El consumo de carne vacuna en Argentina registró en enero de 2026 su marca más baja desde 2005, según datos difundidos por la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados (CICCRA). La baja se produjo en todo el país como consecuencia del aumento sostenido de precios, la pérdida del poder de compra y la sustitución por proteínas más económicas, configurando un escenario inédito en una nación históricamente ligada al asado y la carne bovina.
De acuerdo con los informes sectoriales, el consumo anual per cápita se ubicó en torno a 44 a 48 kilos por habitante, una cifra que consolida la tendencia descendente de los últimos años y marca un piso histórico en más de dos décadas. El retroceso refleja el impacto directo de la inflación en los hogares y la reconfiguración de los hábitos alimentarios.
Precios altos y bolsillos ajustados
El encarecimiento de los cortes tradicionales, sumado a la caída real de los ingresos, empujó a muchas familias a priorizar opciones más accesibles. En ese contexto, el pollo y el cerdo ganaron terreno frente a la carne vacuna, que durante décadas lideró ampliamente el consumo interno.
Especialistas del sector advierten que el fenómeno no responde a una caída en la producción, sino principalmente a una contracción en la demanda doméstica. La menor capacidad de compra explica cómo un alimento emblemático pasó a ocupar un lugar menos frecuente en la dieta cotidiana.

Cambio estructural en la mesa argentina
Por primera vez en la historia reciente, el consumo de pollo superó al de carne vacuna, un dato que confirma la transformación estructural en los patrones de consumo. Aunque Argentina sigue figurando entre los países con mayor ingesta de carne bovina a nivel mundial, el descenso sostenido evidencia un cambio profundo impulsado por la coyuntura económica.
El panorama genera preocupación en la cadena cárnica, que observa con atención la evolución del mercado interno mientras las exportaciones continúan siendo un componente clave para el sector.
La tendencia, de mantenerse, podría consolidar un nuevo escenario en el consumo alimentario argentino, donde el tradicional asado ya no ocupa el mismo lugar central que supo tener durante décadas.



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