Tamara Sedoff, una exdocente de Jardín América, encontró en la repostería su nueva vocación después de 33 años de servicio en las aulas. Cuando llegó su jubilación, decidió que no se quedaría sin hacer nada y transformó en un emprendimiento lo que comenzó como un gesto familiar: hacer huevos de Pascua para sus hijos y nietos.
El proyecto nació en 2014. Ese año, tras preparar los huevos para su familia, sus excompañeros de la escuela le compraron varios y la producción se agotó rápidamente. En coincidencia con el aniversario de Jardín América, presentó su trabajo en una exposición organizada por la cooperativa de servicios públicos de la localidad. Allí comenzó a exponer sus bombones, que ya se habían hecho conocidos por los huevos de Pascua.
Desde entonces, “Jardín de Chocolate” funciona en la casa de Tamara, ubicada cerca de la EPET N° 7 y del hospital local. Su producción es completamente artesanal: cada pieza la elabora una por una, desde el templado del chocolate hasta el pintado de los detalles. “Mi trabajo es artesanal puro. Yo me siento a hacer el producto y lleva su tiempo”, explica.
El proceso artesanal y los precios
El proceso de elaboración requiere paciencia y dedicación. Tamara derrite el chocolate a baño María, lo coloca en moldes con dos capas, lo lleva a la heladera y luego realiza el relleno y el cerrado con glaseado. Un huevo puede demandar una tarde entera de trabajo y al día siguiente recién se termina con los detalles finales.
Uno de los desafíos que enfrenta es el calor misionero. Trabaja con aire acondicionado porque las altas temperaturas afectan el producto. “Sufro con el calor. Cuando apago el aire, a veces vengo y los encuentro aplastados”, cuenta. La materia prima no admite más de dos templados, por lo que cada error puede significar pérdida de material.
Los costos de producción dependen del volumen de compra de insumos y de la mano de obra. Tamara calculó que un huevo pequeño tiene un costo de entre 1.500 y 2.000 pesos, aunque luego se ofrecen distintas presentaciones, desde mini huevos hasta piezas más grandes. La calidad del chocolate es el secreto del emprendimiento, sostiene, y no se negocia para mantener el producto.
Alta demanda y productos sin conservantes
La demanda crece cada año, especialmente en la previa de Semana Santa y en fechas como el aniversario de Jardín América, que se celebra el 7 de mayo. Sus productos, al no tener conservantes, tienen menor duración que los industriales, pero eso es parte del valor agregado que distingue su trabajo artesanal.
“Yo acá hago uno por uno. Los chupetines los pinto, todo es artesanal”, destaca Tamara. La oferta incluye huevos de Pascua tradicionales, conejos de chocolate en distintas variantes y otras formas que se renuevan según la temporada.
El emprendimiento se consolidó con el boca a boca y hoy recibe pedidos de clientes de Jardín América y localidades cercanas. Tamara atiende en su domicilio y, aunque el trabajo es intenso en las semanas previas a las fiestas, asegura que disfruta cada paso del proceso. “Muy feliz de poder hacer lo que me gusta”, resume.



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