Brasil comenzó a registrar durante 2026 los efectos asociados al fenómeno El Niño, según advirtió el secretario nacional de Defensa Civil, Wolney Wolff, quien señaló que las condiciones climáticas ya se manifiestan desde el sur hasta el norte del país. El funcionario explicó que el calentamiento de las aguas del Atlántico, superior a los dos grados, permite considerar que Brasil atraviesa un episodio de fuerte intensidad, con posibles lluvias abundantes, sequía, incendios y olas de calor.
“Los efectos de El Niño ya se sienten en todo Brasil, de sur a norte del país”, declaró Wolff durante una entrevista con el programa gubernamental Voz de Brasil.
De acuerdo con el funcionario, las regiones del sur y posiblemente del sudeste podrían enfrentar nuevos períodos de precipitaciones intensas. En paralelo, la Amazonia y el nordeste brasileño presentan condiciones que podrían derivar en una marcada reducción de los recursos hídricos.
“Eso quiere decir que vamos a tener lluvias intensas en la región sur de Brasil, posiblemente en la región sudeste, pero tendremos también una sequía y una escasez hídrica muy fuerte en la región amazónica y en la región nordeste, que ya comenzamos a sentir”, señaló.
El escenario previsto también incluye riesgo de incendios en el centro-oeste y episodios de temperaturas elevadas en San Pablo y Río de Janeiro a lo largo del año.
Los primeros impactos ya quedaron expuestos en Río Grande do Sul, donde durante julio se registraron lluvias durante más de diez días. El incremento del caudal de los principales ríos que desembocan en la cuenca del Guaíba provocó inundaciones y daños en distintos municipios. Luego, un ciclón extratropical generó ráfagas superiores a 100 kilómetros por hora.
Frente a la posibilidad de nuevos eventos meteorológicos severos, Defensa Civil pidió a la población mantenerse informada mediante los canales oficiales y adoptar medidas de prevención.
“Es importante que la población, en un primer momento, busque información de los organismos oficiales”, sostuvo Wolff, quien mencionó a las defensas civiles municipales, las alcaldías y los gobiernos estatales y federal.
La situación también genera preocupación por la disponibilidad de agua en la Amazonia. El funcionario recordó la grave sequía registrada entre 2023 y 2024, cuando los niveles de varios de los principales ríos de la región descendieron de manera considerable y afectaron el transporte fluvial y las actividades agrícolas.
“Los grandes ríos, parte de ellos, se secaron, el transporte por navegación quedó muy perjudicado y tuvimos que poner en marcha algunas acciones para ayudar a los estados del norte”, recordó.
Ante la posibilidad de que vuelva a producirse una crisis hídrica, el Gobierno brasileño mantiene equipos desplegados en los estados de la región norte y el centro-oeste. El objetivo es reforzar la preparación y coordinar eventuales respuestas entre municipios, gobiernos estatales y la administración federal.



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