La presión fiscal, medida como el porcentaje del PBI que un país destina a impuestos, es uno de los indicadores clave para evaluar la sostenibilidad del Estado y la redistribución de la riqueza. En 2023, Argentina registró una presión fiscal del 27,9%: “Si nos comparamos con los países desarrollados, nuestra carga fiscal es baja”, precisó Julián Corvaglia, sociólogo y doctor en Ciencias Sociales por FLACSO, en diálogo con Argentina Divina Comedia por Radio Up.
“Países escandinavos como Dinamarca y Suecia alcanzan entre 42% y 46% del PIB; el promedio de la OCDE es 33%. Eso muestra que, a nivel global, no tenemos una carga fiscal elevada, sino limitada”, explicó.

En América Latina, la situación es diferente: Brasil lidera con un 32%, Argentina se ubica en segundo lugar (27,8%) y Uruguay en tercero (27,4%). “Si nos comparamos con Paraguay o Perú, que recaudan 11,9% y 17% respectivamente, se comprende la discusión política sobre la ‘excesiva presión fiscal’”, agregó Corvaglia.
Uno de los principales problemas del sistema tributario argentino es su regresividad, es decir, que quienes menos tienen pagan proporcionalmente más que quienes más poseen. Aproximadamente el 30% de la recaudación proviene del IVA, un impuesto que impacta por igual a ricos y pobres.

“El impuesto a las ganancias, que podría equilibrar la carga, aporta solo 2% del PBI. En Europa, este impuesto representa más del 8% en promedio y llega hasta 24% en Dinamarca”, afirmó Corvaglia.
Los impuestos patrimoniales tampoco logran compensar la desigualdad: Argentina recauda 2,6% por bienes personales, frente al 3,9% de Francia o Canadá. La recaudación por impuestos inmobiliarios es de apenas 0,4%, la mitad de lo que recaudan Chile y Colombia 0,8 % y muy por debajo de Estados Unidos o Reino Unido. Además, Argentina carece de un impuesto a la herencia federal, presente en casi todos los países desarrollados y clave para la redistribución de riqueza.
“Estos datos muestran que nuestro sistema tributario no corrige las desigualdades, sino que las mantiene o incluso las profundiza. La estructura fiscal determina en gran medida la calidad de vida y la equidad social”, observó.
Otro argumento recurrente para justificar la baja presión fiscal es que Argentina tendría un Estado demasiado grande. Sin embargo, los números desmienten este mito: 18% de los trabajadores argentinos se desempeñan en el sector público, mientras que en países escandinavos supera el 25%.
“No se trata de reducir el Estado, sino de hacerlo eficiente y redistributivo. Un Estado inteligente garantiza educación, salud, seguridad y control de medicamentos, protegiendo a todos los ciudadanos”, explicó Corvaglia.
La desigualdad social en Argentina es alta, y la estructura fiscal contribuye a ello. “Los países con sistemas tributarios progresivos, como los escandinavos, logran altos niveles de igualdad y calidad de vida, medidos por el índice de desarrollo humano y el coeficiente de Gini. En América Latina, donde la fiscalidad es regresiva, la desigualdad es extrema”, señaló el especialista.
“El debate sobre presión fiscal no puede reducirse a la cifra porcentual. Lo importante es la calidad del gasto público y la justicia del sistema tributario. Demonizar al empleado estatal o recortar impuestos sin estrategia solo profundiza las desigualdades”, concluyó Corvaglia.
"En Argentina el IVA es el principal aportante a los recursos del Estado (30%), el impuesto a los bienes personales (directo y progresivo) sólo recaudó un 0,6% y el inmobiliario apenas 0,37%"
Urge una reforma tributaria progresiva. Mi nota al respecto:https://t.co/Jq6887eEkN https://t.co/rWinG1nGrA pic.twitter.com/4YfZpMvMAU— Julián Corvaglia (@JulianCorvaglia) August 18, 2025



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