La celebración de San Juan continúa siendo una de las tradiciones populares más arraigadas en Misiones y en gran parte de la región guaranítica. Detrás de los juegos, cruce de brasas, las fogatas y los rituales que cada año convocan a cientos de personas, existe una historia que combina creencias ancestrales, costumbres europeas y elementos de la cultura local.
La noche de San Juan: el cruce de brasas y sus antiguas tradiciones
Durante una entrevista en el programa Realidad Mixta, emitido por Radio Up, la directora del Archivo Histórico Municipal de Posadas, Silvia Gómez, explicó que esta festividad tiene raíces mucho más antiguas que la propia tradición cristiana: “es una celebración muy, muy vieja en el mundo. Vieja es de, te diría, de miles de años. Es una celebración pagana en la noche de los tiempos de los pueblos”, señaló.
Según detalló, el origen de la festividad está relacionado con el culto al sol y los ciclos naturales: “para el hemisferio norte, el 21 de junio es el solsticio de verano. Y eso implicaba que el sol estaba más tiempo y los días eran más largos”, explicó. En contrapartida, para el hemisferio sur coincide con la llegada del invierno y la disminución de las horas de luz solar.

La investigadora indicó que la tradición llegó a América de la mano del calendario católico, que celebra el nacimiento de San Juan Bautista cada 24 de junio: “cuando mezclamos todo esto, lo que nos quedó para esta parte de América es la celebración de San Juan con el elemento básico y primordial, que es el fuego”, afirmó.
Gómez explicó que el fuego se convirtió en el símbolo central de la festividad debido a antiguas creencias que le atribuían un carácter purificador y revitalizador: “el fuego desde la Tierra le daría energía y el fuego purifica”, sostuvo.
La directora también destacó que en Misiones la celebración adquirió características propias gracias al encuentro entre las tradiciones traídas por los jesuitas y las creencias de los pueblos originarios: “todo parece indicar que la traen los jesuitas y que se produce un sincretismo con cierto culto o cierta reverencia al sol que tenían los pueblos originarios, puntualmente los guaraníes”, explicó.

Entre las prácticas más conocidas se encuentran la pelota tatá y el toro candil. Sobre la primera, detalló que “la pelota tatá no es ni más ni menos que jugar una especie de picadito con una pelota prendida a fuego”. En cuanto al toro candil, recordó que originalmente se realizaba utilizando restos óseos de animales vacunos y candiles encendidos para recrear una embestida simbólica entre los participantes.
Otro de los rituales más emblemáticos es el cruce de brasas, una práctica que aún se mantiene vigente en distintas celebraciones. Según Gómez, esta costumbre posee múltiples significados dentro de la tradición popular: “para purificar, significa un alma pura, pedir perdón por tus pecados o tus faltas”, explicó.
La historiadora recordó además una antigua costumbre que prácticamente desapareció en las últimas décadas: la iluminación de las ventanas mediante pequeños candiles confeccionados con cáscaras de naranja: “se encendía un poquito antes de las 12 de la noche para indicarle al santo donde se lo veneraba y a su vez para espantar los malos espíritus o las malas ondas”, comentó.
Finalmente, Gómez destacó el papel fundamental que tuvo la Murga de la Estación en la recuperación de esta tradición durante la década de 1990: “este grupo de gente recuperó esta tradición, la popularizó, la extendió y la mantuvo a lo largo de los años hasta ahora”, señaló.
Para la directora del Archivo Histórico Municipal, la vigencia de estas celebraciones demuestra la importancia de preservar las expresiones culturales que forman parte de la identidad regional: “se pudo recuperar y es una tradición para nuestra zona, es muy importante”, concluyó.



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