La acelerada adopción de herramientas de inteligencia artificial (IA) en las aulas de las escuelas está generando una ola de inquietud entre expertos, familias y docentes de distintos países. Un informe publicado en enero de 2026 por The Brookings Institution concluye que, en la realidad cotidiana de los estudiantes, los riesgos asociados a estas tecnologías superan hoy sus beneficios educativos.
Las aulas enfrentan desafíos inéditos
La investigación se realizó entre 2024 y 2026, con la participación de más de 500 estudiantes, docentes y familias de América, Europa, Asia y África. El auge de plataformas como ChatGPT que alcanzó los 700 millones de usuarios en 2025 motivó la elaboración del reporte, que busca anticipar peligros emergentes y proponer acciones que prioricen el bienestar infantil.

Según el estudio, el uso de IA se volvió transversal: alumnos la emplean tanto dentro del aula como en tareas personales, redes sociales, videojuegos y hasta para pedir consejos emocionales. En países como Corea del Sur y Estados Unidos, más del 90% de los adolescentes ya interactuó con sistemas de IA generativa. En Argentina, la cifra alcanza al 58% de los menores entre 9 y 17 años.
Si bien el informe reconoce avances significativos como la personalización del aprendizaje, el apoyo a estudiantes con discapacidad, la traducción de contenidos y la optimización del tiempo docente, advierte sobre un catálogo urgente de amenazas. Entre ellas se destacan la pérdida de habilidades cognitivas, el aislamiento social, la erosión de la confianza en la autoría académica, la dependencia tecnológica y la recolección de datos personales sin la debida protección.

“Es fácil. No tienes que usar el cerebro”, menciona uno de los estudiantes entrevistados, sintetizando la preocupación docente sobre la descarga cognitiva. Familias, por su parte, expresan la necesidad de educarse en el uso seguro de estas herramientas para acompañar a sus hijos.
El informe subraya, además, la falta de regulaciones específicas y denuncia que la mayoría de las plataformas utilizadas por menores no fueron diseñadas con fines educativos, sino comerciales, lo que expone a la infancia a riesgos de manipulación, acoso digital e inequidad en el acceso.

Frente a este escenario, la investigación propone tres ejes para avanzar: prosperar, integrando IA con criterios pedagógicos; preparar, alfabetizando digitalmente a estudiantes, docentes y familias; y proteger, mediante marcos regulatorios sólidos y sistemas con garantías éticas desde su diseño.
El documento concluye con un mensaje que interpela a gobiernos, empresas y comunidades educativas: las decisiones que se tomen en los próximos años definirán si la IA se convierte en un aliado para el aprendizaje o en un obstáculo para el desarrollo pleno de las nuevas generaciones.



//



