El realizador audiovisual misionero Gustavo Biazzi suma un nuevo capítulo internacional a su trayectoria con “Un cabo suelto”, la película dirigida y escrita por Daniel Hendler en la que participó como director de fotografía y que fue elegida para representar a Uruguay ante los Premios Oscar y los Premios Goya 2027.
En una entrevista con el programa Arriba la radio, por Radio Up, Biazzi explicó la importancia de la selección, pero también puso una precisión necesaria: la película todavía no está nominada a ninguno de los dos premios. Fue elegida como representante de Uruguay y ahora deberá atravesar los respectivos procesos internacionales para intentar ingresar entre las candidatas definitivas.
“Es una película que hicimos hace un par de años que dirigió Daniel Hendler, que es actor, pero que también dirige”, explicó Biazzi.
“Fue seleccionada por la Academia Uruguaya para representar a Uruguay tanto en los premios Goya y en los premios Oscar”, contó. Y aclaró: “Ahora esos premios tienen que seleccionar las películas. Por ahora es simplemente la elección del país que manda su película de representante, pero bueno, es un primer paso”.
De esta manera, Un cabo suelto competirá por Uruguay para intentar llegar a la categoría Mejor Película Internacional en los Oscar y Mejor Película Iberoamericana en los Goya.

Una elección histórica para el cine uruguayo
La selección tiene además una particularidad institucional. Por primera vez, la película que representa a Uruguay ante los Oscar fue elegida por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas del Uruguay, creada recientemente e integrada por profesionales de diferentes áreas de la industria.
Hasta ahora, desde que Uruguay comenzó a presentar películas a los Oscar en 1992, las elecciones habían estado a cargo de comisiones coordinadas primero por el Instituto del Cine y el Audiovisual y posteriormente por la Agencia del Cine y el Audiovisual del Uruguay (ACAU). En esta oportunidad, la decisión quedó en manos de un comité de 11 integrantes de distintas ramas profesionales de la Academia.
La elección supone la postulación número 26 de Uruguay ante los Oscar. El cine uruguayo todavía no consiguió colocar una película entre las cinco nominadas finales de la categoría internacional, mientras que en los Goya sí cuenta con antecedentes ganadores: Corazón de fuego, de Diego Arsuaga, obtuvo el reconocimiento en 2003 y Whisky, de Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll, lo consiguió al año siguiente.

De qué trata “Un cabo suelto”
Estrenada comercialmente en Uruguay en abril de este año, Un cabo suelto es la cuarta película de Daniel Hendler como director y se mueve entre distintos géneros, con elementos de comedia, road movie, western, romance y suspenso policial.
La historia sigue a Santiago, un policía argentino de bajo rango que cruza hacia Uruguay mientras escapa de integrantes de la propia fuerza policial. Sin dinero y todavía vestido con su uniforme, comienza un recorrido por territorio uruguayo en el que aparecen nuevos personajes y la posibilidad de modificar el rumbo de su vida.
La película es una coproducción entre Uruguay, Argentina y España y tiene entre sus protagonistas a Sergio Prina y Pilar Gamboa. También participan intérpretes uruguayos como Néstor Guzzini y César Troncoso.
El film ya había comenzado a construir un recorrido internacional antes de su selección para representar a Uruguay. En 2025 pasó por dos de los grandes escenarios del circuito cinematográfico internacional: la Mostra de Venecia y el Festival de San Sebastián.

Biazzi y un presente laboral que mira hacia Uruguay
El reconocimiento internacional encuentra a Gustavo Biazzi en medio de un escenario profesional que, según describió en Arriba la radio, por Radio Up, cambió sustancialmente en Argentina.
Su diagnóstico es claro: todavía existe trabajo, pero se produce menos y la caída se siente particularmente en el cine independiente y las películas de menor escala. “Se puede seguir trabajando en Argentina, hay mucho menos trabajo, hay mucho menos financiación por parte del Instituto de Cine, que era gran parte de lo que mantenía el trabajo en el cine”, sostuvo.
Según Biazzi, parte del espacio laboral que anteriormente estaba sostenido por otros mecanismos de producción comenzó a ser ocupado por las grandes plataformas audiovisuales. “Ahora esa posta la tomaron las plataformas”, explicó. Sin embargo, eso no significa que la actividad haya recuperado el volumen anterior. “Hay un poco de trabajo, pero está un poco difícil”, resumió.
El impacto, explicó, se observa especialmente en las producciones más pequeñas: “Hay mucho menos producción, sobre todo de contenidos más independientes o de películas de menor escala de producción”. Y allí planteó una preocupación que excede el empleo: qué tipo de historias dejan de realizarse cuando desaparecen esas producciones.
“Se pierde un poco también esa cosa de hacer películas que tienen que ver más con la identidad”, sostuvo, en contraste con proyectos comerciales diseñados para circular en mercados globales.
“Ahora me toca filmar una película en Uruguay”
La situación regional de la industria también aparece reflejada en la propia agenda laboral de Biazzi. “Ahora me toca filmar una película que voy a hacer el mes que viene en Uruguay, que se está filmando mucho”, anticipó durante la entrevista con Radio Up.
La frase permite conectar el recorrido de Un cabo suelto con una transformación más amplia: Uruguay se convirtió en un territorio atractivo para las producciones audiovisuales y Biazzi considera que los incentivos económicos forman parte de las razones.
El realizador mencionó especialmente el mecanismo conocido como cash rebate. “En Uruguay hay una cosa que es el cash rebate que le devuelven el 40% de lo que gastan a un productor o a una producción”, explicó, aclarando que desconocía los detalles técnicos de su implementación.
“Entonces, las producciones van a esos lugares, las plataformas van a esos lugares”, agregó. A su entender, sin embargo, la competencia para conseguir rodajes no depende solamente de ventajas fiscales. Las plataformas también buscan técnicos, contenidos y profesionales creativos.
En ese mapa regional, Biazzi señaló otra dificultad: “Ahora Argentina está un poco cara también para filmar”.

Las plataformas sostienen trabajo, pero cambian el tipo de cine
Biazzi no desconoce el peso que adquirieron las plataformas ni las oportunidades profesionales que generan. De hecho, durante la entrevista mencionó la importante estructura instalada por Netflix en Buenos Aires para trabajar sobre producciones destinadas al mercado latinoamericano.
Para el director de fotografía misionero, eso permite pensar que Argentina continuará teniendo producción audiovisual. Su preocupación está puesta en otra parte: la pérdida de películas y documentales ligados a historias particulares del país y de sus regiones. “Lo que se perdió es un poco el cine” que se desarrollaba mediante espacios que promovían la industria audiovisual argentina, sostuvo.
“Ojalá que vuelva, que no desaparezca porque para mí eso es importante”, expresó.
El riesgo de un cine cada vez más estandarizado
La experiencia laboral de Biazzi dentro de grandes producciones tampoco le impide mantener una mirada crítica sobre determinados efectos del modelo global de las plataformas. “A mí me da mucho más satisfacción estar trabajando para algo que sea más personal o como la película de algún amigo o de alguien con quien uno se motiva para hacer una película”, afirmó en Arriba la radio.
Para Biazzi, el cine funciona también como una forma de expresión artística individual y colectiva, algo que puede diluirse cuando una producción atraviesa múltiples filtros destinados a conseguir un producto apto para mercados globales. “Hay algo en las plataformas y todo eso que se vuelve demasiado global y demasiado estandarizado hacia un lugar que es un poco impersonal”, reflexionó.
El fenómeno, según explicó, atraviesa prácticamente todas las dimensiones de una producción: “Uno va estandarizando la iluminación, estandarizando el vestuario, estandarizando los rostros, el maquillaje, los decorados, la locación”. Eso no significa, aclaró, que las plataformas no produzcan buenas películas o series. Su preferencia personal pasa por otro tipo de obras: aquellas que mantienen una búsqueda particular y consiguen expresar una mirada propia sobre un territorio, una sociedad, una época o un determinado momento.
El presente de Gustavo Biazzi sintetiza, de alguna manera, esas dos caras del audiovisual contemporáneo. Mientras “Un cabo suelto” comienza el camino para intentar convertirse en candidata a los Oscar y los Goya, el realizador misionero continúa trabajando dentro de una industria cada vez más internacionalizada, con Uruguay ganando espacio como escenario de rodajes y las plataformas ocupando un lugar central.
Pero su planteo deja abierta una discusión que va más allá de los premios: cómo conseguir que ese crecimiento y esa circulación internacional convivan con películas capaces de contar historias propias y conservar la identidad de los lugares donde nacen.



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