El consumo masivo en Argentina atraviesa una fase crítica que se profundiza mes a mes y que encuentra en febrero de 2026 un nuevo punto de inflexión. Lejos de consolidar el leve repunte que había insinuado durante algunos tramos de 2025, el inicio del año volvió a ubicarlo en niveles comparables a los peores momentos recientes, reflejando con crudeza el impacto de la inflación sostenida, la pérdida del poder adquisitivo y el creciente endeudamiento de los hogares.
De acuerdo con el último relevamiento de la consultora Scentia, las ventas de productos de consumo masivo registraron una caída del 6,3% en términos mensuales, mientras que en la comparación interanual el retroceso fue del 3,4%. El dato no solo confirma la tendencia descendente, sino que además evidencia una aceleración en la contracción del gasto cotidiano.
En ese marco, el primer bimestre del año cerró con una baja acumulada del 2,1%, consolidando un escenario de debilidad persistente que atraviesa a todos los canales de comercialización y que comienza a redefinir los hábitos de compra de los argentinos.
El termómetro del consumo: supermercados en retroceso sostenido
Si hay un canal que refleja con nitidez la crisis del consumo es el de los supermercados, donde la caída resulta particularmente pronunciada. En febrero, las ventas se contrajeron 5,9% respecto al mismo mes de 2025 y 6,3% en comparación con enero, mostrando una dinámica claramente descendente.
Este comportamiento no es aislado. En conjunto con los autoservicios, el sector acumuló en el primer bimestre una baja del 4,3%, evidenciando que el ajuste en el gasto de los hogares se concentra en los espacios tradicionales de compra.
Detrás de estos números se esconde una transformación silenciosa pero profunda: los consumidores compran menos, priorizan productos esenciales y reducen la frecuencia de reposición. Las categorías más afectadas dan cuenta de este fenómeno. Las bebidas sin alcohol encabezan el retroceso con caídas de dos dígitos, seguidas por los productos perecederos, los artículos de desayuno y merienda y los rubros de higiene y cosmética, todos con descensos significativos.
La fotografía es clara: incluso los productos básicos comienzan a resentirse, lo que refleja un nivel de ajuste que ya no distingue entre lo esencial y lo prescindible.

Una caída generalizada que alcanza a todos los canales
El deterioro del consumo no se limita a los supermercados. Por el contrario, se extiende a prácticamente todos los formatos de venta, confirmando que se trata de un fenómeno estructural.
Durante febrero, las farmacias registraron una caída mensual del 9,1%, los autoservicios del 6,4%, los kioscos del 6,2% y los mayoristas del 5,8%. La uniformidad de los descensos muestra que el problema no radica en un canal específico, sino en la capacidad general de compra de la población.
Fuentes del sector coinciden en que la tendencia negativa se arrastra desde hace meses y que, lejos de revertirse, parece profundizarse en el corto plazo.
El e-commerce resiste, pero no alcanza a revertir la tendencia
En este escenario adverso, el comercio electrónico aparece como la única excepción relativa. En febrero, las ventas online crecieron 26,5% interanual, mientras que en el acumulado del primer bimestre el incremento alcanzó el 29,7%.
El impulso proviene principalmente de rubros como alimentos, bebidas, productos de limpieza y artículos vinculados al consumo cotidiano, lo que indica que los consumidores no necesariamente gastan más, sino que modifican la forma en que compran, buscando precios más competitivos, promociones y facilidades de pago.
Sin embargo, incluso este canal mostró una leve caída del 2,6% en la comparación mensual, una señal de alerta que sugiere que el deterioro del poder adquisitivo comienza a impactar también en el universo digital.
Inflación y salarios: la raíz del problema
El trasfondo de la caída del consumo está íntimamente ligado a la evolución de las variables macroeconómicas. La inflación, lejos de desacelerarse de manera contundente, mantiene una tendencia sostenida que erosiona los ingresos reales de la población.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos, los salarios registrados —que incluyen tanto al sector público como privado— sufrieron una pérdida del 7,3% en términos reales entre septiembre de 2025 y enero de 2026.
Esta caída del poder adquisitivo se traduce directamente en una menor capacidad de consumo, obligando a los hogares a recortar gastos, postergar compras y redefinir prioridades.
Empleo y endeudamiento: el otro frente de la crisis
A la pérdida de ingresos se suma un mercado laboral que muestra señales de deterioro. La tasa de desempleo alcanzó el 7,5% en el cuarto trimestre de 2025, en un contexto marcado por la reducción del empleo formal y el crecimiento de modalidades más precarias, como el monotributo.
En paralelo, el nivel de endeudamiento de las familias continúa en ascenso. De acuerdo con el Banco Central de la República Argentina, la morosidad en el sistema bancario trepó al 10,6%, el nivel más alto en más de dos décadas. La situación es aún más delicada en el segmento no bancario, donde la irregularidad supera el 27%, afectando con fuerza a las fintech y al crédito informal.
Este combo —menos ingresos, empleo más inestable y mayor endeudamiento— configura un escenario en el que el consumo pierde margen de recuperación.

Un cambio en los hábitos de consumo
Más allá de los indicadores coyunturales, el contexto actual está generando transformaciones más profundas en el comportamiento de los consumidores. La búsqueda de precios, la comparación constante, la migración hacia canales digitales y la reducción del volumen de compra son señales de una adaptación forzada a un entorno económico restrictivo.
El consumo deja de ser un motor de crecimiento para convertirse en una variable de ajuste, condicionada por la evolución de los ingresos y la estabilidad laboral.
Sin señales claras de recuperación
El panorama del consumo masivo en Argentina se presenta, al menos en el corto plazo, sin señales claras de mejora. La persistencia de la inflación, la debilidad de los salarios y el aumento del endeudamiento configuran un escenario que dificulta cualquier rebote significativo.
Aunque el e-commerce logra sostener cierta dinámica positiva, su crecimiento no alcanza para compensar la caída en los canales tradicionales, donde se concentra la mayor parte del gasto de los hogares.
En definitiva, el consumo sigue siendo uno de los indicadores más sensibles de la economía y, en la actualidad, uno de los más golpeados. Su evolución en los próximos meses dependerá, en gran medida, de la capacidad de recomponer ingresos y estabilizar las variables macroeconómicas que hoy condicionan el día a día de millones de argentinos.
En caída libre: La industria cayó 3,9% en febrero y acumula ocho meses en baja https://t.co/yqWlAtBC27
— Radio Up 95.5 (@radioup955) March 26, 2026



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