Vivimos una época en la que todos parecen obligados a tener una respuesta inmediata. Las redes sociales premian las certezas antes que las preguntas. El algoritmo recompensa la velocidad mucho más que la reflexión. Y la política, muchas veces, termina cayendo en esa misma lógica: en pocas horas aparecen diagnósticos definitivos, sentencias inapelables y finales escritos antes de que la historia termine de desarrollarse.
El periodismo no debería contagiarse de esa ansiedad
Durante las últimas semanas, la política misionera habló, discutió, interpretó y, en algunos casos, dictó sentencia antes de tiempo. Hubo declaraciones, comunicados, fotografías y reuniones. Hubo dirigentes que eligieron los micrófonos y otros que eligieron las redes sociales. Para algunos, el espacio político que gobierna Misiones desde 2003 atraviesa una ruptura irreversible. Para otros, todo responde a una estrategia cuidadosamente diseñada.
Escuchamos a todos. Publicamos cada declaración. Contamos cada hecho. Pero mientras avanzaban las entrevistas y se multiplicaban las opiniones, hubo un dato que comenzó a llamarnos la atención. No por lo que se dijo. Sino por lo que todavía no se dijo.
Para entender el silencio, primero hay que entender el ruido
El conflicto tiene un punto de partida concreto. Carlos Rovira impulsó la creación de Encuentro Misionero, disolviendo el histórico Frente Renovador de la Concordia que gobernó la provincia por más de veinte años. La decisión no fue menor: significó romper con el instrumento electoral que sostuvo al misionerismo desde 2003, con todo lo que eso implica en términos de lealtades, estructuras territoriales y acuerdos acumulados durante dos décadas.
La ausencia más comentada en esa convocatoria fue la del gobernador Hugo Passalacqua. Su respuesta llegó en forma de imagen política: 67 intendentes reunidos en Ruiz de Montoya que lo reconocieron como máxima autoridad política de la provincia y reclamaron voz y voto en las decisiones de cara a 2027.
Desde el entorno del gobernador el mensaje fue directo: los impulsores de Encuentro Misionero "se fueron, y se fueron tan lejos que armaron otro partido." Desde el nuevo espacio, en cambio, se insistió en que las diferencias existen pero también hay mecanismos para preservar la gobernabilidad.
Al mismo tiempo comenzaron a instalarse nombres para la discusión sucesoria. Algunos dieron un paso al costado. Otros continúan apareciendo en las conversaciones. Paralelamente, funcionarios cercanos al gobernador comenzaron a impulsar públicamente su reelección, una discusión que por primera vez dejó los pasillos para desarrollarse a la vista de toda la sociedad.
No es un dato menor. El espacio que hoy debate internamente nació, en 2003, de una ruptura con el liderazgo político anterior. Las tensiones y los recambios son parte constitutiva de cualquier fuerza que permanece en el poder durante mucho tiempo. Eso no las hace menos reales, pero sí aconseja no precipitar conclusiones. Ese es el ruido.
Ahora viene el silencio
Porque mientras el debate parecía acelerarse, tres dirigentes eligieron exactamente la misma actitud.
Carlos Rovira. Hugo Passalacqua. Y Leonardo Stelatto.
No hablamos de tres dirigentes más. Hablamos del conductor político del espacio que gobierna la provincia desde hace más de dos décadas, del gobernador en ejercicio y del intendente de Posadas, la ciudad con mayor peso electoral de Misiones. Tres actores que, sumados, concentran la mayor capacidad real de definir el rumbo de los acontecimientos. Y los tres, simultáneamente, eligieron no alimentar el debate público sobre el desenlace.
El caso de Stelatto es ilustrativo. Fuentes cercanas a Encuentro Misionero lo ubican como el candidato mejor posicionado para encabezar la fórmula. Sin embargo, en una entrevista reciente eligió correrse del centro del debate: "Hoy me debo a la gente que me eligió como intendente. No es momento de hablar de candidaturas. La gente piensa en llegar al día de mañana." El que más tiene para ganar con una definición anticipada es, paradójicamente, el que menos habla.
Cuando en política coinciden los silencios de quienes más capacidad tienen para definir el rumbo, el periodismo tiene la obligación de prestar atención. No para interpretar ese silencio como confirmación de nada. Sino para no confundir el ruido de afuera con la decisión de adentro.
¿Significa eso que no existen diferencias?
No. Los hechos demuestran que existen, y que por primera vez en décadas se expresan a cielo abierto. Hay decisiones políticas que modificaron el escenario. Hay dirigentes históricos que comenzaron a confirmar el distanciamiento. Hay un debate sobre el futuro del espacio político que ocurre con una intensidad inédita.
¿Significa entonces que el desenlace ya está escrito?
Tampoco. Hay quienes sostienen que esta tensión fortalece al misionerismo porque lo obliga a renovar liderazgos y preparar una nueva etapa. Otros creen exactamente lo contrario: que el nivel de las diferencias puede terminar modificando el mapa político de la provincia, en un contexto donde la oposición ya expresó abiertamente su intención de disputar la gobernación en 2027. Las dos miradas existen. Las dos tienen argumentos. Ninguna, hasta hoy, tiene un desenlace confirmado.
Y justamente ahí aparece la responsabilidad del periodismo: no reemplazar los hechos por deseos, no transformar hipótesis en información, no escribir el final de una historia que todavía se está escribiendo.
Más allá de que funcionarios del Ejecutivo provincial sostienen hablar en representación del gobernador, Passalacqua no realizó declaraciones públicas propias confirmando una ruptura. Tampoco descartándola. Su comunicación pública, sostenida principalmente a través de sus redes sociales, muestra un foco casi exclusivo en la gestión: la relación con la Nación, los problemas concretos que el contexto nacional le genera a la provincia, las obras y las decisiones de gobierno. Quienes lo rodean sostienen en privado que la definición política llegará cuando tenga que llegar, pero que ahora no es el momento. Una postura, vale señalarlo, casi idéntica a la que el propio Leonardo Stelatto expresó públicamente ante Radio UP: "La gente piensa en llegar al día de mañana." Cuando dos dirigentes con tanto peso propio repiten el mismo argumento, es difícil no leerlo como una decisión coordinada.
Una última observación antes del cierre
Mientras esta editorial se terminaba de escribir, comenzaron a circular mensajes de ambos sectores intentando fijar posición. Algunos ya aparecen publicados en distintos medios de la provincia. No los reproducimos aquí porque su estado de verificación pública todavía es incompleto. Pero el hecho en sí merece ser señalado: cuando los comunicados empiezan a moverse en simultáneo desde los dos lados, cada sector considera necesario fijar públicamente su posición. Eso no confirma ningún desenlace. Pero sí muestra que el debate ingresó en una nueva etapa.
La historia que todavía no ocurrió está, al parecer, cerca de ocurrir
Quizás dentro de unas horas o unos días descubramos que quienes anticipaban una ruptura tenían razón. Quizás descubramos exactamente lo contrario.
Pero hay una pregunta que los hechos todavía no respondieron y que vale la pena sostener sin apuro: ¿están Rovira y Passalacqua construyendo caminos definitivamente separados, o están administrando en paralelo una transición que ninguno de los dos quiere que se les escape de las manos?
Las versiones seguirán circulando. Los hechos, tarde o temprano, siempre terminan hablando.



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