Este fin de semana, en el Autódromo de Posadas, se registró un episodio que generó preocupación entre las organizaciones que velan por la protección de personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA) y la comunidad en general. Según denunció Eduardo Sixto, presidente de la Fundación de Apoyo a Padres de Hijos del Espectro Autista (FAPADHEA), durante la carrera de automovilismo se utilizó pirotecnia sonora de alto impacto de manera repetida, violando la ordenanza municipal 281, que regula la pirotecnia y establece límites para proteger la salud física y neurológica de la población.
“Realmente este fin de semana hemos protagonizado una clara violación a la normativa de la ciudad de Posadas, que tiene que ver con la pirotecnia cero o de bajo impacto sonoro. Esto ocurrió durante toda la mañana y la tarde en el circuito, no fue un simple descuido”, señaló Sixto en una entrevista con Radio Up.

Un evento familiar marcado por el estruendo
Sixto remarcó que los eventos deportivos como las carreras de automovilismo convocan a toda la familia, incluyendo abuelos, padres, tíos y niños. “Cuando uno lleva a su hijo a un campo abierto a disfrutar del deporte y de pronto se generan explosiones fuertes, esto deja de ser divertido y se convierte en un riesgo serio para la salud anímica, psicológica y neurológica de quienes son sensibles al sonido”, explicó.
El presidente de FAPADHEA insistió en que la pirotecnia de alto impacto no solo incomoda, sino que provoca un daño prolongado en personas con TEA, cuyos efectos pueden durar horas. “El daño neurológico no es algo que pase desapercibido. Puede arruinar una jornada familiar entera, generando angustia y estrés que requieren tiempo para autoregularse”, aseguró.
La normativa de pirotecnia cero y sus desafíos
La ordenanza 281 de Posadas establece claramente los límites de decibeles permitidos y prohíbe el uso de pirotecnia sin autorización. Según Sixto, los artefactos detonados durante la carrera superaron los 90 decibeles, un nivel equivalente al ruido de un motor de automóvil en aceleración, y que se percibía a varias cuadras del Autódromo.
“Lo que ocurrió no puede considerarse un descuido. Si los organizadores notificaron que estaba prohibido, deberían haber garantizado el cumplimiento. Las autoridades presentes también tienen la responsabilidad de intervenir”, sostuvo Sixto, quien agregó que este tipo de transgresiones reflejan una permisividad social preocupante, que subestima los riesgos de la pirotecnia de alto impacto.

Impacto en personas con autismo y grupos vulnerables
Sixto recordó que aproximadamente uno de cada 30 niños nace con autismo, y que los ruidos fuertes pueden generarles dolor intenso, estrés y ansiedad. “No es que a estos niños no les guste la pirotecnia; el efecto neurológico es real. Incluso un estruendo breve puede sentirse como un ataque al cerebro. Para autoregularse, pueden necesitar horas, en lugar de disfrutar de un momento familiar”, detalló.
El experto destacó que los efectos no se limitan a personas con TEA, sino que también afectan a bebés, ancianos y personas con problemas de salud auditiva o neurológica, generando un riesgo generalizado que debe ser considerado por organizadores y autoridades.
Conciencia social y responsabilidad de los organizadores
Sixto advirtió que aún existe muy poca conciencia social sobre la peligrosidad de la pirotecnia de alto impacto. “Es como en el pasado con el alcohol: antes se consideraba normal beber y conducir, hasta que se generó conciencia sobre los riesgos. Con la pirotecnia aún falta internalizar que el daño es real y profundo”, señaló.
Además, enfatizó que la pirotecnia puede generar un efecto imitativo entre los niños: “Si los chicos ven explosiones en un evento público, pueden querer replicarlo en casa, ignorando que está prohibido y que es peligroso”.

Alternativas seguras y llamado a la acción
Sixto propuso alternativas que permitan celebrar sin causar daño: “Si alguien quiere gastar en pirotecnia, que lo haga con luces, efectos visuales o pirotecnia silenciosa que no lastime a nadie. Es posible divertirse sin afectar la salud de terceros”.
Asimismo, reclamó que la municipalidad actúe de oficio para investigar lo ocurrido y aplicar las sanciones previstas por la normativa: “No se trata solo de prevenir molestias, sino de garantizar la seguridad y el bienestar de la comunidad”.
El episodio en el Autódromo de Posadas evidencia que, a pesar de los avances en la implementación de la pirotecnia cero, aún persisten violaciones a la normativa y brechas de conciencia social sobre los derechos de las personas más vulnerables. La denuncia de FAPADHEA vuelve a poner en debate la necesidad de respeto, control y educación en torno al uso de pirotecnia, para que la diversión colectiva no se convierta en sufrimiento para algunos.



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