Las iglesias y los templos religiosos están ocupando un lugar cada vez más importante como espacios de asistencia social frente a las dificultades económicas que atraviesan amplios sectores de la población argentina. Así lo revela una investigación del Observatorio de Creencias de Argentina (OCREAR-CBC/UBA), presentada por su cofundadora, profesora de la Universidad de Buenos Aires e investigadora del CONICET, Mariela Mosquera, en una entrevista con Radio Up.
El dato central del relevamiento resulta contundente: el 35,5% de los argentinos afirmó haber concurrido durante el último año a una iglesia o templo en busca de ayuda.
Pero detrás de esa cifra aparece un fenómeno todavía más significativo. Según explicó Mosquera, la mitad de quienes recurrieron a organizaciones basadas en la fe lo hicieron para solicitar ayuda material. Entre las necesidades mencionadas aparecen la asistencia alimentaria, la ayuda económica y los contactos para conseguir trabajo.
De esta manera, los templos religiosos parecen estar ampliando o reforzando una función que excede lo estrictamente espiritual. En un contexto de dificultades económicas y sociales, se convierten también en espacios de contención, asistencia y articulación comunitaria.
Las iglesias como red de asistencia frente a la crisis
Durante la entrevista, Mosquera explicó que el objetivo del estudio fue conocer hasta qué punto las organizaciones religiosas son utilizadas por la población como lugares donde buscar ayuda.
El resultado llamó particularmente la atención de los investigadores porque, al comparar el alcance de estas instituciones con otras organizaciones sociales y comunitarias, las iglesias y templos presentan una llegada territorial significativamente mayor.
“Las iglesias ocupan una función social muy importante en estos momentos de crisis social”, explicó la investigadora.
La capilaridad territorial aparece como una de las principales razones. A diferencia de otras instituciones, las organizaciones religiosas se encuentran distribuidas en numerosos barrios y comunidades, incluso en zonas donde el acceso a otros servicios u organizaciones puede resultar más limitado.
Mosquera señaló que esta presencia es especialmente visible entre las iglesias evangélicas, donde pueden encontrarse varios templos en pocas cuadras.

Los adultos mayores son quienes más recurren a las iglesias
Uno de los datos más relevantes del estudio aparece cuando se analiza la información según la edad.
Mientras el promedio nacional de personas que acudieron a una iglesia o templo en busca de ayuda es del 35,5%, entre los mayores de 50 años el porcentaje asciende al 45%.
Es decir, existe una diferencia de casi diez puntos porcentuales respecto del promedio general.
La situación adquiere especial relevancia porque los adultos mayores aparecen entre los grupos que enfrentan mayores dificultades para sostener sus condiciones de vida y, al mismo tiempo, pueden encontrarse en situaciones de soledad y aislamiento.
Según explicó Mosquera, las demandas que llegan a las iglesias incluyen alimentos, bolsones de comida, medicamentos y cuidados, pero también algo menos tangible y no por eso menos importante: compañía y contención.
“Muchos adultos mayores están muy solos”, explicó la investigadora, al señalar que la proximidad de las iglesias hace que estos espacios funcionen también como lugares de encuentro y acompañamiento.
Alimentos, medicamentos y trabajo: qué ayuda buscan
El informe permite observar que la asistencia solicitada no se limita a una necesidad puntual.
Entre las demandas aparecen alimentos, ayuda económica, medicamentos y contactos para conseguir trabajo. También se mencionan necesidades vinculadas con el cuidado y el acompañamiento.
En este escenario, las iglesias terminan funcionando como una suerte de red comunitaria capaz de responder a problemas cotidianos que exceden la práctica religiosa.
La asistencia alimentaria constituye uno de los ejemplos más visibles. Mosquera explicó que en numerosos casos existen articulaciones entre municipios e iglesias católicas o evangélicas para canalizar políticas públicas y distribuir alimentos.
Así, las organizaciones religiosas no solamente reciben pedidos directamente de quienes atraviesan dificultades, sino que también pueden convertirse en intermediarias para hacer llegar recursos públicos a determinados sectores de la población.
Las iglesias evangélicas concentran el mayor nivel de demanda
El análisis por filiación religiosa muestra otra diferencia significativa.
Si el promedio general de argentinos que acudieron a una iglesia o templo en busca de ayuda es del 35,5%, entre las personas evangélicas el porcentaje se eleva al 65%.
La diferencia es de casi 30 puntos porcentuales.
Mosquera vinculó este fenómeno con el crecimiento de las iglesias evangélicas en Argentina y en otros países de la región, particularmente en los sectores populares.
En esos territorios, explicó, las iglesias evangélicas desarrollaron una fuerte presencia territorial y una estructura comunitaria que facilita el contacto cotidiano con quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad.
La investigadora también destacó una característica particular de este fenómeno: la posibilidad de que una persona que siente el llamado al pastorado pueda iniciar una iglesia sin necesidad de contar con una certificación otorgada por una institución religiosa formal.
Esto contribuye, según su explicación, a la expansión de pequeños templos en los barrios.
En algunos casos, sostuvo, pueden encontrarse cuatro o cinco templos en un radio de apenas dos o tres cuadras.
Católicos y evangélicos, pero también otros credos
El fenómeno relevado por OCREAR no está restringido a una única confesión religiosa.
Mosquera remarcó que la búsqueda de ayuda se registra entre personas vinculadas con distintos credos. Sin embargo, el análisis por filiación muestra una frecuencia particularmente elevada entre los evangélicos.
La diferencia no aparece, en cambio, cuando se analiza el género.
Según explicó la investigadora, varones y mujeres recurren a las iglesias en proporciones similares cuando buscan asistencia.
Por lo tanto, los principales contrastes identificados aparecen asociados fundamentalmente con la edad, la situación socioeconómica y la pertenencia religiosa.
La pobreza también define quién busca asistencia
El nivel socioeconómico constituye otra de las variables relevantes del estudio.
La investigación muestra una mayor recurrencia a las iglesias entre los sectores más empobrecidos y las personas que atraviesan dificultades económicas.
La combinación entre edad y vulnerabilidad económica resulta particularmente significativa. Los adultos mayores con dificultades para afrontar sus necesidades básicas aparecen entre quienes más recurren a estas organizaciones.
En este punto, la iglesia deja de ser solamente un espacio de práctica religiosa y se convierte en una estructura comunitaria capaz de brindar respuestas concretas frente a situaciones de emergencia.
El Estado también articula con las iglesias
La investigación abre además un debate sobre el papel que cumplen las organizaciones religiosas en relación con las políticas públicas.
Mosquera explicó que, en algunos casos, el propio Estado articula con iglesias católicas y evangélicas para hacer llegar asistencia a determinados sectores, precisamente porque estas instituciones cuentan con una presencia territorial que los organismos estatales no siempre poseen.
La situación plantea una discusión de fondo: cuando las redes estatales de asistencia no alcanzan a cubrir todas las necesidades, otras organizaciones terminan ocupando ese espacio.
Las iglesias cuentan, además, con recursos propios provenientes de sus comunidades. Colectas, donaciones y aportes de los propios feligreses permiten reunir alimentos, medicamentos u otros elementos para distribuir entre quienes los necesitan.
Pero esos recursos también tienen límites.
Una demanda creciente sobre instituciones con recursos limitados
El aumento de los pedidos de asistencia plantea un desafío para las propias iglesias.
Los sacerdotes, pastores y referentes comunitarios deben responder a una demanda que puede crecer al mismo tiempo que disminuye la capacidad económica de las personas que integran sus propias comunidades.
En otras palabras, quienes sostienen las redes de ayuda también enfrentan las consecuencias de la crisis.
Las colectas y donaciones permiten atender parte de las necesidades, pero no necesariamente alcanzan para cubrir una demanda que puede involucrar alimentos, medicamentos, dinero, trabajo y acompañamiento.
Por eso, el fenómeno observado por el Observatorio de Creencias de Argentina no solamente permite medir cuánto se acercan las personas a las iglesias, sino también qué lugar están ocupando estas instituciones dentro de la estructura social argentina.

De la asistencia espiritual a la asistencia social
El dato más significativo de la investigación quizá no sea solamente que una de cada tres personas haya recurrido a una iglesia en busca de ayuda, sino el tipo de ayuda que está buscando.
La imagen tradicional del templo como un espacio destinado principalmente a la oración y la reflexión convive ahora con otra realidad: personas que llegan buscando comida, medicamentos, dinero, trabajo, contactos o simplemente alguien que pueda escucharlas.
La dimensión espiritual no desaparece, pero comparte espacio con una demanda social concreta.
En palabras de Mosquera, las iglesias aparecen actualmente como un lugar de gran recurrencia para las personas que atraviesan dificultades, especialmente entre los sectores populares y los adultos mayores.
El fenómeno también muestra hasta qué punto las instituciones religiosas conservan una fuerte capacidad de organización territorial en un país atravesado por dificultades económicas.
Un dato que expone la crisis social argentina
El relevamiento de OCREAR-CBC/UBA permite, en definitiva, mirar la crisis social desde otro ángulo.
El 35,5% de la población que recurrió a iglesias o templos para pedir ayuda, el 45% entre los mayores de 50 años y el 65% entre las personas evangélicas son cifras que muestran que las instituciones religiosas están funcionando como una red de asistencia para una parte importante de la sociedad.
La situación adquiere una dimensión todavía mayor cuando se considera que la mitad de quienes buscaron ayuda acudió por necesidades materiales.
En ese escenario, las iglesias aparecen como una suerte de primera línea de contención social: reciben pedidos de alimentos, medicamentos, asistencia económica y ayuda para conseguir trabajo, pero también brindan acompañamiento y un espacio de pertenencia frente a situaciones de soledad.
La investigación presentada por Mariela Mosquera en Radio Up pone así en evidencia una transformación que excede lo religioso: en tiempos de crisis, una parte de la sociedad está recurriendo a las iglesias no solamente para rezar, sino para resolver necesidades básicas.
Y detrás de esa búsqueda aparece una pregunta más profunda sobre el funcionamiento de las redes de protección social: qué sucede cuando instituciones comunitarias y religiosas terminan absorbiendo demandas que, en principio, deberían encontrar respuesta en las políticas públicas del Estado.
Inflación: qué esperan los analistas y por qué los alimentos serán determinantes https://t.co/1mo2gW2ztg pic.twitter.com/3Bu4ADxwJU
— Radio Up (@radioupar) August 10, 2026



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