Antes de brillar en Las Vegas y consagrarse campeón iberoamericano, la historia de Ismael “El Terrible” Flores empezó lejos de las luces, en un rincón de Misiones donde el esfuerzo vale más que cualquier promesa.
En diálogo con Arriba La Radio por Radio Up, el boxeador repasó sus inicios y dejó en claro que su carrera no se construyó desde el talento puro, sino desde la constancia: “Había muchísimos mejores que yo, pero yo nunca me daba por vencido”. Ese ADN se forjó en la escuela municipal de boxeo de Campo Grande, donde dio sus primeros pasos.

La escuelita, el primer ring y una historia que empezaba
Flores llegó al boxeo casi por insistencia. Sus hermanos mayores ya entrenaban y él, curioso, quiso seguir el mismo camino. “Mi madre y mi padre no me dejaban ir, pero insistí tanto que al final me dijeron que vaya”, recordó.
Lo que comenzó como una inquietud juvenil se transformó rápidamente en un estilo de vida. Entre entrenamientos diarios, sacrificios y disciplina, el joven misionero empezó a construir una identidad dentro del ring. Ahí apareció también una figura clave: el entonces intendente de Campo Grande, Carlos “Caco” Sartori.

El apoyo que cambió todo
Sartori no solo fue testigo del crecimiento de Flores, sino también parte activa de su desarrollo. En la entrevista, recordó aquellos años con emoción. “Él siempre fue un potencial. Era muy dedicado, siempre cumplidor con los entrenamientos”, destacó.
El dirigente acompañó el proceso desde la estructura municipal, impulsando el desarrollo del boxeo local y respaldando a jóvenes talentos como Flores. Incluso rememoró noches inolvidables en el polideportivo: “El lugar se llenaba, era una locura. Ismael siempre hacía la pelea de fondo”. Ese respaldo fue clave para que el boxeador pudiera dar el salto hacia nuevos desafíos.

De Misiones a Europa: el camino que nadie ve
El salto no fue directo al éxito. Tras intentar sin éxito profesionalizarse en Argentina, Flores tomó una decisión determinante: emigrar. “En Buenos Aires no me dieron la oportunidad de ser profesional, entonces me vine a España”, explicó.
Desde 2019 construye su carrera en Europa, lejos de su familia y de su tierra. Allí no solo creció como deportista, sino también como persona. “El boxeo me dio disciplina, me dio trabajo, me dio un sueño”, sintetizó. Pero el proceso también tuvo momentos duros, como la pandemia, cuando estuvo cerca de abandonar todo.

El orgullo de todo un pueblo
Mientras Flores hacía historia en Las Vegas, en Campo Grande se vivía una fiesta. Sartori contó cómo se organizó un evento para seguir la pelea: “No sé si vieron la pelea porque todos estaban llorando de alegría”.
El vínculo entre el campeón y su pueblo sigue intacto. Cada logro se siente como propio en una comunidad que lo vio crecer desde chico. Y ese reconocimiento no pasa desapercibido para el propio boxeador. “Ellos saben cómo empezamos, cómo trabajamos para llegar hasta acá”, afirmó.

Un camino construido con disciplina
Lejos de romantizar su historia, Flores dejó un mensaje claro sobre el verdadero motor de su carrera: “El talento podés tenerlo, pero si no tenés disciplina, no alcanza”.
Esa filosofía lo llevó desde una escuelita municipal hasta los escenarios más importantes del boxeo mundial. Y también explica por qué hoy está a un paso de algo aún mayor.

El sueño que sigue vigente
A pesar del título conseguido, Flores no se conforma. Su objetivo está claro: “Quiero ser campeón mundial. Estamos muy cerca”. Mientras tanto, en Campo Grande ya sueñan con su regreso. Incluso el propio boxeador lo anticipó: “Me encantaría volver y hacer algo con la gente. Eso me ilusiona más que Las Vegas”.



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