La Federación Argentina de Cardiología (FAC) encendió las alarmas tras presentar los resultados del Registro ARFEY-Preser, el primer estudio nacional dedicado a analizar la insuficiencia cardíaca con fracción de eyección preservada, una forma de enfermedad cardíaca que crece silenciosamente en el país y que ya representa más de la mitad de los casos de insuficiencia cardíaca.
En diálogo con Radio Up, el cardiólogo Guillermo Coursak, integrante de la FAC, explicó que el objetivo principal del trabajo fue obtener datos concretos sobre cómo afecta esta enfermedad a la población argentina.
“En nuestro país no tenemos tantos datos fidedignos acerca de cómo esta enfermedad está afectando a los argentinos”, sostuvo.
El registro incluyó a 638 pacientes de 18 provincias argentinas y permitió confirmar varias tendencias que ya se observaban a nivel internacional: predominio en mujeres, edad avanzada y fuerte presencia de enfermedades asociadas como hipertensión arterial, diabetes, obesidad, arritmias y afecciones renales.
Una enfermedad frecuente, compleja y poco visible
La insuficiencia cardíaca con fracción de eyección preservada ocurre cuando el corazón mantiene su capacidad de bombeo, pero pierde elasticidad y no logra relajarse adecuadamente para llenarse de sangre.
Según explicó Coursak, esto genera síntomas progresivos, internaciones recurrentes y un fuerte deterioro en la calidad de vida de quienes la padecen.
“El corazón no se debilita, sino que sufre otras comorbilidades. Con todos esos cofactores, el paciente empieza a desarrollar una falla cardíaca”, detalló.
El especialista remarcó que la mortalidad anual ronda entre el 7% y el 10%, dependiendo del estado general del paciente y de las enfermedades asociadas.
El impacto del envejecimiento y los malos hábitos
Uno de los puntos centrales del análisis fue el envejecimiento poblacional. La edad promedio de los pacientes estudiados fue de 72 años.
Sin embargo, Coursak aclaró que el problema comienza mucho antes.
“No hay que preocuparse, hay que ocuparse. Cuando llega la edad avanzada, lo que tenemos son las consecuencias de lo que hicimos 20 o 30 años antes”, afirmó.
En ese sentido, insistió en la necesidad de incorporar hábitos saludables desde edades tempranas para prevenir enfermedades cardiovasculares.
El cardiólogo enumeró como principales factores de riesgo el sedentarismo, el tabaquismo, el sobrepeso, la hipertensión, la diabetes, el estrés crónico y las enfermedades renales.
Además, recomendó mantener una alimentación equilibrada basada en el modelo mediterráneo, rica en vegetales, proteínas saludables y aceite de oliva, con bajo consumo de carbohidratos y ultraprocesados.
“Todos debemos tener un programa de ejercicios diarios”, señaló.
Incluso destacó que, en adultos mayores, caminar entre 5.000 y 10.000 pasos por día puede modificar significativamente el pronóstico y mejorar la calidad de vida.
El rol del estrés y las emociones
Durante la entrevista también se abordó el impacto emocional y psicológico sobre la salud cardiovascular.
Aunque aclaró que “no existen enfermedades directamente relacionadas con lo emocional”, Coursak reconoció que el estrés sostenido puede agravar patologías previas y dificultar el control de enfermedades como la hipertensión.

“Lo emocional está implícito en muchas enfermedades. El gran desafío es cómo manejamos ese estrés”, explicó.
El médico ejemplificó que una persona hipertensa puede mantener controlada su presión durante años y sufrir descompensaciones en momentos de alta carga emocional.
Por eso, insistió en la importancia de encontrar equilibrio emocional y sostener controles médicos periódicos.
Diagnóstico y tratamiento: desafíos pendientes
El informe de la FAC también reveló dificultades en el acceso a estudios diagnósticos más avanzados. Si bien la mayoría de los pacientes accede a electrocardiogramas y ecocardiogramas, todavía existe un uso limitado de herramientas más complejas que permiten detectar la enfermedad con mayor precisión.

En cuanto al tratamiento, el estudio mostró que aún predominan las terapias tradicionales, mientras que los medicamentos más modernos todavía no llegan a todos los pacientes que podrían beneficiarse.
No obstante, los especialistas observaron una mejora gradual en la implementación de nuevas estrategias terapéuticas.
Un llamado a la prevención
Finalmente, Coursak remarcó que no todas las personas necesitan la misma frecuencia de controles médicos y que cada seguimiento debe adaptarse a la edad, antecedentes y factores de riesgo de cada paciente.
“No hay que hacer estudios de más, sino los que cada paciente necesita”, indicó.
El especialista concluyó con un mensaje de prevención y concientización sobre el cuidado cardiovascular.
“Hay que entender cuáles son las decisiones que como ser humano me van a ayudar a vivir mejor y más años”, expresó.



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