La situación de los inquilinos en Misiones se agrava hacia fin de año y muestra indicadores que no se veían “hace muchos años”, según describió Adrián Torres, presidente de la Asociación de Inquilinos de la provincia. En La Última Rosca por Radio Up, aseguró que desde la derogación de la ley de alquileres “la situación se fue complicando cada vez más”, en un contexto de inflación persistente, tarifas en alza y un mercado desregulado.
Torres explicó que la combinación de devaluación, recesión y aumentos en los servicios esenciales impactó de lleno en los bolsillos: “Toda esa situación viene golpeando muy fuerte al inquilino. La desregulación también, porque los aumentos son más consecutivos y no hay ningún índice por el cual guiarse”. Según detalló, durante meses los inquilinos fueron “descapitalizándose” para cumplir sus obligaciones: “Muchos afrontaban deudas con tarjetas, préstamos o vendiendo sus recursos, como una moto o un auto”.
De la deuda al retraso en el pago de alquileres
Ese límite ya llegó. “Ahora aparece un punto de ahogo financiero… empieza a verse la morosidad que hace muchos años no se veía”, advirtió. Mientras antes dos de cada diez pagaban fuera de término, hoy la cifra asciende a “siete u ocho cada diez”. Y aclaró: “Hablo del pago fuera de término, pero también de acumulación de deuda”.

Aunque no registran desalojos forzosos, sí reciben numerosas notificaciones y presiones legales. “Existen solicitudes de desalojo y mecanismos de intimidación de inmobiliarias y propietarios”, afirmó. Frente a esa situación, muchos inquilinos optan por abandonar sus viviendas: “La gente se va a la casa de sus padres; los estudiantes vuelven a sus pueblos. Otros hacen cooperativismo para solventar gastos o terminan viviendo cuatro personas en un monoambiente”.
Torres describió un escenario social complejo: “Hay familias de cuatro integrantes viviendo hacinadas en un monoambiente. Eso acarrea consecuencias sociales que se van a ver en el futuro”. Incluso estudiantes que antes alquilaban cerca de sus facultades debieron mudarse a zonas como Miguel Lanús o Garupá “por una cuestión netamente económica”.
El ciclo negativo del bajo consumo
Sobre las perspectivas para 2026, fue cauto: “Mientras no cambie el rumbo de la economía, la situación seguirá siendo compleja y grave”. Y agregó que la caída de ventas, los cierres de comercios y la pérdida de empleos “arrastran a una economía cada vez más complicada”, que repercute también en el mercado inmobiliario.
Torres cuestionó además la idea de que la ley de oferta y demanda pueda equilibrar el sector: “Esa ley funciona si hay pleno poder adquisitivo y la gente puede elegir. Pero acá hay una situación de fuerza mayor. Hay desalojo por imposibilidad”.

El impacto del endeudamiento en quienes deben mantener alquileres es otro de los puntos críticos. Aunque no pagan la vivienda con tarjeta, aclaró, muchos inquilinos debieron recurrir a ella para comprar alimentos: “Su alquiler les absorbe más del 50% de sus ingresos. Hoy las tarjetas registran la morosidad más alta de los últimos años. La gente está muy endeudada, y eso obviamente repercute en el alquiler”.
La crisis también golpea al sector comercial: “Vemos cierres de negocios que no pueden afrontar energía y alquiler. Es un combo. La caída de ventas influye directamente. Hay muchos locales vacíos en el centro y empieza a verse lo mismo en otras zonas”.
Para Torres, el diagnóstico ya no genera discusión. “Hoy estamos hablando el mismo idioma con las cámaras inmobiliarias. Todos coincidimos en que la situación es crítica y compleja”, confió.
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