José “Pepe” Mujica murió este martes 13 de mayo, a los 89 años, y con él se fue una de las voces más auténticas y provocadoras de la política latinoamericana. Exguerrillero, preso político, presidente austero, campesino terco, filósofo popular. Mujica fue todo eso y más, pero sobre todo fue un hombre que se animó a decir lo que muchos callaban, incluso cuando eso incomodaba.
Sus palabras, muchas veces directas, otras profundamente reflexivas, quedan como testamento de una forma de vivir y de hacer política que desafiaba el poder, el consumo, la hipocresía y la soberbia. A lo largo de su vida pública, dejó frases que no fueron eslóganes, sino latigazos de conciencia.
Frases icónicas de Pepe Mujica
“La gran crisis no es ecológica, es política”, dijo el 20 de junio de 2012 en la Cumbre Río+20 de Naciones Unidas. Allí no solo alertó sobre el desastre ambiental, sino que apuntó al corazón del sistema: “La crisis del agua y del medio ambiente no es la causa. La causa es el modelo de civilización que hemos montado. Y lo que tenemos que revisar es nuestra forma de vivir”.
Mujica hablaba desde la experiencia. Había vivido más de una década preso en condiciones infrahumanas. Sabía lo que era no tener nada. Y por eso podía afirmar con autoridad: “La felicidad si no la llevás adentro y no la tenés con poco, no la tenés con nada”. Lo dijo el 28 de octubre de 2014 en una entrevista radial, recordando aquellos años en el calabozo. “Hubo noches que cuando me ponían un colchón estaba contento. Repensé todo”, confesó.

En sus últimos años, cuando la vejez se mezclaba con la lucidez y la ironía, seguía apelando a la utopía. “Quién tuviera la fuerza de cuando éramos capaces de abrevar tanta utopía”, exclamó el 24 de septiembre de 2013 ante la Asamblea General de la ONU. Lo dijo recordando al joven idealista que fue, y aceptando que sus errores también fueron “hijos de su tiempo”.
Crítico feroz del capitalismo consumista, Mujica alertaba sobre una civilización que, en su afán por acumular, se deshumanizaba. “Arrasamos las selvas verdaderas e implantamos selvas anónimas de cemento. Enfrentamos al sedentarismo con caminadores; al insomnio, con pastillas; a la soledad, con electrónica”, dijo ante los líderes del mundo. “¿Es que somos felices alejados de lo eterno humano?”, se preguntó con melancolía.

Ni siquiera las causas progresistas escapaban a su mirada crítica. Cuando lideró la legalización del aborto y del matrimonio igualitario en Uruguay, lo explicó con una lógica sencilla y brutal: “Aplicamos un principio muy simple: reconocer los hechos. El aborto es viejo como el mundo (...) El matrimonio gay, por favor, es más viejo que el mundo”. Lo dijo el 9 de marzo de 2014 al diario brasileño O Globo.
Y sobre la marihuana, tema por el que Uruguay fue pionero, fue igual de claro. No la defendió con romanticismo: “La marihuana es una adicción peligrosa y, como cualquier adicción, no es buena”, dijo en su audición “Habla el presidente” el 1 de agosto de 2013. Pero explicó la medida como una forma de quitarle poder al narco: “La tesis central es arrebatarle el mercado al narcotráfico y tratar de identificar un público que consume (...) para poder atenderlo como enfermo”, sostuvo el 25 de septiembre del mismo año.
Pero Mujica también fue hombre de pasiones. Y esas pasiones, a veces, le jugaron en contra. En abril de 2013, un micrófono abierto lo dejó expuesto hablando mal de Cristina Fernández de Kirchner y de su fallecido esposo, Néstor: “Esa vieja es peor que el tuerto. El tuerto era más político, esta es más terca”, murmuró en una conversación que se volvió pública.

Años más tarde, en 2024, ya alejado del poder pero no de la política, volvió a referirse a la expresidenta argentina con otra de sus frases filosas. “Ahí está la vieja Kirchner en la Argentina, al frente del peronismo. En lugar de ponerse de vieja consejera y dejar nuevas generaciones, no, está jodiendo ahí. ¡Cómo les cuesta largar el pastel! ¡Que lo parió!”, dijo en una entrevista con la AFP el 29 de noviembre.
Su última aparición pública fue el 29 de abril de este año. Había sido diagnosticado con un tumor en el esófago, pero eligió despedirse como siempre: con humor, con ternura, con coherencia. “En mi vida más de una vez anduvo la Parca rondando el catre, pero me siguió pastoreando todos estos años”, dijo entre risas. “Esta vez me parece que viene con la guadaña en ristre y veremos lo que pasa. Mientras tanto, mientras pueda, voy a seguir militando con mis compañeros (...) y entretenido con mis verduras, con mis gallinas (...) Siempre he sido un terrón con patas y amo la tierra. Y mientras el rollo aguante, voy a estar.”
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