa equipara actividades con objetivos diferentes y podría dificultar el funcionamiento de organizaciones que trabajan principalmente con voluntarios y aportes particulares.
Laura Parodi, integrante fundadora de Callejeritos Villa Elisa, y Eduardo, voluntario de Casa Refugio de Capilla del Señor, señalaron que los refugios reciben animales rescatados, los rehabilitan y buscan hogares adoptivos, mientras que los criaderos desarrollan una actividad vinculada a la reproducción y comercialización de animales.
Para Parodi, “la ley que busca regular refugios y criaderos es, básicamente, un engaño”. Según explicó, “Los refugios se ocupan de alojar animales rescatados, rehabilitarlos y darles la mejor vida posible hasta que encuentren un hogar. Los criaderos son núcleos de explotación animal”.
La proteccionista sostuvo que tratar a ambos espacios bajo una misma normativa “esconde un negocio que seguramente será para pocos y encima con animales de por medio”. En ese sentido, planteó que el Estado debería acompañar el trabajo de los refugios y, al mismo tiempo, establecer controles sobre los criaderos.
“Sería bienvenida una ley que apuntale y colabore con las tareas de los refugios. Y otra que evite que los criaderos sigan maltratando y arruinando la vida de los animales”, afirmó Parodi.
Eduardo también rechazó el proyecto y calificó como “una aberración” la posibilidad de crear un registro nacional que incluya bajo una misma regulación a refugios y criaderos.
“Desde una mirada política, formar una comisión nacional de registro de refugios parece más bien una medida para tener el control absoluto de algo. Eso podría estar bien si fuera una actividad privada, pero en este proyecto le pifiaron muchísimo porque trata a todos por igual”, sostuvo.
El voluntario advirtió que los requisitos previstos podrían resultar difíciles de cumplir para espacios que funcionan con recursos limitados. Entre las exigencias mencionó “un plan de evacuación, un sistema contra incendios, pagos mensuales o tener un director técnico veterinario matriculado de forma permanente”.
Según explicó, esas condiciones no contemplarían la dinámica de los grupos de rescate, que suelen afrontar emergencias con aportes de sus propios integrantes y colectas. “Esta ley pone en jaque la existencia misma de los refugios y de los rescatistas. Si yo, que pongo mediodía de mi trabajo, dinero, esfuerzo y emociones para hacer esto porque quiero, tuviera que aplicar esa ley, directamente no podría ni animarme a seguir”, afirmó.
Las dificultades de los refugios
El funcionamiento de Casa Refugio, en Capilla del Señor, refleja parte de las dificultades que enfrentan estos espacios. Actualmente alberga 55 perros y otros 10 animales en tránsito, mientras que cinco meses atrás la cantidad rondaba los 70.
El predio fue cedido por la Municipalidad y recibe alimento como parte de la asistencia oficial, pero gran parte de las tareas depende de voluntarios. El lugar cuenta con una hectárea y media y 23 caniles, aunque alrededor del 80% de los alambrados necesita ser reemplazado.
A esto se suman los gastos veterinarios. Eduardo estimó que el refugio destina entre un millón y un millón y medio de pesos mensuales a tratamientos, debido a que recibe animales atropellados, abandonados, heridos, fracturados o en estado crítico.
También calculó que construir dos caniles nuevos y reparar otros dos demanda aproximadamente 4 millones de pesos. Entre las principales necesidades figuran fondos para atención veterinaria, alimento, alambrado y mano de obra.
En tanto, Callejeritos Villa Elisa trabaja con alrededor de 80 animales, aunque no dispone de un refugio propio. Los perros y gatos rescatados son alojados en viviendas de integrantes de la agrupación, hogares de tránsito y guarderías hasta encontrar una familia definitiva.
La organización financia su actividad mediante colaboradores, ferias, eventos, rifas y venta de merchandising. Parodi señaló que actualmente necesita principalmente hogares de tránsito y asistencia económica, especialmente para afrontar tratamientos e internaciones de animales que llegan en condiciones graves.
El temor por las exigencias
Para Eduardo, una regulación que no contemple las condiciones reales de los rescatistas podría reducir la capacidad de respuesta ante emergencias.
“Este proyecto de ley, que me parece redactado por personas sin conocimiento o con intereses muy particulares, pone en riesgo toda esa solidaridad espontánea”, afirmó.
Como ejemplo, recordó un operativo en el que voluntarios rescataron numerosos perros que se encontraban hacinados en una vivienda. A partir de una colecta, los animales fueron castrados, atendidos y difundidos para conseguir adopciones.
“Hay mucha respuesta de la gente”, señaló al recordar que personas que ni siquiera conocían al refugio colaboraron con traslados y donaciones.
“Si una ley te exige requisitos imposibles cuando estás haciendo una labor 100% voluntaria, me parece una aberración”, insistió.
Más allá del proyecto, Eduardo sostuvo que una normativa específica para refugios podría ser positiva si contemplara las necesidades de estas organizaciones. Sin embargo, consideró que los refugios deberían ser una respuesta transitoria y no una solución permanente al abandono animal.
“Existen porque el Estado no responde. Lo que realmente se necesita es un plan de educación de base para cambiar la cultura de las personas, para entender que el animal es un ser sintiente que no puede estar atado, muerto de hambre o abandonado, y que hay que castrarlos porque si no, la reproducción es imparable”, explicó.
El voluntario planteó que la respuesta debería incluir educación, campañas de castración, sanciones efectivas contra el maltrato y políticas sostenidas de control poblacional.
“De lo contrario, haríamos leyes para tener 100.000 refugios porque hay millones de perros en la calle. Lo que debe cambiar es la cultura”, afirmó.
También cuestionó la capacidad actual de los organismos encargados de intervenir frente a situaciones de maltrato. Según sostuvo, algunas denuncias no avanzan porque “Zoonosis o la policía no actúan” y, cuando se retira un animal, muchas veces tampoco existe un lugar adecuado para alojarlo.
“Falta organización, presupuesto y una mirada comprometida; no están dadas las condiciones para que la ley actual se aplique de manera efectiva”, manifestó.
Finalmente, destacó el impacto de las campañas de castración sobre la cantidad de animales abandonados y mencionó el trabajo realizado en Exaltación de la Cruz, donde un hospital móvil recorre distintos barrios para realizar intervenciones.
“Hay partidos enteros que no castran”, advirtió Eduardo, quien consideró que las diferencias entre municipios muestran la necesidad de una política pública sostenida para reducir el abandono y el maltrato.
Callejeritos Villa Elisa recibe colaboraciones a través de sus redes sociales, donde figura como @callejeritosvillaelisa en Instagram, Facebook y TikTok. Casa Refugio, por su parte, solicita aportes económicos, materiales y mano de obra para afrontar gastos veterinarios, alimento y reparaciones del predio, y puede ser contactado mediante @casa_refugio.



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