Las importaciones ya representan cerca del 70% del mercado textil argentino, mientras la producción nacional atraviesa una fuerte caída y las fábricas operan con apenas el 39% de su capacidad instalada. El sector reclama condiciones de competencia equitativas y controles frente a la subfacturación de productos.
La industria textil argentina atraviesa un escenario de fuerte contracción, marcado por el avance de las importaciones, la caída de la producción y un bajo nivel de utilización de la capacidad instalada. Desde el sector advierten que las actuales condiciones comerciales están generando una creciente desigualdad entre la producción nacional y los productos provenientes del exterior.
De acuerdo con un informe de la Fundación Pro Tejer, históricamente el mercado interno argentino se abastecía en partes iguales entre producción nacional e importaciones. Sin embargo, esa relación se modificó sustancialmente y, en la actualidad, las importaciones explican cerca del 70% del mercado textil.
La entidad atribuyó parte de este escenario a la política comercial implementada durante la administración de Javier Milei, caracterizada por una mayor apertura al ingreso de productos importados y una desregulación de las operaciones de comercio exterior.
Pro Tejer sostuvo que el sector productivo local se encuentra afectado por la “veloz apertura comercial”, la desregulación de las importaciones y la apreciación del tipo de cambio real, en un contexto en el que todavía persisten elevados costos tributarios y dificultades para mejorar la competitividad de la industria argentina
El impacto sobre las fábricas textiles se refleja en los niveles de actividad. La producción textil cayó 24,4% durante el primer semestre respecto del mismo período de 2025 y acumula una retracción del 34% frente a 2023.
A esto se suma el bajo uso de la capacidad instalada: durante el primer semestre alcanzó apenas el 39%. En términos concretos, esto significa que seis de cada diez máquinas permanecen paradas en las fábricas textiles.
Para el sector, la situación refleja una combinación de menor demanda, exceso de oferta importada y pérdida de competitividad de la producción nacional, con consecuencias directas sobre las empresas, el empleo y las inversiones.
Durante el primer semestre del año, las importaciones de productos textiles e indumentaria totalizaron 177.356 toneladas por un valor de US$911 millones. En términos interanuales, representaron una caída del 20% en cantidades y del 5% en valores.Sin embargo, la evolución no fue uniforme dentro de la cadena productiva.
Las mayores caídas se registraron en los primeros eslabones industriales: las importaciones de materias primas disminuyeron 33%, las de hilados 43%, las de tejidos planos 52% y las de tejidos de punto 34%.
Según Pro Tejer, este comportamiento constituye un reflejo de la menor actividad industrial y del exceso de oferta existente en el mercado interno.
En cambio, los productos terminados mostraron una dinámica opuesta. Las importaciones de indumentaria aumentaron 62% en toneladas y 36% en dólares, mientras que las confecciones para el hogar —como sábanas y toallas— crecieron 26% en toneladas y 7% en valores.
En este contexto, la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA) puso el foco en lo que considera una situación de “competencia fraudulenta” y reclamó que se restablezcan condiciones de competencia justa.
Desde la entidad señalaron que las medidas de reducción de impuestos y desburocratización implementadas durante los últimos años terminaron beneficiando principalmente a las importaciones, mientras que la producción nacional continúa afrontando una elevada carga tributaria, altos costos logísticos y dificultades para acceder.



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