Pasajeros misioneros denuncian una serie de experiencias caóticas con la aerolínea Flybondi, que incluyeron cancelaciones masivas, mala atención y la imposibilidad de regresar a sus hogares en las fechas previstas. Marco Villalba, uno de los afectados, relató a Radio UP cómo un viaje de trabajo en diciembre se convirtió en una pesadilla logística que se extendió por varios días.
El primer inconveniente ocurrió durante el paro de controladores aéreos en diciembre. Aunque la medida se levantó a las 10 de la mañana, Flybondi canceló sin aviso su vuelo de las 9 de la noche con destino a Buenos Aires, categorizándolo como "motivo de fuerza mayor". Ante la falta de reprogramación, el grupo se vio forzado a comprar nuevos pasajes con otra aerolínea para no perderse un evento laboral crucial del día siguiente.
El problema mayor sobrevino al momento de regresar a Misiones. Flybondi canceló nuevamente su vuelo, argumentando esta vez condiciones climáticas adversas en Posadas. La decisión, según Villalba, fue masiva y afectó también a pasajeros con destino a Corrientes y Santiago del Estero que se encontraron en la misma situación.
La atención al cliente fue descrita como deficiente y poco empática. Los viajeros fueron derivados a un centro de atención externo al Aeroparque, donde debieron hacer una fila de más de cuatro horas y media bajo el sol, junto a decenas de otros pasajeros afectados por las mismas cancelaciones.
Un itinerario forzado y días varados
Las opciones que les ofreció la aerolínea fueron limitadas y poco convenientes. Podían solicitar un reintegro del dinero o aceptar una reprogramación. La única fecha disponible para volver a Misiones antes de Navidad era el 23 de diciembre, pero con una gran salvedad: el vuelo no llegaba a Posadas, sino a Puerto Iguazú.
La otra alternativa fue aún más llamativa. Si rechazaban esa oferta, la próxima opción de vuelo recién estaba disponible después de las fiestas, el 26 de diciembre. Esto los habría obligado a pasar la Navidad varados en Buenos Aires sin planificación alguna, por una cancelación que ellos no provocaron.
El impacto del descalabro logístico fue familiar y económico. Villalba viajaba con un grupo que incluía a un menor, y tuvieron que explicar a sus familias el porqué de la demora. Además, los costos extras por hospedaje y alimentación durante los días no previstos en Buenos Aires corrieron por su cuenta, sin que la aerolínea ofreciera compensación alguna.
Otro caso: cancelación sin aviso y dinero en el limbo
La situación no es aislada. Otro usuario misionero contó que, a principios de enero, su vuelo desde Encarnación a Buenos Aires fue cancelado sin ninguna notificación previa. Solo se enteró al consultar el estado de su reserva, seis días antes de la partida.
Tras hacer el reclamo, recibió un correo estándar que le ofrecía cambiar la ruta o solicitar el reintegro del dinero, un proceso que, según la aerolínea, puede tardar hasta 30 días. La comunicación es acotada y no existe un canal para hacer un seguimiento del estado de su reclamo, generando incertidumbre total.
“No sabemos si vamos a recuperar el dinero ni cuánto tiempo va a tardar. Los canales son muy limitados, no hay forma de hacer un seguimiento ni de ver en qué estado está tu reclamo", aseguró finalmente el usuario.



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