Un nuevo hito en la conservación de fauna silvestre se concretó en el noreste argentino con la liberación de “Messi”, el primer ocelote translocado de ambiente silvestre a silvestre en el país y en el continente americano. El felino ya se encuentra en libertad y es monitoreado en el Parque Iberá, donde comenzó su proceso de adaptación definitiva al ecosistema correntino.
El ocelote vuelve al Iberá: liberación histórica marca un avance en conservación
Messi fue trasladado desde una reserva privada perteneciente a la empresa Ledesma, ubicada en la provincia de Jujuy, hasta el área protegida de Corrientes. La operación fue posible gracias al trabajo articulado entre ambas provincias, que colaboran en una estrategia conjunta para restablecer una población de ocelotes en un territorio donde la especie se había extinguido.

Antes de su liberación definitiva, el ejemplar atravesó un breve período de adaptación en corrales de presuelta, una instancia clave para evaluar su comportamiento, estado sanitario y capacidad de caza. Tras superar esa etapa satisfactoriamente, las autoridades decidieron abrir las puertas del recinto y permitir su regreso pleno al monte.
El ocelote (Leopardus pardalis) es un felino nativo de América que cumple un rol ecológico fundamental como predador mediano, ayudando a regular poblaciones de pequeños mamíferos y aves, y contribuyendo así al equilibrio del ecosistema. Su desaparición en varias regiones del país respondió principalmente a la pérdida de hábitat y la caza furtiva.
En septiembre de 2025, otra señal alentadora marcó el inicio de este proceso: fue liberada “Pelusa”, una hembra de ocelote, también en el Parque Iberá. El objetivo del proyecto es que ambos individuos logren establecerse en el área y, eventualmente, conformen una pareja reproductiva que permita el retorno sostenido de la especie en la región.
La liberación de Messi representa un paso clave dentro del plan de reintroducción y refuerza el modelo de conservación basado en la restauración de especies emblemáticas. Con monitoreo constante y seguimiento técnico, el desafío ahora es consolidar una población viable que vuelva a ocupar su lugar en el ecosistema del Iberá.



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