En un análisis profundo sobre el vínculo entre educación y trabajo, el filósofo y docente Eduardo Cazenave sostuvo que el sistema educativo actual “responde a una lógica que ya no existe” y advirtió que no está preparando a los estudiantes para el mundo laboral que viene.
Desde el inicio, propuso revisar la concepción cultural del trabajo, al señalar que históricamente fue entendido como una carga. “Hay una idea instalada de que el trabajo es un castigo, algo pesado, cuando en realidad el trabajo es una bendición: dignifica, ordena y complementa al ser humano”, afirmó.
Un modelo educativo “industrial” que ya no funciona
Cazenave explicó que la estructura escolar vigente fue diseñada bajo parámetros del sistema industrial: procesos uniformes, tiempos rígidos y resultados estandarizados. “Es como una línea de producción: todos pasan por lo mismo y se espera el mismo resultado. Pero hay un problema de base: los seres humanos no somos iguales”, subrayó.
En esa línea, cuestionó que el sistema no contemple la diversidad de aprendizajes, forzando a los estudiantes a adaptarse a un esquema único. “Se pretende que todos aprendan igual y al mismo ritmo, cuando en realidad cada chico tiene sus tiempos, intereses y formas de entender el mundo”, agregó.

También puso el foco en el quiebre que se produce en las primeras etapas escolares: “Un chico aprende jugando, pero de repente lo sentamos en fila, en silencio, y lo metemos en una lógica de trabajo cuando debería seguir siendo un espacio de aprendizaje”.
Contenidos vs. habilidades
Otro de los ejes centrales de su crítica fue el enfoque educativo basado en contenidos. Según Cazenave, la escuela sigue priorizando la acumulación de saberes teóricos por sobre el desarrollo de habilidades.
“Se enseña qué tenés que saber, pero no qué tenés que ser, ni qué herramientas necesitás para la vida”, planteó. En ese sentido, remarcó que habilidades como la resolución de problemas, el trabajo en equipo, la creatividad y la tolerancia a la frustración son hoy más importantes que la memorización.
Incluso cuestionó los métodos de evaluación: “Muchas veces se evalúa si el alumno recuerda, no si realmente entendió. Podés repetir algo de memoria y no tener idea de lo que estás diciendo”.
Un futuro laboral incierto
Uno de los puntos más críticos de su análisis fue la incertidumbre sobre el mercado laboral. “Hoy no sabemos cuáles van a ser los trabajos del futuro. No lo sabemos nosotros, no lo sabe nadie”, afirmó.
Frente a ese escenario, consideró que el sistema educativo debería dejar de formar para empleos específicos y enfocarse en desarrollar capacidades adaptativas. “¿De qué van a trabajar los chicos que hoy están en primer grado? No tenemos respuesta. Entonces, lo que hay que enseñar es a pensar, a adaptarse y a aprender constantemente”, explicó.
La deuda con la toma de decisiones
Cazenave también cuestionó la falta de preparación de los jóvenes al momento de elegir una carrera. “El sistema no enseña a decidir. Los chicos pasan años recibiendo contenidos y de repente, al terminar, les dicen: ‘ahora elegí tu futuro y hacelo bien’”, señaló.
En ese sentido, consideró que la presión sobre los adolescentes es excesiva: “Pretendemos que a los 17 o 18 años definan su proyecto de vida, cuando es algo que se construye durante toda la vida”.

Además, criticó el concepto de “carrera” asociado a la competencia: “La palabra misma genera presión. Parece que es una carrera de velocidad, cuando en realidad debería ser una trayectoria, un proceso”.
El rol de la familia y el miedo al error
El docente también hizo hincapié en el rol de los padres dentro del proceso educativo. Si bien destacó la importancia del acompañamiento, advirtió que muchas veces se impide el aprendizaje al evitar el error.
“Si un chico no se equivoca, no aprende. Y hoy hay poca tolerancia a la frustración, tanto en la escuela como en la casa”, afirmó. En ese sentido, criticó prácticas habituales como hacerle la tarea a los hijos: “El resultado puede estar bien, pero el aprendizaje no ocurrió”.
Para Cazenave, el error es una herramienta clave: “La única forma de aprender es equivocándose. Hay que animarse a eso”.
Autonomía escolar y necesidad de cambio
Finalmente, planteó la necesidad de dar mayor autonomía a las escuelas, para que puedan adaptar sus métodos a las realidades locales. “No es lo mismo una escuela rural que una urbana. Cada comunidad tiene necesidades distintas”, sostuvo.

También señaló que el principal obstáculo para transformar el sistema es el miedo: “Sabemos que lo que tenemos no funciona, pero no nos animamos a probar algo distinto por temor a equivocarnos”.
En ese contexto, valoró las experiencias innovadoras, aunque advirtió que no hay soluciones únicas: “Hay que permitir que cada institución experimente y encuentre su camino”.
LEE TAMBIÉN: Casa Rosada: reabre la Sala de Periodistas y vuelven las conferencias de Manuel Adorni



//



