A menos de un mes de la fecha límite, el Gobierno acelera las gestiones para cumplir con la meta de reservas netas que impone el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). El 13 de junio es la fecha clave y, con un saldo negativo de u$s 8.300 millones, el objetivo de llegar a u$s -2.700 millones parece cuesta arriba.
Ante ese escenario, el Banco Central (BCRA) y el equipo económico trabajan con dos estrategias financieras clave: cerrar un REPO con bancos internacionales por u$s 2.000 millones y emitir un bono en pesos atado al dólar por un monto similar.
El REPO —una operación de recompra de bonos— está en fase avanzada, pero el equipo económico espera hasta fin de mes para lanzar la colocación. El motivo: esperar una caída del riesgo país, lo que reduciría el interés que la Argentina debería pagar por ese financiamiento. “Si los bonos soberanos siguen subiendo, más barato será el REPO para el Tesoro”, explican fuentes oficiales.
La segunda jugada es emitir un peso linked, un bono en pesos que ajusta su valor según el tipo de cambio. La emisión permitiría captar inversores sin recurrir directamente al mercado cambiario, facilitando así la acumulación de reservas sin presionar el dólar.

¿Alcanza para cumplir con el FMI?
Según estimaciones de la consultora 1816, es difícil que se llegue a la meta, pero estos instrumentos financieros podrían acercar al Gobierno al objetivo. “La acumulación más virtuosa sería con compras de dólares en el mercado (MULC), pero si hay que hacerlo vía deuda, es preferible que sea con deuda en pesos”, explicaron.
Además, la intervención en los mercados de futuros logró contener el salto del dólar en las últimas semanas, aunque los analistas coinciden en que es un mecanismo de efecto limitado.
El problema de fondo es la estacionalidad: si no se logran compras de dólares ahora, en mayo —en plena cosecha gruesa—, será aún más difícil lograrlo en el tercer trimestre, cuando el escenario político se tensionará por las elecciones.
Riesgos de corto plazo
El bono peso linked, si es pagadero en dólares, podría facilitar su negociación vía Euroclear. Pero eso también lo haría más atractivo para capitales especulativos de corto plazo ("golondrina"), un tipo de inversión que el Gobierno buscaba evitar, por su potencial impacto desestabilizador sobre el tipo de cambio oficial y el contado con liquidación (CCL).
La cuenta regresiva ya está en marcha, y el BCRA, con poco margen, apuesta a un combo financiero que combine timing, deuda en pesos y control cambiario. En los pasillos oficiales saben que el FMI mira con lupa cada movimiento, y cualquier desviación puede condicionar la negociación futura.



//



